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La magia del interés compuesto

La magia del interés compuesto

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Históricamente, la inversión a largo plazo reinvirtiendo los dividendos siempre ha dado sus frutos

La fuerza más poderosa del universo. Así es como dicen que Albert Einstein definió la formula del interés compuesto. Nunca podremos saber con certeza si de verdad el famoso genio dio esta definición, pero está claro que es imprescindible entender este concepto y cómo funciona con nuestras inversiones.

Lo primero es definir qué es el interés compuesto. De forma simple, podemos decir que es el efecto que tiene el interés sobre el capital inicial y los intereses generados. En este caso tiene un efecto multiplicador, ya que los intereses reinvertidos son utilizados para producir nuevos intereses. Por lo tanto, nuestro capital va creciendo y los intereses que vamos generando se incluyen en el capital para que vayan generando más intereses. A largo plazo, la rentabilidad que nos va dando la reinversión es cada vez mayor que nuestro capital inicial, aumentando en cada periodo invertido.

Este efecto también lo podemos comparar con el efecto “bola de nieve”. Si tiramos una pequeña bola de nieve montaña abajo, al principio solo cogerá pequeñas cantidades de la nieve de la montaña pero, poco a poco, a medio camino del final de la montaña ya habrá adquirido un tamaño mayor que le permitirá coger más nieve e incrementar su fuerza. Al final, esa pequeña bola de nieve se habrá convertido en una gran bola capaz de tirar a cualquier persona.

¿Cuál es la diferencia con el interés simple? Principalmente que el interés simple no tiene en cuenta intereses anteriores para poder generar nuevos intereses, mientras que el interés compuesto sí lo hace. Solo se utilizaría el capital inicial para generar rentabilidad, por lo que el capital invertido en todos los periodos sería el mismo.

Pongamos un ejemplo: tengo un capital de 100.000 euros que quiero invertir para comprar un buen coche eléctrico de 50.000 euros dentro de unos años. Supongamos que lo invierto en una cartera arriesgada con una rentabilidad anualizada del 7,5%. Si mantengo la inversión en una cartera que reinvierta los intereses anuales generados, tardaría poco más de 5 años en conseguirlo. Por otro lado, si cada año retiro la rentabilidad generada, 7.500 euros, y no la reinvierto, tardaría casi 7 años en lograr comprarme el coche.

Históricamente, la inversión a largo plazo reinvirtiendo los dividendos siempre ha dado sus frutos. Recientemente se cumplieron los 50 años del MSCI World, el índice de renta variable global más importante y conocido. Durante estos 50 años (1970-2020), el índice ha obtenido una rentabilidad anualizada de 9,63%. Esto significa que si hubiéramos invertido el primer día de enero de 1970 una cantidad de 100.000 euros en renta variable global reinvirtiendo los dividendos, veríamos que en enero de 2020 nuestra inversión se habría revalorizado hasta llegar a 9.047.764 euros.

Como podemos ver, en nuestras inversiones tenemos dos grandes aliados que son el tiempo y el interés compuesto. Si los dejamos trabajar juntos podremos lograr esas rentabilidades para cumplir nuestros objetivos vitales como la compra de ese coche, una vivienda nueva, la universidad de nuestros hijos o para complementar nuestra jubilación.

Si desea saber más sobre la magia del interés compuesto puede leer la fábula del juego de ajedrez para no despreciar el poder y la potencia del factor multiplicador del interés compuesto.

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