BLOG
19/10/2013 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

Relaxing coffee party

Como en las guerras, hay que aprovechar las treguas para revisar las estrategias. Y para sacar conclusiones. La primera es que ya no estamos solos. Los que pensamos que el mayor problema de España es su clase política, ya sabemos que también es el de Estados Unidos.

Mi intención era, antes de hacer mención a la política, empezar por lo que entiendo más le importa a la gente que tiene a bien leer mis post del fin de semana: los mercados.

Pero, desgraciadamente, volvemos a la situación en la que para acertar en los mercados no nos queda más remedio que volver a la tediosa y francamente difícil tarea de saber qué pasa por las cabezas de los políticos (si es que pasa algo, porque, visto lo visto…). Como cuando arreciaba la crisis europea. Y ahora no sólo las cabezas de los políticos europeos, que no era poco. Ahora también las de los norteamericanos. ¡Cuánto vamos a echar de menos que nuestro trabajo sea echar cuentas sobre cuándo, cómo y de qué forma se va a producir la reducción del estímulo monetario a la economía norteamericana, el famoso tapering! Comparado con esto, aquello era relativamente fácil: vigilabas los datos macro, especialmente el paro, el crecimiento y la inflación, y ya sabías a qué atenerte. O analizar los beneficios empresariales. Pues no. No se imaginan lo que he tenido que aprender en los últimos meses sobre el funcionamiento del sistema político norteamericano, las distintas facciones republicanas, la personalidad de Obama y toda una serie de asuntos de política interna USA que me habría encantado ahorrarme. Pero es lo que hay.

Primera conclusión: See you later, tapering

Desde que en 2011 empezó el rifirrafe político en EEUU, la broma le ha costado un 2% de su PIB (que ha dejado de generarse). Y seguramente es algo más si tenemos en cuenta la última ‘gracieta’, porque, cuando cierra, por ejemplo, la estatua de La Libertad, también cierra el puesto de perritos calientes que hay debajo, los viajes programados para ir a verla, etc.

Pero es que, además, y como es perfectamente lógico, el empresario que quiere invertir en Estados Unidos o ampliar su negocio prefiere esperar a que se aclare el panorama. Por si acaso. Eso significa menos inversión en bienes de capital, menos compras a proveedores, etc. En definitiva: menos crecimiento. Pero -y esto es la buena noticia para los mercados- menos crecimiento también significa menos generación de empleo y menor riesgo de inflación, lo que quita presión a la Fed para reducir el estímulo monetario a la economía. El tapering se retrasará –aunque obviamente acabará por producirse– y se confirma nuestra visión de que será un proceso gradual y moderado.

Ya ven, un nuevo ejemplo de cómo lo que es malo para Main Street (la economía real) puede ser bueno para Wall Street (la economía financiera). Hoy por hoy, los inversores le tienen mucho más miedo a la Fed que a los políticos (aunque ya veremos en enero). Cuando la Fed anunció el inicio del tapering, cayeron todos los mercados. Y mucho. Ahora, en medio de este lío, ha subido todo o casi todo (no iba encima a subir el dólar). Primero, porque con tipos de interés en mínimos y con todos los bancos centrales inyectando dinero en el sistema, la gasolina para inflar el valor de los activos financieros es gratis. Y como el dinero tiene que ir a algún sitio, y con esta situación política a ver quién es el norteamericano que lo dedica a invertir en la economía real, el destino natural son los mercados. Entre otras cosas porque una posición en acciones o bonos se desmonta en dos días, pero una fábrica no. Obviamente, si seguimos así se acabará creando una nueva burbuja, pero ésa es otra historia.

Resumiendo: yo no me saldría de las bolsas ‘ahora’ (y menos de la europeas, vean La hora de Europa I  y La hora de Europa II ), pero tampoco descarto la posibilidad de que haya que hacerlo a finales de diciembre. Con el año ‘hecho’, a lo mejor no es mala idea quitarse de en medio antes de que en enero se reinicie el bochornoso espectáculo que acabamos de vivir. Habrá que seguir la evolución de esta tragicomedia y actuar en consecuencia.

Porque realmente la cosa puede salir por cualquier sitio. Obama podría mostrar la generosidad del vencedor y marcarse un tanto con ese importante número de norteamericanos que no quieren que el gasto publico suba sin límite, y con él la deuda y los impuestos. No tiene que ser –ni debe ser- recortando el Obamacare, una ley aprobada por las cámaras y refrendada por el Tribunal Supremo, pero ¿por qué no darles una salida digna a los republicanos, aceptando algunas de sus otras demandas? Eso permitiría llegar a un acuerdo a largo plazo sobre el techo de gasto que sería bueno para todos. Ése es el mejor escenario posible. ¿Y el peor? Que Obama no ceda en nada, los republicanos tampoco y los del Tea Party se echen definitivamente al monte. No parece lo más probable, pero, visto el nivel del personal, tampoco es imposible.

Segunda Conclusión: Back to Basics (temporarily)

Mi recomendación es que, mientras rueda la lata y hasta la vuelta de las hostilidades, nos centremos en los fundamentales, pero sin perder de vista la lucha política. A corto plazo van a volver a significar algo los datos macro, sus implicaciones sobre el tapering, los datos sobre resultados empresariales, la evolución de la economía china, o seguir cómo va la puesta en marcha de un regulador bancario europeo único, etc. En fin, esas cosas que tan poco parecen importarles a los políticos mientras se entretienen con sus cosas.

Tercera Conclusión: Qué pena

Sí, una pena. Entre el Tea Party y el Movimiento Cinco Estrellas en Italia se han cargado la que, en mi modesta opinión, era una buena forma de solucionar el problema en que se ha convertido la clase política. No me digan que la idea de crear movimientos civiles pragmáticos, no ideologizados y potentes no es una de las armas que tienen los ciudadanos para meter en cintura a los políticos. Pero, ¿por qué será que al final estas cosas acaban en manos de los más ‘frikis’? En Italia un cómico. En EEUU un demagogo –el republicano Ted Cruz-. ¿Por qué no los dirigen gente normal, como un empresario, un abogado, un arquitecto, etc.? Una pena.

Si el Tea Party se hubiera limitado a centrarse en controlar el dispendio político y a promover la tan norteamericana -y perfectamente respetable- idea de que para la economía es mejor que el dinero esté más en las manos de empresarios y consumidores que en las del Estado, y a plantear las batallas en el sitio adecuado y defendiendo una causa justa –y no que la gente sin seguro se muera en la calle-, su prestigio, utilidad e influencia serían mucho mayores. Y positivas.

Qué pena de energía desperdiciada, que podría haberse orientado hacia algo tan respetable como defender que el Estado no se convierta en un mamotreto carísimo, como ocurre en España.

Y todo esto no es sólo política, señores, esto es economía, porque si quienes nos dirigen son un problema, tenemos un problema. Y es un problema económico porque acabamos pagándolo los ciudadanos. Fíjense en las cajas de ahorros: si el Banco de España –dependiente del ministerio de Economía y éste a su vez del presidente del Gobierno (no se nos escaquee señor Zapatero)– hubiera controlado la exposición al crédito de estos engendros, y la calidad de dicho crédito, y no las hubiera dejado a su libre albedrío, no estaríamos ahora pagando el rescate. Así de claro.

Porque, y ya acabo, lo que más pena me da de todo esto es que, visto los casos norteamericano e italiano (uno más a la derecha, otro más a la izquierda, pero movimientos de inspiración inicialmente civil, al fin y al cabo), mucho me temo que se acabó la posibilidad de un ‘Relaxing Coffee Party’ español, un movimiento de ciudadanos serios y normales –no de ‘frikis’– que, con su influencia en los votantes, ayude controlar los excesos de los políticos. En fin, esperemos que a su vez los del Tea Party se den una vuelta por la Plaza Mayor de Madrid y se tomen su relaxing cofee con nuestra alcaldesa, a ver si se tranquilizan un poco, porque se conoce que el té que toman allí les pone de los nervios y les machaca las neuronas. Eso sí: que no les lleven al Senado, porque como vean en qué nos gastamos aquí el dinero de los impuestos les da un subidón de tensión tal que su líder, el senador Ted Cruz, moriría en el país de sus antepasados.

Contenido relacionado

¿Tienes alguna pregunta?

Si tienes alguna duda puedes ir a nuestra sección de preguntas frecuentes.
 
También puedes:
 
● llamarnos al 900 827 770 o 917 02 02 74
● enviarnos un mail a tressis@tressis.com