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02/12/2013 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

Cuidado con los fondos mixtos de renta fija

Es sólo cuestión de tiempo que las entidades financieras se lancen de forma masiva a convencer a sus clientes de que el mejor sitio para su dinero no es un depósito a plazo fijo, sino un fondo de inversión. Una pena que no se lo dijeran antes, porque los clientes a los que empujaron al depósito a base de cafés y “ganchos” del 4% habrían ganado mucho más dinero en fondos de inversión conservadores de renta fija de alta calidad crediticia, por poner un ejemplo, o comprando directamente bonos de empresas europeas de esas que yo llamaba entonces Sólidas, Solventes y bien Diversificadas (SSD). Dentro de ellas se incluyen los mejores bancos españoles que, cuando ofrecían depósitos al 4%, en sus bonos “senior” –su deuda de mayor calidad– se podía obtener una rentabilidad (TIR) superior al 5%. Pero eso no lo promocionaban, les interesaba captar pasivo, no endeudarse  a varios años vista al 5% (Ver ¡Qué error, qué inmenso error!).

Ahora el depósito se renueva en torno al 1,5%, mientras que el bono sigue pagando religiosamente el cupón del 5%, o más. Y si el inversor decidiera venderlo en el mercado mañana mismo, añadiría un 15% en forma de plusvalía (*) gracias a la bajada de tipos y, en el caso español y europeo, a la mejora de la credibilidad crediticia de las empresas y estados de la eurozona. Cosas del “asesoramiento” bancario (¿Por qué le llamarán asesoramiento cuando en realidad es pura venta?).

(*) La relación entre el tipo de interés y el precio de un bono es inversamente proporcional: cuando baja el tipo de interés que ofrece el bono –o uno similar– sube el precio del mismo. Es lógico: si compro un bono con un 5% de cupón y dos años después la misma entidad emite al mismo plazo con un cupón de, digamos, el 2%, mi bono vale más pasados esos dos años, ya que da un cupón muy superior. Un ejemplo parecido lo tenemos en la prima de riesgo del Estado español: cuando baja la prima normalmente es porque sube el precio del bono español, porque baja el alemán –que es la referencia– o ambas cosas.

En esta ocasión se observan algunos cambios en las campañas de venta de fondos, cambios que deben tener en cuenta los clientes. Además de los consabidos fondos garantizados y la zanahoria de que te pagan porque les lleves tus fondos, algunos bancos, sus agentes y bastantes asesores financieros están recomendando fondos mixtos de renta fija para captar a esos clientes que ven cómo el depósito era, efectivamente, pan para hoy y hambre para mañana. En otro escenario de mercado, la utilización masiva de fondos mixtos de renta fija para captar dinero de gente conservadora no me preocuparía. Más bien al contrario. Aunque sea un producto problemático, porque mezcla dos tipos de activos –renta fija y renta variable– que no tienen por qué ir de la mano ni en la misma dirección. De hecho, muchas veces es justo a la inversa. Por ejemplo: en plena crisis financiera las bolsas se desmoronaban y subían los bonos norteamericanos y alemanes. Ahora funcionan mucho mejor las bolsas que los bonos “refugio”. Pero en un escenario de tipos a la baja(*), cómo ha sido el de los últimos treinta años (con repuntes, como la deuda periférica durante la crisis del euro), no me preocuparía tener el 70% de la cartera en bonos.

El problema vendrá cuando la renta fija tome una dirección diferente a la de la renta variable, es decir, que suban las bolsas pero bajen los bonos. Lo que ganas por la parte de renta variable lo pierdes por la de los bonos. Y eso no es raro que ocurra. De hecho, cuando Bernanke empezó a hablar de tapering cayeron ambos activos pero, desde entonces, una parte de los de activos de renta fija (bonos) no ha levantado cabeza, mientras que las bolsas alcanzaban nuevos máximos. Y de nada sirve tener un 30% en bolsa si llevas colgando un lastre del 60% o 70% de la cartera en bonos que bajan de valor (o simplemente no suben).

Lo del mes de mayo fue un aviso a navegantes: el escenario puede ser muy distinto en el futuro, lo que afectaría –y mucho– a los fondos mixtos de renta fija, que pueden dar un resultado muy diferente al esperado.

Como suele ocurrir en finanzas, la explicación de por qué estamos asumiendo un riesgo mayor del que pensamos es más sencilla de lo que parece. Para empezar, porque llevamos treinta años con tipos de interés a la baja. Mucho tiempo para una tendencia, de las más largas de la historia de los mercados financieros. En Europa ha habido un repunte importante de tipos en los países de la periferia como consecuencia de su crisis de credibilidad crediticia, pero si consideramos las tres últimas décadas se vería como un episodio temporal y circunscrito exclusivamente a las “cigarras” europeas. Las hormigas –europeas–, los bonos norteamericanos y los de los países emergentes llevan décadas funcionando estupendamente gracias a la tendencia bajista de los tipos de interés.

Pero empiezan los avisos. En muchos países emergentes están subiendo los tipos y bajando el precio de los bonos (*) desde hace tiempo, como es el caso de Brasil. Tampoco los bonos norteamericanos son lo que eran desde que Bernanke puso fecha al tapering: hay poco que ganar y bastante riesgo que perder. Resumiendo: seamos cuidadosos con la renta fija en general, porque si hay algo cierto es que la economía es cíclica, que los mercados financieros también lo son y que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Ciertamente quedan nichos rentables en renta fija, como puede ser la deuda pública española, pero la mayoría de los fondos mixtos de renta fija diversifican, no invierten sólo en deuda española.

Alguien argumentará que los tipos tardarán en subir. En algunos casos -Europa, con su riesgo deflacionista- mucho. Estoy totalmente de acuerdo. Ahora bien, hay que matizar. Depende de qué países y qué tipo de bonos estemos hablando. El futuro tapering ya está haciendo daño a los bonos norteamericanos y a los de los países emergentes. En este último caso porque mucho dinero de los estímulos monetarios –el famoso Quantitative Easing (QE)– se fue a estos mercados y el tapering no es otra cosa que el proceso inverso al QE. Y lo mismo ocurre con los bonos USA. El QE consiste en que la Fed compra bonos. El tapering que los vende. Y si la Fed vende pasa lo contrario que cuando los compra: que los bonos no suben o incluso bajan. Más claro, agua.

Así que, para empezar, hay bonos que ya están bajando (emergentes), otros cuyas perspectivas en el mejor de los casos son la de quedarse como están (bonos USA) y luego tenemos una gran cantidad de bonos corporativos de alta calidad crediticia (que “pesan” mucho en los fondos mixtos) que pagan tipos de interés muy bajos, por lo que su margen de revalorización es muy reducido a medio y largo plazo.

El fondo mixto de renta fija se vende precisamente como una inversión de medio o largo plazo -de hecho lo es- pero es precisamente a medio o largo plazo cuando podemos llevarnos una sorpresa, según vaya cambiando la situación del mercado de bonos, no a corto plazo. Habrá un vendedor que diga: “bueno, no se preocupe, como son fondos de inversión y por lo tanto un producto muy líquido, cuando cambie el ciclo nos vamos a otro tipo de fondo”. Claro. Pero hay dos problemas: primero, es peligroso arriesgarlo todo a que el asesor/gestor se dé cuenta a tiempo y, segundo, que para entonces has incurrido en el coste de oportunidad de no haber estado en un activo con mejor comportamiento. Y cuando hay muchas alternativas, como ocurre actualmente, sería una pena.

Y así llegamos a la conclusión fundamental: ¿Por qué, entonces, me lo recomiendan? Pues en muchos casos –hay excepciones, por supuesto- porque son un excelente negocio para el vendedor y encima son muy fáciles de “colocar” (al cliente). Los argumentos de venta son parecidos a los que se usan para vender fondos garantizados. Los “mantras” de toda la vida que, desgraciadamente, siguen funcionando: “ganará sin correr riesgos”, “participará de la subida de la bolsa, pero con red de protección” (en este caso se refieren a la parte de renta fija, que es precisamente la que más problemas puede dar en el futuro). En fin, que le venden un “chollo”. Y además se lo demuestran: mire la rentabilidad de los últimos tres y cinco años del fondo, ¡una máquina! Y la volatilidad: ¡bajísima! (claro, cómo va a ser la volatilidad de un activo de renta fija que lleva una racha tan buena). Ahí al cliente lo dejan sin argumentos, porque, como es natural, alucina: ¡qué rentabilidad! ¡Y con qué baja volatilidad! Pero yo le diría: si hacerse rico invirtiendo fuera cuestión de comprar lo que más ha subido en los cinco años anteriores, todo el mundo sería rico. Y obviamente no es así. Porque los mercados, como dije antes, son cíclicos, no suben o bajan eternamente. Ni siquiera el ladrillo, como habrán podido comprobar.

Otra ventaja que tiene el fondo mixto de renta fija -para el vendedor, no para el cliente- es que, al ser un producto con vocación largoplacista, genera comisiones durante mucho tiempo (recurrentes). Y normalmente da poco trabajo porque, si el entorno es el adecuado, el fondo gana más que un depósito y casi nunca da un susto grave, así que los clientes no se quejan. Un chollo en comisiones y un cliente cautivo/pasivo. Pero si cambia el ciclo, para el partícipe no va a ser un chollo y puede llegar a ser una fuente de preocupación. Después de treinta años de bajadas de tipos nadie se acuerda de que algún día pueden subir. Salvo que se lo recuerde el Sr. Bernanke, como hizo en mayo.

Por supuesto, hay excepciones que confirman la regla y, de hecho, entre los fondos españoles también. Productos que realizan una gestión, que se ganan el sueldo y van adaptándose a la situación de los mercados. Pero aquí ya interviene el factor suerte: que des con el producto adecuado o que tu asesor no esté presionado para vender uno que, no siendo el adecuado, “está en campaña”. Y en finanzas no es conveniente dejar demasiadas cosas a la suerte. Y menos todavía a las campañas comerciales de los bancos.

Las que tienen que ser mixtas son las carteras (de fondos), no los fondos, salvo casos muy particulares, como un fondo de autor, un fondo de fondos bien gestionado o un mixto con una estrategia específica (determinados productos de retorno absoluto, por ejemplo). Tener un solo fondo del que además, en un momento dado, no puedes “desgajar” la parte que falla, debe limitarse a aquellos inversores que por volumen de inversión desgraciadamente no pueden acceder a una cartera de fondos diversificada.

Este tipo de cosas son las que yo querría oír de mi asesor. El asesor debe explicar a su cliente las ventajas de la idea, sí, pero también los inconvenientes. Y advertirle de los riesgos, no sólo alabar las eventuales ganancias. No puede limitarse a utilizar argumentos llamativos pero poco serios que, en muchos casos, sólo buscan facilitar la venta, la recurrencia de los ingresos por comisiones y la cautividad del cliente.

¡Qué pasen un buen fin de semana!

PD: Más adelante hablaremos del que será el gran protagonista de las campañas de venta de fondos: el fondo garantizado. Y de cómo el regalo de entrada en la captación de un patrimonio invertido en fondos puede salirle carísimo al cliente.

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