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05/05/2014 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

¿Y yo qué hago con mis ahorros?

Desde hace tiempo mantengo que, en el escenario actual, quien necesita más asesoramiento no son los inversores amantes del riesgo, sino los rentistas y los ahorradores. Con bolsas claramente alcistas, aunque obviamente se puede ganar mucho más con un buen asesoramiento –vean, por ejemplo, la diferencia entre haber invertido en emergentes o en mercados avanzados-, en el caso de los inversores más conservadores, los ahorradores, no hablamos de jugar con ventaja: hablamos de pura y dura necesidad de asesoramiento e información, con independencia de cuál sea su nivel patrimonial.

Es sencillo de entender. Normalmente, el ahorrador español tiene su dinero en tres tipos de activos: primero, en ladrillo. En inmuebles que mantiene en alquiler o trata de vender con plusvalía. Luego vienen los depósitos a plazo y, el resto, en lo que hayan conseguido colocarle en el banco, básicamente productos estructurados, fondos garantizados y acciones del propio banco (esperemos que haya tenido suerte y no sean preferentes)

El caso es que, tal y como comentaba en julio del año pasado en “Ni a los rentistas dejan ya tranquilos”, hace tiempo que hemos entrado en un entorno desinflacionista, es decir, un escenario en el que el IPC es cada vez más bajo en lugar de estable o alcista. Además, también hace dos años y pico que advierto que la situación económica puede llegar a ser directamente deflacionista, es decir, que el IPC sea negativo durante un cierto período de tiempo (ver “La japonetización de la economía occidental”). Y me temo que cada día que pasa estoy más cerca de acertar. Un escenario así, tanto desinflacionista como directamente deflacionista, significa, hablando en plata, que:

a) Bajan los alquileres. Me alegro mucho, de verdad, por la gente joven –y por los padres que todavía tienen hijos de treinta años en casa-, pero yo asesoro a ahorradores e inversores. Y a los que viven de rentas inmobiliarias, la bajada de los alquileres no les viene nada bien.

b) Muchos contratos de arrendamiento se negociarán automáticamente a la baja porque a poca gente se le pasó por la cabeza hace años que en España el IPC podría ser negativo, y la renta actualizada en base a un IPC anual negativo lo que hace es bajar, no subir. Y, en el mejor de los casos, subirá muy poco, porque, podría equivocarme y es posible que no entremos en deflación, o que sea corta (es lo más probable), pero en lo que sin duda entramos es en un largo periodo de baja inflación. Así que por el lado de los alquileres: “Madrecita, que me quede como estoy”.

c) Para el que se planteaba vivir de comprar pisos y luego darles el pase, el caso es peor. Salvo que lo que tenga sea de muy buena calidad –ese mercado es interesante y ya se está moviendo-, el resto, mientras la mayor inmobiliaria del país se llame banco malo y tenga puesto el cartel de “vendo de todo y muy barato”, la ley de la oferta y la demanda me dice que lo de vivir del pase va a ser complicado. Por cierto: nunca viva del Monopoly si es un ahorrador. Es una actividad de alto riesgo, como el tiempo ha demostrado.

d)  Por el lado de los depósitos, sobran las palabras. Ya dije que eran “pan para hoy y hambre para mañana”. Quien me haya hecho caso     puede dejar de leer este artículo: tendrá sus ahorros en bonos con liquidez y buena calidad crediticia, y eso incluye, en mi opinión, los bonos del Estado español desde el 5 de enero de 2013 en que escribí “Me apuesto una cena a que…”. Con cupones anuales entre el 4% y el 6% (también hay perfiles de inversión distintos entre los ahorradores) y posteriormente en “Un 5% relativamente seguro”.

e) Muchos ahorradores también tendrán lo que les colocó el director del banco cuando se tomaron ese café que les va a salir carísimo en lo que a coste de oportunidad se refiere, porque en ese producto garantizado no perderá dinero, cierto, pero es probable que gane muy poco. Y encima el dinero está inmovilizado por las condiciones de salida.

Así que si usted se encuentra entre las decenas de miles de ahorradores españoles que pueden verse en una de estas situaciones –o en todas ellas-, ahí van algunos consejos que yo le daría si se dispusiera a entrar en el banco u otra entidad financiera con la sana intención de tratar de obtener una rentabilidad razonable sin perder el dinero –ni el sueño- en el intento. Obviamente para dotarle de ese kit de supervivencia que me gustaría darle haría falta más espacio, pero, a día de hoy, este es el que tenemos, así que vamos a tratar de centrarnos en lo fundamental.

Cambie el chip. Los bancos hace tiempo que lo cambiaron.

Los bancos “ya no son lo que eran”. Ahora son máquinas de vending. No los critico. Están en su derecho de desarrollar su negocio como les plazca, mientras respeten la ley y mantengan cierto nivel de ética. Pero usted entra en un sitio donde van a tratar de colocarle lo que sea y “como sea”, dos palabras, estas últimas, que traen funestos recuerdos, por cierto.

Consejo

No entre en “modo pánico”. Si usted parte de la base de que no van a aconsejarle sino a venderle, automáticamente su cerebro se pondrá en situación de comprador ante vendedor y no de “ahorrador ante su asesor de confianza”. El cambio de chip le llevará a hacer las preguntas que usted le haría al vendedor de una empresa de coches usados. No tengo espacio para todas, pero hay algunas fundamentales para el caso que nos ocupa: ¿puedo disponer de mi dinero? ¿Cómo? ¿Me lo puede poner por escrito? ¿Hay penalizaciones? ¿Qué riesgo asumo? ¿Me pone también por escrito eso de que el riesgo de este producto es bajo? No hay nada malo ni en preguntar educadamente ni en que un banco penalice que Ud. rescinda unilateralmente un acuerdo, pues eso es lo que hace si liquida, por ejemplo, un fondo garantizado, pero todo tiene que ser transparente, deben informarle antes de contratarlo y no debe aceptar condiciones abusivas. Y le aseguro que para ahorrar o invertir de forma conservadora no es necesario perder la disponibilidad de su dinero (liquidez). Y que quede claro: no se trata de no trabajar con bancos. Se trata de utilizarlos a su favor –como la fuerza del contrario en las artes marciales– y salir razonablemente contento de su compra, como cuando sale de cualquier otro comercio.

Nadie da duros a peseta

Ese es el refrán en su versión clásica. Ahora supongo que sería “nadie da euros a céntimo” o algo así. Pero lo importante es que, por ejemplo, cuando se colocaron las tristemente famosas acciones preferentes, los depósitos daban un 3% -que ya era mucho y se debía a la guerra del pasivo–, las preferentes ofrecían un cupón/dividendo mucho mayor. Y no sólo es cosa de cajas de ahorros. Había una empresa por ahí que ahora anda por allá –en los juzgados– que ofrecía casi el triple que un depósito normal. La de veces que habré dado este consejo a quienes me preguntaban por ella… O por los sellos.

Consejo

Todo lo que supere en más de un 1% lo que da un banco solvente por un depósito a plazo fijo implica algún riesgo. A más rentabilidad extra sobre la remuneración del depósito, más riesgo. Y no hay nada malo en asumir algo de riesgo. Sólo se trata de que usted sea perfectamente consciente del riesgo que asume. Y del tipo de riesgo, que no tiene por qué ser financiero. Puede ser el de atarse al banco de por vida. O por cinco años. De hecho, la banca seria no busca hacerle perder dinero: busca generar comisiones y, a ser posible, convertirle en lo que internamente llaman “cliente cautivo”, pues, a la larga, para las entidades financieras nada como un cliente que genere comisiones y que tenga difícil escaparse a otra entidad.

Si no lo entiende, no lo compre

Este es el consejo más difícil de seguir. Tendemos a seguir viendo al banco como un asesor, no como el vendedor que es. De hecho, la persona que le atiende en el banco, el que está de cara al público puede -y suele- ser una excelente persona. Es más: me consta que la mayoría de los empleados de banca sólo quieren asesorar correctamente a sus clientes y que gane tanto el banco como el cliente. El problema es que donde hay capitán no manda marinero: quien marca los objetivos de venta es la dirección. Y lo que le interesa vender en cada momento al banco no tiene por qué coincidir con lo que le interesa comprar a usted. En derecho se llama “conflicto de intereses” y el cambio de chip que han realizado los bancos en los últimos años tiene como efecto secundario que ese conflicto cada vez es mayor.

Consejo

La píldora envenenada siempre está en la letra pequeña. No le digo que se la lea, ya sé que es imposible, pero pida que se la cuenten. Si la explicación es razonable –y usted ya hace el tipo de preguntas que indiqué antes- no vamos mal. Si le suena a juego de trileros, o a Groucho Marx explicando un contrato (“La parte contratante de la tercera parte contratante …”) o simplemente no entiende nada, piénselo dos veces. Como con la liquidez: un producto de ahorro no tiene porque ser complicado. Especialmente de ahorro. Si habláramos de invertir en China..Pero el ahorro son habas contadas.

Y, finalmente, lo más importante: no se preocupe. El mejor escenario para un ahorrador bien asesorado es el de desinflación y el de deflación. Fíjense en quién siguió el consejo de “Me apuesto una cena a que ..” o “Cómo ganar un 5% relativamente seguro”. Sólo comprando deuda pública española están cobrando cupones muy superiores a cualquier depósito, por todo el tiempo que quieran y con liquidez asegurada. No era yo quien se habría atrevido a invertir en bonos del Estado español en época del trío Zapatero-Solbes-Mafo. De hecho, los artículos mencionados son de cuando el gobierno ya había cambiado y se veía que la política del nuevo era que todos los problemas se arreglan subiendo impuestos a los ciudadanos, especialmente el problema de la deuda.

La comunidad inversora ya sabía por lo tanto que España pagaba -aunque como consecuencia de tan acertada política España no consuma, uno de los motivos por los que bajan los precios-, pero para un inversor conservador arreglarse el futuro fue tan fácil como comprar uno o varios bonos o fondos de inversión que invirtieran en ellos –mejor tratamiento fiscal– y listo. Hala, a ver cómo baja la remuneración de los depósitos mientras tú tienes un bono del Estado o de una empresa solvente que te paga el 5% o más. Ahorrador feliz gracias a la desinflación. Y más feliz si entramos en deflación: sus rentas se mantienen, pero el coste de la vida cada día es más bajo.

Como colofón, le sugiero que lea los artículos que mencioné antes, pero muy especialmente uno que no he mencionado que se llama “Teoria de la relatividad (financiera)”, complemento fundamental de este artículo y que trata un tema tan o más importante que cualquiera de los incluidos en esta “guía de urgencia” para ahorradores preocupados con el cariz que están tomando los acontecimientos. Y no se le ocurra decir que para tanto lío meto el dinero debajo del colchón y listo. No es necesario ni es una buena idea, se lo aseguro. Usted no deja de viajar al Caribe porque tenga que llevar o hacer cosas que no hace normalmente. Incluye en la maleta un producto antimosquitos, no olvida la protección solar, hace un visado si es necesario, cambia moneda y no sale a pasear como si estuviera en el paseo marítimo de Alicante, sino que antes pregunta que zonas son seguras.

Igual que no va a dejar de disfrutar del Caribe y para ello basta tener en cuenta unas cuantas cosas, exactamente lo mismo ocurre con sus ahorros: no deje de obtener una rentabilidad razonable y de bajo riesgo por tener que tener en cuenta una serie de cuestiones que, con el tiempo, manejará con habilidad y naturalidad. Y pierda el miedo a preguntar y a que le expliquen las cosas. Un jefe que tuve, que es la persona más lista que he conocido en mi vida, se hacía el tonto al preguntar, con la sana intención de que su interlocutor bajara las defensas y eso le diera una ventaja mientras el infortunado se relajaba pensando que mi jefe no se enteraba de nada. Y vaya si se enteraba.

¡Buen fin de semana!

PD.: Muchas gracias en mi nombre y en el de Tressis a todos los asistentes al encuentro sobre estrategia de inversión que hicimos en Barcelona. Por petar la sala, como dirían mis hijos, por lo activos –y acertados- que estuvieron en el turno de preguntas y, sobre todo, por venir a vernos y por las muchas muestras de simpatía que me mostraron de forma personal. Gracias.

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