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La crisis turca. Impacto limitado en España. Amplio en Europa

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La crisis turca. Impacto limitado en España. Amplio en Europa

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Los países se acostumbran a un flujo desproporcionado de dólares baratos y aumentan sus desequilibrios monetarios y fiscales pensando que durará siempre

La crisis turca no debería haber sorprendido a nadie, pero, como la de Argentina, parece que ha sido así. Ya hablé en mi libro “La Gran Trampa” (Deusto) del riesgo de parada en seco. Esta crisis en Turquía se temía desde la llegada al poder de Erdogan y no tiene nada que ver con los aranceles de EE.UU. Es una crisis autoinfligida.

Los países se acostumbran a un flujo desproporcionado de dólares baratos y aumentan sus desequilibrios monetarios y fiscales pensando que durará siempre. 2017 fue un año “trampa”, como el dólar se depreciaba a pesar de la normalización de la política monetaria, los mercados emergentes aumentaron su endeudamiento en dólares en la cifra más alta de la década.

Según cifras de la IIF, los mercados emergentes acumulan más de 1,8 billones de dólares en vencimientos de bonos en moneda norteamericana, y solo entre 2018 y 2024 vencen más de 250.000 millones.

Esos enormes vencimientos se suman a un deterioro en la capacidad de repago que el BIS y Standard and Poor’s han resaltado en varias ocasiones.

Turquía no es un caso aislado. Lleva años con una política monetaria desbocada. El gobierno de Erdogan ha eliminado la independencia del banco central y la masa monetaria se ha más que triplicado en siete años, con un gobierno que ha regado de subvenciones y pagas a distintos sectores (pensionistas, agricultura, turismo…) en liras impresas sin control, mientras las reservas de moneda extranjera se desplomaban ante la pérdida de confianza, debilidad de las instituciones y caída del turismo.

Erdogan hizo exactamente lo que aplauden los populistas monetaristas. Imprimir dinero para el pueblo como si no pasase nada.

Por supuesto, la devaluación de la lira turca, como la del peso argentino o el real brasileño, no son novedades, venían generándose desde hace tiempo, antes de que subieran los tipos en la Reserva Federal. Pero esos países se entregaron a aumentar los desequilibrios monetarios y financieros ante el canto de sirena de que esta vez iba a ser diferente y que la Reserva Federal no iba a fortalecer el dólar.

Aumento de desequilibrios ignorando el riesgo, pérdida de reservas y políticos imprudentes. Combinación letal.

¿Quién sufre más de la crisis turca?

Debemos ser conscientes de cuál es el escenario más peligroso para analizar sensibilidades.

El mayor riesgo en Turquía es que el gobierno “aproveche” esta crisis para implementar controles de capitales y hacer un corralito con la excusa de la guerra económica. La única guerra económica es la de Erdogan contra sus ciudadanos.

Un escenario de control de capitales afectaría especialmente a España, que acumula más de 82.000 millones de euros en deuda turca. Le sigue Francia, con 38.000 millones y, de lejos, Alemania, con 17.000 millones, según el BIS en su informe del primer trimestre de 2018.

Los bancos más expuestos a la crisis turca son el BBVA, con un 15% de su beneficio y una cartera de casi 9.000 millones en bonos, pero también Unicredit y BNP, por ejemplo.

Pero el riesgo turco es mayor que solo la exposición de los bancos o bonos. Es cierto que esa parte está relativamente contenida, aunque pueda suponer mayores caídas bursátiles ante un corralito o una quiebra. El mayor riesgo para Europa es el efecto contagio y la dependencia de Turquía para factores clave como la seguridad y la inmigración.

Si analizamos el riesgo de Turquía en su totalidad, es más de cuatro veces superior al de Grecia, y los mecanismos de control del mismo son mucho menores porque el régimen de Erdogan no solo mantiene un control férreo de las instituciones, sino que usa al banco central políticamente. Una solución “de rescate” solo prolongaría la agonía. Debemos ser muy cautelosos porque ya hemos visto como el acuerdo del FMI con Argentina ni paraba el desplome del peso ni solucionaba los problemas estructurales.

Para la eurozona el riesgo de Turquía es relevante en crecimiento, en posible efecto contagio por la exposición financiera, y en debilidades estratégicas. España no tiene un gran impacto, incluso en un banco como el BBVA que, como mucho, sufrirá por riesgo bursátil y valor patrimonial —su participación en Garanti vale un 45% menos en bolsa que en libros—, pero no pone en peligro su solvencia ni liquidez como entidad global.

Los países más expuestos comercialmente a Turquía son China, Rusia, Alemania —muy poco—, un superávit de 6.800 millones de euros en comercio, Corea del Sur, India e Irán. Es probable que sufran en sus pagos.

Nos enfrentamos, pues, a un riesgo relativamente contenido en crecimiento, pero importante en valoraciones de activos de riesgo. La crisis turca y la argentina han sido ignoradas por un mercado muy complaciente que sigue pensando que, ante una corrección, hay que redoblar la apuesta. El riesgo de los países emergentes es el de la cigarra del cuento. El proceso de solución de crisis creadas por acumular políticas imprudentes durante años no se soluciona en días. Y llega el invierno.


Daniel Lacalle
Economista Jefe

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