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15/09/2016 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Estrategias

Los mercados y la política

¿Aumentará el crecimiento del PIB en EEUU bajo la presidencia de Trump?

Normalmente, en el largo plazo la política no solía afectar demasiado a los mercados de los países avanzados.

Quitando guerras y revoluciones, hay pocas cosas que impidan el desarrollo habitual de los negocios mientras se mantengan las condiciones fundamentales de la economía de mercado. Es más, el cada día mayor poder de los bancos centrales reduce el margen de actuación de los políticos. Un ejemplo extremo lo hemos visto en Grecia, donde parecía que un partido antisistema iba a imponer sus condiciones al resto de Europa. Y digo parecía porque, a tenor del pánico en el que entraron los mercados, se deduce que la mayoría de los inversores pensaba que sería así. Al final la realidad muerde y el sistema es mucho más poderoso que cualquier político.

Pero habrán observado la excepción que he citado al principio: “guerras y revoluciones”. Afortunadamente en los países avanzados las guerras son algo del pasado. También las revoluciones violentas. Pero todavía podemos asistir a verdaderas revoluciones políticas.

Reina cierta inquietud ante la posibilidad de que Donald Trump gane las elecciones norteamericanas. O más bien que las pierda Hillary Clinton, porque cada día asistimos a una nueva metedura de pata por parte de la candidata demócrata. Curiosamente, quién está más preocupado de que Trump sea el próximo presidente de los Estados Unidos no son los inversores norteamericanos, sino los europeos. Los inversores norteamericanos saben que ninguno de los dos candidatos pretende acabar con el sistema o perjudicar a las empresas Norteamericanas. Y, no lo olvidemos: lo que cotiza en bolsa son las expectativas de resultados empresariales. Es más, como bien dice mi colega Daniel Lacalle, las empresas norteamericanas no dependen del boletín oficial del Estado como las españolas. Así que tampoco es tan importante quien gobierna. De hecho, es mucho más importante quien gobierna la Reserva Federal.

El caso es que, mientras los europeos se preocupan por las elecciones norteamericanas, no se fijan en las europeas, y, más concretamente, en las alemanas. Eso es como mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el ojo propio.

Respeto profundamente los motivos que pudieron llevar a la señora Merkel a dejar entrar en su país a más de un millón de refugiados si ha sido una decisión basada en motivos humanitarios. Hay que ser muy valiente para firmar tu acta de defunción política por solidaridad y por humanidad. Pero si la decisión fue política, entonces no sé en que estaría pensando. Cualquiera que conozca Alemania sabe que la gran mayoría no ve con buenos ojos la entrada masiva de extranjeros. Y menos de países no europeos. Habría que preguntarse donde estaba la señora Merkel durante el difícil proceso de adaptación de las familias turcas a la realidad alemana en los años 70 y 80. Y eran turcos, no sirios.

Sea cual sea el motivo, las consecuencias van a ser importantes no sólo para Alemania sino para toda Europa. La decisión de Merkel hará que el próximo parlamento alemán tenga una composición muy diferente a la actual. El peso del naciente partido de corte nacionalista y anti inmigración será considerable, gracias al rechazo a la entrada masiva de refugiados y sus consecuencias. Así, el poder de Ángela Merkel será mucho menor. Y esto no afecta sólo a la inmigración. Que la balanza del parlamento alemán se escore hacia la derecha y que una canciller alemana claramente europeísta pierda poder tiene importantes implicaciones económicas para Europa.

Para empezar, cada vez serán más duras las negociaciones con Grecia. Y va a haber que seguir negociando. Las negociaciones anteriores han consistido en darle una patada a la lata hacia delante, así que volveremos a tropezar con ella. Pero ahí no acaba la cosa. Mientras Alemania se escora hacia la derecha, en países como España crecen los partidos antisistema de izquierdas que lo que pretenden es “liberarse” de la austeridad alemana y, para evitar el “sorpasso”, la izquierda tradicional se apunta al carro. En otras palabras: cada vez será mayor el abismo político y económico entre una Europa rica que defiende la austeridad y una Europa menos rica que defiende el aumento de gasto público para salir de la crisis (o como forma de ganar votos / sillones)

Tener la misma divisa no es un problema cuando se va en la misma dirección. El estado de Ohio es mucho más pobre que el de California, pero no hay grandes diferencias en la visión estratégica de la política económica entre los estados de la Unión. Cierto, ellos tienen a Trump, pero está mucho más lejos en materia de política económica el señor Iglesias de la señora Merkel que el señor Trump de la señora Clinton. Y lo mismo en términos políticos: los candidatos norteamericanos no se plantean la existencia de su país, mientras que cada vez es mayor el número de personas que, a ambos lados del espectro político, se replantean la idea de una Europa unida. Los ingleses se lo han tomado tan en serio que se han ido.

No es mi intención ser agorero. Todas las grandes gestas políticas han sufrido reveses. Construir una Europa unida es una de las más difíciles y, por ello, de las más admirables. Y creo que se conseguirá. Euro incluido. Pero brexit sólo ha sido el primero de una serie de reveses políticos a los que vamos a asistir hasta que se estabilice el rumbo. La baja calidad de la clase política europea amplificará los que están por venir. Probablemente el final sea feliz, pero el proceso no va a ser fácil.

Para los inversores la conclusión es clara: a largo plazo es posible que sobreviva el euro y que algún día las bolsas coticen —al alza— la grandeza económica del proyecto europeo, pero viviremos nuevas e importantes correcciones por motivos políticos. Evitar sobre exponerse a los eventos políticos, aprovechar los baches para comprar barato, cubrir la divisa cuando vaya a ser puesta en duda su existencia y ser conscientes de que en Europa el riesgo político es una realidad, son algunas de las cosas qué hay que tener siempre en mente.

Más vale que miremos en nuestro ojo que en el de los norteamericanos. Ojalá nuestro mayor problema fuera tener de candidato a un tipo como Trump. Puede no gustarnos, pero al menos su programa no habla de desmontar el sistema capitalista o de romper la Unión. Aquí cada vez se habla más de ello y hemos perdido un socio muy importante. Los políticos europeos no parecen haber recibido el mensaje. Nosotros, los inversores, no solo tenemos que recibirlo: tenemos que valorarlo en su justa medida.

Víctor Alvargonzález
Director de Estrategia

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