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21/05/2018 AUTOR: Daniel Lacalle Estrategias

Italia. Otro bache para la Unión Europea

Italia. Otro bache para la Unión Europea

Si pensábamos que las entelequias de Varufakis en Grecia no podían repetirse, llegó a Italia la coalición Cinco Estrellas y Liga Norte y las sobrepasó.

El acuerdo de gobierno presentado sería una especie de broma si no fuera porque es muy serio. Un monstruoso aumento del déficit y de la deuda mientras, a la vez, se reservan la posibilidad de no pagar la deuda y salirse del euro. ¿No es increíble que, a estas alturas, todavía haya políticos en Europa que piensen que alguien va a prestarles mucho más y, por supuesto, a tipos bajos, para luego dejarles quebrar y salirse del euro? Pues los hay.

El acuerdo supone, según las cifras de la coalición, un aumento de entre 109.000 y 125.000 millones de euros de déficit adicional, y según los análisis independientes —Fidentiis—, unos 138.000 millones a 2020. Un déficit mínimo del 8% del PIB.

Por supuesto, los populistas dicen que su enorme plan de gasto no aumentará la deuda porque la economía crecerá más. No se le había ocurrido a nadie. Vamos, exactamente lo que se decía, gobierno tras gobierno, desde hace décadas. Cuando falla —y fallaría— ya se lo han gastado. Entonces piden salir del euro y que les condonen la deuda. ¿Por qué fallaría? Porque es la misma receta de aumentar recursos para gasto corriente y sectores de baja competitividad del pasado. Es lo mismo que hacía Italia —y España— cuando devastaba a sus ciudadanos con “devaluaciones competitivas”: mantener a los ineficientes y no competitivos a costa de los ahorradores, eficientes y asalariados. Solo que ahora el agujero no es en la moneda sino en mayor deuda.

¿Cómo hemos podido llegar a esto? Un importante error lo ha cometido la propia Unión Europea. Ante el auge de los populismos extremistas, se decidió abandonar el impulso reformista y acabar con la inexistente austeridad, que no era más que ligera moderación presupuestaria, para intentar parar el avance de los extremistas. Y, como ocurre siempre, lo único que han conseguido es que se lancen a mayores exigencias con el dinero de los demás. El populismo no se combate blanqueándolo.

Otro importante error ha sido el de mantener por encima de todo, con masivas inyecciones de liquidez y bajadas de tipos, el gasto público excesivo. El votante medio, como es normal, piensa que si “hay dinero” para estos excesos lo hay para todo.

Los problemas de Italia no vienen de la entrada en el euro ni de la austeridad. Vienen de una historia de “efecto desplazamiento” y décadas de políticas de penalización del eficiente para subvencionar al ineficiente muy similares a las de otros países de la periferia.

Italia ha tenido más gobiernos desde la Segunda Guerra Mundial que ningún otro país de la actual Unión Europea. Todos los gobiernos, del color que fuera, han hecho todo lo posible por sostener a los dinosaurios “campeones nacionales” y empresas ineficientes, municipalidades y conglomerados de baja productividad, a costa de las pymes, empresas exportadoras, la competitividad y el crecimiento. Se mantuvieron a toda costa las rigideces laborales y el exceso de burocracia, que suponían una losa al crecimiento y el empleo y aumentaba las diferencias entre regiones.

Un sistema financiero lleno de incentivos perversos, donde a los bancos se les daban todas las facilidades para financiar a sectores obsoletos y empresas semiestatales mientras el crédito a empresas sufría. Un sistema legal que hacía casi imposible recuperar activos de las empresas en quiebra ha llevado a la mayor cifra de la UE de préstamos de difícil —imposible— cobro. A ello se añade un sistema fiscal que penaliza a las empresas pequeñas y medianas y a la iniciativa privada mientras subvenciona sectores de baja productividad.

Así, los ingresos fiscales siempre se quedaban cortos y los gastos y subvenciones se disparaban, llevando al país al estancamiento y el enorme endeudamiento que hoy tiene, casi un 137% de deuda sobre PIB.

No, la culpa no ha sido del euro, sino de las constantes políticas de defender “intereses especiales” y financiar la creación de imperio de los conglomerados estatales con deuda e impuestos.

Italia se enfrenta a más de 350.000 millones de euros de vencimientos de deuda en los próximos años, más de 300.000 millones de euros de préstamos de difícil cobro y otros 65.000 millones de vencimientos de deuda de grandes conglomerados semiestatales y municipalidades.

Por supuesto, hacer impago sería la quiebra de la seguridad social, las pensiones y los ahorros de los italianos —que son los que acumulan más bonos estatales y de conglomerados—. Un dominó de quiebras que arrasaría a las pymes y familias que perderían en salarios y crédito con las dificultades financieras que se generarían, además del agujero patrimonial insalvable en sus bancos. Salir del euro no solo devastaría esos servicios que quieren aumentar, sino que, si atendemos al impacto de la devaluación del 30% de 1992, veríamos que el agujero en salarios reales y ahorros no se cubre en mucho tiempo.

Por todo ello, Italia no saldrá del euro ni hará impago. Pero el riesgo es que, de la lista de locuras anunciadas por los populistas, la Unión Europea acceda a un 20 o un 30%. Con ello, y el efecto contagio que se generaría en el resto de los países, se gestaría el principio de la próxima gran crisis de la eurozona, una que ningún banco central podrá cubrir. Porque la constante monetización de deuda es solo un subterfugio que perpetúa la baja productividad, promueve el endeudamiento, y aumenta los desequilibrios estructurales. Es la receta de la estanflación.

Italia es un gran reto para la Unión Europea, y nos muestra el error de fiar toda la recuperación a la política monetaria.

Lo positivo es que la Unión Europea ha salido siempre fortalecida de estos retos. Lo negativo es que también suele ignorar los desequilibrios estatales y permite mantenerlos.

Daniel Lacalle
Economista Jefe

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