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28/10/2013 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

¡Hagan su trabajo!

Es lo que puso en su pancarta el hombre de la foto que pueden ver más abajo. Es la reacción espontánea de un funcionario norteamericano ante el vergonzoso espectáculo del shutdown (cierre) de su Gobierno. Pero lo que ha escrito con un rotulador y un cartón en la soledad de su casa es mucho más que eso: representa el grito unánime de millones de indignados ciudadanos europeos y norteamericanos hacia sus políticos.

Con todo el respeto a las cadenas humanas que se organizan para pedir independencia u otras causas, la cadena humana que deberíamos hacer todos juntos, sin diferencias de ideología, idioma, condición, raza o sexo es una que fuera desde Berlín hasta Washington con la frase de este funcionario. Porque que los políticos no hagan bien su trabajo afecta a nuestro bolsillo, a nuestras pensiones, a la educación de nuestros hijos. Afecta, en definitiva, a toda nuestra vida y a la de nuestros seres queridos (¡ese 40% de paro juvenil en España!), presente y futura. Ya está bien. Todo tiene un límite. Hasta en democracia. Lo que hemos visto y vemos en Europa no tiene nombre, pero lo que estamos viendo en Estados Unidos, tampoco. Por lo que se ve, en todos lados cuecen habas.

Europa. El otro día el Sr. presidente del Gobierno dijo desde Japón que «gracias a las reformas y al esfuerzo de los españoles» España está saliendo de la crisis. Le agradezco profundamente su sinceridad. Si hubiera añadido “… el esfuerzo del Estado y las Administraciones Públicas” creo que me habría lanzado a la calle con un cartel como el de la foto. Al menos el Sr. Rajoy ha tenido el detalle de ponerse una medalla que sin duda se merece –las reformas– y valorar el esfuerzo de los españoles. Muchas gracias. Pero a ver cuándo podemos decir lo mismo del Estado que dirige el Sr. Rajoy.

Habría sido muy fuerte que hubiera hablado del esfuerzo del Estado justo después de presentar unos presupuestos donde los “sacrificios” de la Administración son del 2%, del 3% o la simple congelación presupuestaria. Y donde el número de ‘paniaguados’ -como cargos de confianza y más de un político- que van a la calle, de edificios públicos que se venden, de empresas públicas inútiles y fundaciones ridículas que se cierran es mínimo. Y quede claro que no incluyo a los funcionarios en mi crítica, que pagan la crisis como los demás en sus sueldos y con sus impuestos. Ni la educación o la sanidad. Me refiero al ‘plan Soraya’ para racionalizar los gastos de la Administración: ¿dónde está?; ¿qué tal va?; ¿por qué no hablan de eso?; ¿era sólo de cara a la galería? Y cuando te enteras de que el Sr. Bárcenas era senador, o la súbita vocación de servicio que le sobreviene al Sr. Griñán por servir a toda la nación desde el Senado, es cuando te planteas si realmente hacen falta tantos senadores.

Pero, como digo, a lo de aquí ya estábamos acostumbrados. Pero para muchos lo de EEUU es una sorpresa. Y una decepción. Por una pelea política se ha mandado temporalmente -esperemos que sea temporal- a la calle y sin sueldo a señores como el de la foto. Ochocientos mil, para ser exactos. ¿Y por qué? Porque el partido republicano está hasta las narices de que no haya un límite al gasto del Gobierno, entre otras cosas porque al final lo pagan los contribuyentes.

Razón tienen los republicanos y el Tea Party en que en algún momento hay que decir «basta» al irrefrenable gasto de ese dinero «que no es de nadie», como dijo aquella inefable ministra socialista española, de cuyo nombre prefiero no acordarme, al referirse a los impuestos. Ahora bien: el Tea Party se ha equivocado al elegir el terreno para la batalla y este será su Waterloo. Los señores del Tea Party parecen olvidar que EEUU es una democracia y que una ley como el Affordable Care Act, promulgada por un presidente democráticamente elegido –en dos ocasiones– y refrendada por el Congreso y el Tribunal Supremo, hay que cumplirla. Punto pelota. Utilizarlo para limitar los excesos gastadores de los políticos es un gravísimo error. Y lo dice alguien que considera que una de las vías que existen para forzar a los políticos a hacer su trabajo, hacerlo bien y hacerlo honradamente, es la existencia de organizaciones civiles fuertes que los controlen. Por eso estoy profundamente decepcionado con el Tea Party. Una pena.

Pero con todos mis respetos al presidente Obama –y se lo tengo-, también él debería reflexionar sobre si no ha sido un poco inflexible ante la cuestión del gasto público. No en relación con el Obamacare, sino en general. Un país no puede dejar que crezca ilimitadamente su deuda. Si el plan de reducción de gasto que ha presentado no convence, tendrá que hacer uno que convenza. Probablemente en ese caso no habría congresistas de su propio partido que hagan frente común con los republicanos. En otras palabras: algo ha hecho mal Obama si miembros de su partido se unen a extremistas demagogos como el republicano Ted Cruz.

Y la casa sin barrer. Se puede vivir sin visitar la estatua de la Libertad o sin ir a la biblioteca. Y así lo interpretaron los mercados, que ese día casi ni se movieron. Y siendo grave para la economía real, pues las cosas en Estados Unidos tampoco están como para perder puntos de PIB, tampoco es el fin del mundo ese 0,10% mensual que se calcula resta al PIB la broma. No, lo gordo, y por lo que desde aquí a entonces recomendamos prudencia al inversor cortoplacista, es la fecha mágica del 17 de octubre, en la que se calcula que Estados Unidos tocaría su techo de deuda, momento en el que no podría emitir más bonos ni letras del Tesoro.

Mira que hemos alucinado con los políticos europeos, pero esto es lo más surrealista que se ha visto nunca. El país con la divisa de reserva del mundo, la primera economía mundial, el mayor mercado de bonos, en riesgo de default repentino. ¿Es o no para matarlos? (metafóricamente hablando, claro). Al final seguramente no llegará la sangre al río, pero el daño es inmenso. El impago como un arma más de negociación. ¿Hasta ahí pueden llegar los políticos? Y los inversores podrían preguntarse: ¿y si no lo hacen ahora, pero lo hacen dentro de dos años?; ¿y si compro un bono con vencimiento a más de un año y me pilla el default? Como los inversores empiecen a plantearse estas cosas, los bonos USA a diez y a treinta años, que son nada menos que los índices de referencia de la renta fija mundial, van a tener problemas. Imagínense: Estados Unidos financiándose básicamente a corto plazo como si fuera Grecia. Lo dicho: unos genios.

Pero no quiero darles el fin de semana, sobre todo a los que tienen carteras de inversión: ningún presidente norteamericano quiere pasar a la historia como aquel bajo cuyo mandato EEUU hizo default . Y, como dice Milán Kundera, los políticos buscan la inmortalidad. La positiva claro, que se hable bien de ellos después de muertos. Y dudo que Obama, el hombre que consiguió llegar a ser el primer presidente de color de la historia de Estados Unidos (chapeau) quiera pasar a la historia como presidente del primer default. Tampoco creo que el partido republicano llegue tan lejos como para provocar un impago. Vaya papelón. Piensen Uds., además, que los congresistas y senadores republicanos han dicho que estarían dispuestos a apoyar el incremento del techo de gasto… ¡a cambio de que Obama acepte que se construya un oleoducto y que derogue las regulaciones que limitan el nivel de cenizas que puede emitir una central de carbón! No me digan que no es surrealista: si me dejas hacer un oleoducto y polucionar el aire con cenizas de carbón, a cambio evitamos que EEUU entre en quiebra. Qué bonito. Qué edificante. Y estos últimos datos no me los invento. Pueden verlos, entre otros sitios, en el editorial de Financial Times del pasado 2 de octubre.

Y volviendo a Europa, ¿saben Uds. la cantidad de empresarios que me comentan lo que, en el fondo, es lo mismo que dice el tipo de la foto: que quieren hacer cosas? Que está en su naturaleza emprender, crear, tratar de ganar dinero y, obviamente, todo eso genera puestos de trabajo. Pero para qué vas a ampliar o iniciar un negocio, para qué vas a arriesgarte si luego el Estado se lleva el 70% de lo que ganas –sumen, sumen impuestos directos e indirectos– y además ese ‘garrote vil’ impositivo garantiza que no hay demanda suficiente para ni siquiera amortizar la inversión. Y con la que está cayendo. Si crujes a impuestos al ciudadano medio te cargas la demanda interna. ¿Y por qué creen Uds. que los bancos no prestan? El BCE ya da todas las facilidades y dará más. Si no prestan es porque saben que en una economía en recesión el riesgo de impago se dispara. Porque lo de las exportaciones está muy bien, pero seamos serios: en esa balanza se incluyen los ingresos por turismo -la mayor industria del país, y menos mal que la crearon– por lo que el ‘mérito’ del récord exportador es, sobre todo, de la primavera árabe. Y que bajen las importaciones tampoco es bueno: es un símbolo de debilidad de la demanda interna, que es la que hay que animar, pues representa casi el 80% del PIB español.

Bueno, al menos nos hemos dado el placer del pataleo. Espero que lo hayan disfrutado. Es lo único que nos queda, ¿o no?

A lo mejor podemos hacer algo más.

En esta economía global todos estamos en el mismo barco. Los oficiales al mando o no quieren ver los icebergs –y este del techo de gasto es como el que hundió el Titanic- o no los ven porque están demasiado preocupados discutiendo entre ellos. Me temo que, a falta de organizaciones civiles potentes y serias, no ideologizadas, pensadas para que con su poder en las urnas controlen a los políticos –que pena lo del movimiento cinco estrellas-, a falta de eso, que sería lo ideal, no nos va a quedar otra que hacer una cadena humana con un cartel como el del funcionario, al que yo le añadiría un “or else…” (“o si no…”).

Por si acaso, voy comprando la cartulina y el rotulador, no vaya a ser que al final la liemos. Y ahora que lo pienso: ¡pero si tenemos Twitter! (yo desde hace poco, @alvargonzalezV). Usemos el hashtag #hagansutrabajo  -y el #doyourjob para los anglosajones-, comentemos la cuestión, démosle vidilla’ –a ver cómo les traducimos a los norteamericanos lo de ‘dar vidilla’– y así nos ahorramos tener que salir a la calle con un cartón. Utilicemos las ventajas de las nuevas tecnologías.

En fin, que pasen un estupendo fin de semana. Y no se preocupen del techo de deuda. Por esta vez los políticos norteamericanos no creo que lleguen tan lejos. Pero más vale que empecemos a quejarnos, porque esto es como las guerras: nadie las quiere, pero un día las posiciones se enconan tanto, los políticos pierden tanto el sentido de la realidad, que, sin quererlo, se lía. Lo del próximo día 17 probablemente quede en un aviso, pero un aviso muy serio de hasta donde pueden llegar, como lo ha sido la crisis del euro. Más vale que nos unamos al señor del cartel –por Twitter, que somos gente moderna– y les vayamos dando el aviso nosotros a los políticos antes de que ellos nos metan otro susto.

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