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11/10/2014 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

El talento importa… y mucho

¿Piensan ustedes que Don Isidoro Álvarez (q.e.p.d) fue importante para que El Corte Inglés haya llegado dónde ha llegado? Cuando yo era pequeño, era tan o más importante Galerías Preciados (fruto de otro hombre de talento, José “Pepín” Fernández) que El Corte Inglés. Y ya ven qué pasó con Galerías sin “Pepín” Fernández y a dónde llegó El Corte Ingles con Isidoro Álvarez. ¿Y Apple sin Steve Jobs? Si yo fuera accionista de Apple y siguiera ahí Steve Jobs, no estaría ni medianamente preocupado por lo que hiciera Samsung, por ejemplo. El talento de Steve Jobs siempre iría por delante. Pues ahora en Apple están preocupados. Y con razón. Tampoco dudaron en llamarle cuando pintaron bastos, pese a su ego, manías o lo que fuera. Los accionistas a veces pierden de vista que lo son de un negocio, que es una cuestión profesional, que su misión no es sentir envidia o sentirse acomplejados frente a los ‘curritos’ del negocio, sino apoyar a los profesionales. En fin, esa es otra historia. Todas estas personas, dotadas de un enorme talento para lo suyo, han sido muy importantes para que sus negocios o equipos alcanzaran, no ya buenos resultados, sino la excelencia empresarial.

Muchos inversores se preguntan si es importante que el señor Paramés haya dejado Bestinver. O que el señor Gross –y previamente el señor El Erian– haya abandonado Pimco. ¿Mi opinión? Sí, sí que lo es.

Esto no significa que estos fondos, sus entidades gestoras u otros fondos de la casa –en el caso de Pimco, que está más diversificada- no vayan a seguir funcionando. Algunos incluso tendrán la suerte de que al genio le siga otro genio. Y que encima sea su sobrino, como en el caso del binomio Areces/Álvarez. Pero, seamos realistas: la excelencia, el talento que va más allá de lo bueno y alcanza lo excelente, no suele heredarse. Y todavía más difícil es sustituirlo.

En el caso de los fondos de inversión, es incluso más complicado, porque son talentos ‘nicho’. Llevo casi 20 años en el negocio de seleccionar los mejores fondos del mercado para nuestros clientes. Bueno, para ser justos llevo 18, porque hace dos años que me dedico más a la estrategia de inversión -la selección de activos, sectores y países-, que a la selección de fondos, entre otras cosas porque en esta casa hay un excelente fund picker -Javier Monjardín- y un gran equipo de análisis y selección de fondos  -Amilcar, Pablo, Jorge,.. ¡personas, señores, personas!- que no necesitan que yo les dé muchos consejos. Y a mí cada día me gusta más la estrategia. Pero esa es otra historia.

Un gestor de un fondo de renta variable puede tener tres o cuatro años buenos por suerte, casualidad o porque el viento sopla a favor del tipo de activo que gestiona. Pero nadie bate a un índice durante más de 10 años por casualidad

Al tema. Casi desde que inicié mi carrera como selector de fondos, dejé de lado como método de selección la rentabilidad pasada. Es como conducir mirando sólo el espejo retrovisor. Y más siendo la economía cíclica (lo que sube mucho durante mucho tiempo tiene altas probabilidades de hacer lo contrario en años posteriores). El pasado es una información muy útil como ‘test de stress. Es un excelente indicador de cómo lo hace un gestor en un determinado escenario de mercado. En otras palabras: sabemos que Fernando Alonso es bueno conduciendo en terreno mojado porque tiene un buen historial de victorias cuando empieza a llover en el circuito. Pero es más importante saber si va a llover. Para poner los neumáticos adecuados. O para apostar por Alonso en una casa de apuestas.

La rentabilidad pasada también es un dato muy importante si se mira a largo plazo. Un gestor de un fondo de renta variable puede tener tres o cuatro años buenos por suerte, casualidad o porque el viento sopla a favor del tipo de activo que gestiona. Pero nadie bate a un índice durante más de 10 años por casualidad. El señor Paramés -a quién no tengo el placer de conocer personalmente y, por lo tanto, no tengo interés alguno en hablar bien o mal de él- lo hizo (no todos los años, pero si hacemos el cómputo global, gana por goleada).

Pero hizo algo más. Algo incluso más complicado. Yo creo que es el único caso en España en el cual sus clientes han visto caer el fondo a plomo y han aguantado el tipo mientras que ese dinero en renta fija habría dado más a corto plazo, y no se iban de la gestora ni echándoles agua hirviendo. Aclaremos que un gestor value, como podríamos definir más o menos a Paramés, en las caídas compra, nunca vende. Y suelen mantener sus posiciones contra viento y marea hasta que piensan que ya han alcanzado todo su potencial.

Esto en un país donde la mayoría de la gente mide la rentabilidad a, como máximo, un año vista. Mantener a los clientes en circunstancias tan difíciles no es un logro: es un milagro. Este señor, que además en cierto modo fue competidor mío -salvando las distancias, pues él tenía de accionista principal a un gran grupo empresarial y, además, gestionaba parte de su patrimonio desde el inicio del fondo, pero éramos ‘cuidadores’ de dinero de terceros en ambos casos–, supo hacer algo que es lo máximo en este sector y que hace que alguien aguante una fuerte pérdida anual o quedarse corto en un año alcista: generaba confianza.

Insisto: no es mi amigo y, de hecho, a la hora de captar clientes era un auténtico ‘grano en el trasero’, si me permiten la expresión, porque mientras bancos y cajas eran nuestros mejores comerciales a base de cargarse la confianza de sus clientes con su falta de objetividad, falta de independencia y su giro de banco a máquina de vending, Bestinver era inexpugnable. Y cuando hablo de competir, me refiero a que, si bien como asesor independiente yo podía recomendar –y recomendaba- su fondo estrella, ciertamente había momentos en los que veías que ese no iba a ser su año y había alternativas mejores. Y como además nos gustaban los retos, ‘descubrimos’ un gestor muy similar, pero que tenía la ventaja de que no estaba tan invertido en pequeñas compañías (menos liquidas) y aconsejábamos diversificar entre Bestinver Bolsa y aquel fondo (y no ha sido un mal consejo).

Resumiendo: no puedo opinar sobre lo que ha pasado en esa casa porque no lo sé, y mucho menos realizar juicios de valor, porque cada día juzgo menos a nadie, y menos sin saber. Pero una cosa sí puedo decirles: el gestor excelente, del tipo que sea –corto placista, largo placista, de ‘valor’, de ‘crecimiento’, etc., es un artista que nace, no se hace. La gestión, igual que la estrategia de inversión, es un arte. Suena grandilocuente, pero es cierto. He conocido a cientos de gestores –y estrategas- en mi etapa de selector de fondos y he llegado a esa conclusión.

Los mercados son muy complicados, hay que tener intuición, amplitud de miras, conocer las reglas, los tiempos, la psicología de los inversores o, como es el caso del señor Paramés, tener un don natural para analizar un balance o una actividad empresarial. No le conocí personalmente, pero había visto su foto, le había visto por la calle –teníamos las oficinas en la misma calle y a escasos metros, curiosamente-  y tengo un recuerdo muy llamativo. Iba yo en el tren de cercanías camino de mi trabajo, pues vivía en las afueras, y le vi un par de asientos más allá. No leía El País, ni El Mundo ni Marca. ¿Saben qué iba leyendo? Memorias de compañías (balances, auditorias, etc.) Sobran los comentarios.

Gross y El Erian añadieron a la excelencia gestora la comercial. Se dieron cuenta de que en esta época el camino comercial era utilizar su prestigio y capacidad de comunicación en los medios como forma de promocionar Pimco

¿Y qué decir del señor Bill Gross? Vamos a empezar por ser justos y hablar del binomio Gross&El-Erian, pues en aquel caso la excelencia era no sólo profesional, sino comercial. Eran una especie de Jagger y Richards (núcleo de los Rolling Stones), que, llegado un momento, se llevaban fatal –ahora parece que la edad les ha reconciliado-, pero tuvieron la inteligencia de dejar sus egos aparte y colaborar, complementarse, hacer cada uno su papel y superarlo todo para hacer maravillosos discos y espectáculos en directo. Gross y El Erian añadieron a la excelencia gestora la comercial. Se dieron cuenta de que en esta época el camino comercial era utilizar su prestigio y capacidad de comunicación en los medios como forma de promocionar Pimco. Siempre que se hablaba de Gross y El Erian se hablaba de Pimco. Y viceversa. Un auténtico win-win, como dicen los norteamericanos. Y como este es el mundo del dinero, ellos pensaron que si alguien quiere hacer marca tiene que crear confianza, admiración y respeto, y que personas de prestigio que han creado confianza y generado respeto profesional ayudan a crear confianza en la marca, algo tan importante en el mundo del dinero.

Salvando las distancias, cuando yo empecé a ir a medios de comunicación era como si la competencia te dejara libre la banda hasta la misma portería. No iba nadie. ¿Y saben por qué? Porque estaba ‘mal visto’ que alguien de banca privada o que gestionara patrimonios apareciera en televisión o, peor todavía, saliera en la radio. Ni que decir tiene que unos años después había bofetadas por salir y había entidades no ya que te imitaran, sino que ofrecían dinero a los medios por quitarme de en medio y ponerse ellos. Como se lo cuento. Literal. Vamos, que siguiera adelante el consultorio o lo que fuera, pero hacerlo ellos. Gross cautivó al inversor norteamericano, al rico y al menos rico. El-Erian a las grandes fortunas de Oriente Medio. Salían constantemente en el Wall Street Journal, en Bloomberg, en la CNBC… Cada uno tenía su público. Así Pimco no se perdía nada.

No sé cuánto dinero acabará saliendo de la casa que han dejado, primero El Erian y luego Gross, pero les aseguro que el resultado neto de su aportación como gestores y visión comercial habrá sido positivo para los accionistas. Aquí no sólo hablamos de gente muy buena gestionando o seleccionando activos –que lo son–, sino que encima tenían talento comercial. Con sus nombres lanzaron marcas que seguirán con nosotros muchos años y dejarán historiales de rentabilidad que dentro de un par de años sus comerciales seguirán utilizando.

Conclusiones para los inversores

Sin entrar en si la razón estaba del lado de los accionistas o de los gestores estrella, el cliente debe tener muy en cuenta que el talento importa. Y mucho. Y que donde importa de verdad es a medio y largo plazo. No creo que a corto se note la marcha de estos gestores en los resultados, pero ya veremos dentro de dos, tres, cinco o diez años. O cuando pinten bastos.

Probablemente tenían altísimos sueldos. Pero ¿le ha salido caro Cristiano Ronaldo al Madrid? ¿O Guardiola al Barcelona? Vistos los resultados, yo creo que no. Lo bueno se paga. Pero es rentable. Como con los zapatos: a largo plazo lo bueno sale barato. Tengo unos zapatos ingleses que tienen la friolera de 15 años. Y no crean que los he mimado. Pero ahí siguen. Pues en gestión, cambien barato por rentable y entenderán a qué me refiero.

Mucha gente me pregunta por fondos para sustituir a Bestinver y a Pimco. Cuando me he planteado la cuestión –nada más hacerse públicas ambas salidas-, lo que he pensado para sustituirlos es en personas o en entidades bien dirigidas. No en el nombre del fondo. Personas o entidades que hayan sido capaces de hacer cosas parecidas. Personas o equipos que han sabido ganarse su sueldo ganando más que sus índices de referencia, o ganando lo mismo, pero asumiendo menos riesgo (volatilidad) o incluso ambas cosas.

No puedo decirles quiénes son esas entidades o personas. Imagínense –en el caso de los gestores- qué pensarían los clientes de esta casa si diera aquí gratuitamente una información que requiere un análisis muy detallado, que no es fácil y que pagan los clientes de esta casa. Pero puedo darles los consejos anteriores, que no son poco, e insistir en que la gestión, sea de un negocio o de un fondo de inversión, no es la misma con unas personas que con otras.

Puede que estas entidades sustituyan a su equivalente a Areces por su Álvarez. O puede que no. Pero tengan muy claro que ganar dinero de forma consistente en los mercados financieros es un arte. ¿Que exagero? Díganme, ¿cuántos gestores baten consistentemente a los índices? A veces son tan difíciles de encontrar que es mejor limitarse a la direccionalidad (subirse a una tendencia con un gestor que sepamos que al menos lo va a hacer igual o ligeramente mejor que el índice, o que al menos sabe reducir la volatilidad). Ser un buen selector de fondos es casi más difícil todavía que gestionar un fondo.

Cuando a mí me preguntaban cómo era mi trabajo –en aquella época lo de selector de fondos sonaba “raro, raro”-, yo decía que yo no seleccionaba fondos: seleccionaba personas, personas con talento para gestionar un tipo de activo, sector o país, y sobre todo, personas que habían nacido para ello, que les gustaba su trabajo. Y que el mío se parecía más al del ‘ojeador’ de futbol o al de cazatalentos empresarial que al de un analista financiero. Buscaba a alguien especialmente dotado para su función, que en este sector tanto vale el que sabe batir de forma consistente a los activos sin riesgo con una volatilidad no muy superior (llamémoslo un buen defensa en términos futbolísticos) que el que sabe batir a los índices bursátiles (un buen delantero). O un buen centrocampista a lo Guti en su buena época o Puyol, que es un excelente central (el equivalente en gestión de activos al estratega financiero de la casa).

¿No idolatramos en España a un buen chef? (a veces en exceso, en mi modesta opinión). Pues valoremos no sólo el talento culinario, sino también el de la gestión de activos. Ese maravilloso cordero calentado a no sé qué grados durante dos días y maravillosamente condimentado no lo hace una máquina. Ni el accionista principal del restaurante. Lo hace una persona con talento. Pues si va a confiar a alguien su dinero, téngalo muy en cuenta. Como un buen selector de fondos británico que conocí en un congreso que decía –y tomé buena nota– que lo primero que hacía, antes de entrar en números, proyecciones, ideas de futuras inversiones, etc., era mirar al gestor, escucharle, analizar su lenguaje corporal mientras se explicaba y luego se preguntaba: ¿le dejaría yo mi propio dinero a este señor para que lo gestionara? Y basaba su respuesta en puro feeling: simplemente imaginaba cómo se sentiría dándole en ese momento un cheque con una gran parte de sus ahorros a esa persona. Era la prueba del algodón. Y si no se sentía a gusto con la idea de darle el cheque, no seguía escuchando. Otro artista aquel selector.

¡¡Buen fin de semana!!

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