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26/05/2014 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

Doble o nada

Este artículo está dedicado a inversores marchosos. Quién tenga un perfil de riesgo conservador es mejor que se abstenga de poner en práctica las ideas que se plantean a continuación – aunque por supuesto, no de leerlas, pues creo puede resultarles entretenido hacerlo si les gustan los mercados -. Vamos, que este artículo lleva incluida una nota, como la que ponen en los anuncios de coches: que se ha rodado en pista de pruebas y que los coches los conducen especialistas.

Los consejos de hoy son, por lo tanto, para inversores cuyo perfil de inversión se basa en la búsqueda del máximo beneficio cómo único objetivo, aun a riesgo de poder sufrir pérdidas considerables. Es cierto que los niveles de pérdida potencial se pueden acotar mediante el establecimiento de un límite máximo de pérdida admisible a partir del cual se vende sí o sí – medida que recomiendo utilizar siempre en este tipo de inversiones -, pero no es por casualidad que a esa medida se le llame stop de pérdidas.

Pero vayamos al grano. Hace un mes proponía ir apuntando al dólar como objetivo de inversión, concretamente en un artículo titulado “El día que Yellen se hizo tacaña y Weidmann generoso”, artículo que les sugiero leer porque es totalmente complementario del de hoy. Para no cansar a quienes lo leyeran, no voy a repetir aquí los motivos que me llevaban a pensar que, por fin, vamos a empezar a ver un dólar alcista frente al euro. Y no hablo de una reacción de días o semanas, sino un auténtico, aunque lento, cambio de tendencia. Parecía imposible. Pero no hay nada imposible en los mercados – para bien y para mal -, y hasta el “primo de Zumosol” en que había convertido Alemania al euro puede perder fuerza. Sobre todo si esa fuerza perjudica las exportaciones alemanas.

Curiosamente, hasta que no se ha hecho evidente esa pérdida de competitividad no hemos oído al Banco Central Europeo (BCE) hablar en serio de tomar medidas que estimulen la economía de la Eurozona, alejen el peligro de deflación y eviten un euro que, de tanto tomar esteroides, ya no pasa por la puerta, lo que a su vez tiene un efecto desinflacionista que impide al BCE alcanzar su objetivo de estabilidad de precios (y los objetivos de ventas de las grandes compañías exportadoras alemanas, aunque, cuidado, esto no lo ha dicho Draghi, es una opinión personal)

Total que, lo quiera o no, el señor Weidmann -presidente del Bundesbank alemán- va a tener que darle permiso al señor Draghi para poner en marcha la máquina de hacer billetes -una de cuyas formas es el famoso Quantitative Easing (QE)-, así como obligar a los bancos a sacar el dinero de las cajas del BCE y ponerlo a trabajar. Y no crean que ese dinero lo van a prestar los bancos de un tirón. Pasará una temporada pululando por los mercados. En resumen: va a haber muchos más euros en los mercados y eso, según la ley de la oferta y la demanda, puede llevar a una caída del precio de nuestra divisa frente a las de aquellas economías que siguen caminos absolutamente distintos al nuestro. Me refiero especialmente a la de los Estados Unidos, el dólar, y la del Reino Unido, la libra esterlina. Y frente a más divisas, pero estos son los dos ejemplos más llamativos.

Porque Estados Unidos e Inglaterra son casos diametralmente opuestos al de la Eurozona: hicieron sus deberes: QE, facilitar y atraer inversiones extranjeras, bajar tipos de interés, adelantándose a las circunstancias y no ir por detrás, como creo que va el BCE, y por eso – nada es casual en economía – tanto Estados Unidos como el Reino Unido son la otra cara de la moneda. Allí la economía crece. Aquí está estancada o crece ligeramente, en el mejor de los casos. Allí ya sube el precio de los inmuebles. Aquí sigue cayendo. Allí lo próximo que harán los tipos de interés es subir, especialmente en Inglaterra. En Estados Unidos ha caído fuertemente el paro. En la eurozona se mantiene en niveles históricamente altos (salvo en Alemania y hay mucho minijob). Caminos económicos tan divergentes me llevan a concluir que la dirección de las divisas también lo será, es decir, euro bajista frente a las otras dos. Eso sí: creo que el proceso llevará su tiempo: Draghi no es Bernanke y Bernanke no tenía detrás a Weidmann de comisario político. Pero esto, a la larga, reforzará la tendencia, porque cuanto más tarde el BCE en actuar – o si lo hace de forma light -, más carne tendrá que poner en el asador en el futuro.

Segunda idea: aprovechemos el susto que se han llevado los gobiernos de las economías emergentes ante la nueva orientación de la política monetaria de la Reserva Federal (Fed) y aprovechemos lo bien que pagan estos países para que el famoso hot money no se vuelva a los Estados Unidos. Cual banco que ofrece extratipos en los depósitos para evitar que un cliente se vaya a la competencia, eso es lo que han tenido que hacer los bancos centrales de muchos países emergentes para que se quede el dinero. Y, hablando en plata, eso implica cupones del 4% al 6% en bonos estatales o en empresas punteras de esos países, pero no en bonos denominados en divisa local, no, y aquí viene lo interesante: en dólares.

Así que bonos que dan un cupón del 5% y denominados en una divisa que podría apreciarse frente al euro, como es el dólar. Y encima muchos de esos bonos cotizan en Wall Street (liquidez). Cupón más plusvalía. ¿Cuánta plusvalía? Porque el cupón – los intereses – lo conocemos: entre el 4% y el 6%. Pero desconocemos la posible revalorización del dólar. Incluso podría no producirse. Pero si se produce, hablamos de divisas, que no son precisamente melifluas en sus movimientos. De funcionar la estrategia, yo esperaría una revalorización del dólar superior al 10% en un horizonte de doce meses (más todavía en la libra, por cierto, pero en libras ya es muy difícil encontrar deuda emergente)

Y lo mejor de todo: gracias a los fondos de inversión, la operativa de una operación así es muy sencilla. Es tan sencillo comprar un fondo de este tipo como comprar uno que invierte en deuda norteamericana o en cualquier otro activo que implique cambio de divisa. La liquidación es un poco más larga – y me refiero a días – y hay que vigilar los costes ocultos o explícitos que puedan aplicar algunas entidades en fondos con divisas distintas al euro. Lo más delicado es la elección del fondo adecuado en lo que al gestor y composición de cartera se refiere, pero quienes no tengan los conocimientos o los medios adecuados tienen a empresas como Tressis a su disposición. Porque, cuidado: no todos los fondos que invierten en bonos emergentes lo hacen en divisa fuerte, y hacerlo en la divisa local es “acero para los barcos”: no es necesariamente una mala idea, pero es mucho más impredecible y arriesgado, así que ¿para qué complicarnos la vida si podemos ganar más de un 10% o un 15% trabajando con divisas fuertes y líquidas?

Eso sí, nos la jugamos a doble o nada: si siguen cayendo el IPC y el crecimiento en la eurozona, especialmente si entráramos temporalmente en deflación, el BCE tendrá que remangarse y trabajar para evitar que nos japoneticemos (les sugiero leer “La japonetización de la economía occidental” y “El Sr. Weidmann se equivoca”) y si por su parte la señora Yellen va recogiendo velas, la combinación beneficia al dólar. Y si además de dólares tenemos bonos con un buen cupón ¿qué más queremos? Pero, obviamente, el riesgo es tan grande como el posible beneficio.

El BCE podría defraudar las expectativas que tiene puesta más de media Europa en su estímulo monetario. O Estados Unidos no seguir con la mejora de su crecimiento, lo que haría que la señora Yellen ordenara a sus marineros que replegaran velas más despacio. O que los políticos europeos se dieran cuenta de que las bajadas de impuestos y el apoyo a las empresas son medidas más sanas que el estímulo monetario, que tiene un punto artificial y efectos secundarios peligrosos. Pero yo no veo a nuestros políticos dándose cuenta de eso, dicho sea de paso. Al menos la experiencia reciente lo que enseña es que su herramienta preferida es la subida de impuestos, no la promoción empresarial o el animar a la gente a trabajar. Si te esfuerzas en ganar dinero, Hacienda se lleva el 70% de tus ingresos entre impuestos directos e indirectos. Menudo aliciente. Así que va a tener que ser Draghi el que se lo curre.

Finalmente, si le gusta la idea de comprar libras esterlinas, no es necesario que se abra una cuenta en libras, que rellene formularios o que cruce el canal de la Mancha. Compre un fondo de inversión monetario en libras – compuesto por activos monetarios de muy corto plazo en esta divisa – y siéntese a esperar al señor Draghi. Y deshaga la posición en caso de que Draghi se haga esperar tanto como el Godot de la obra con el mismo nombre.

¡Buen fin de semana!

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