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29/10/2026 AUTOR: Jose Francisco Ibáñez Morning meeting

La inversión en IA y los tipos elevan el listón para las tecnológicas

La inversión en IA y los tipos elevan el listón para las tecnológicas

Ayer coincidieron en apenas unas horas tres acontecimientos que ayudan a entender buena parte de los dilemas actuales del mercado. La Reserva Federal decidió mantener los tipos de interés sin cambios y, después del cierre de Wall Street, Microsoft y Alphabet presentaron sus resultados trimestrales. Tres noticias aparentemente independientes, pero que giran alrededor de una misma cuestión.

 

Porque la inteligencia artificial continúa prometiendo transformar la economía, pero las promesas empiezan a venir acompañadas de facturas cada vez más abultadas. Y, con el dinero lejos de ser gratuito, el mercado se está volviendo bastante más exigente a la hora de decidir quién merece pagarlas.

 

Microsoft y Alphabet: dos caras de una misma revolución

Microsoft presentó unos resultados que confirman la fortaleza de su negocio. Los ingresos aumentaron un 19%, hasta los 92.279 millones de dólares, mientras el beneficio neto creció un 32%, hasta los 36.629 millones. Azure, su plataforma de servicios en la nube, avanzó un 48%, impulsada por la demanda de capacidad de computación y soluciones relacionadas con la inteligencia artificial.

 

Las cifras demuestran que la compañía está consiguiendo transformar una parte importante de las inversiones realizadas en crecimiento de ingresos y beneficios. Sin embargo, también ponen de manifiesto la magnitud del esfuerzo necesario: contempla inversiones de aproximadamente 175.000 millones de dólares durante su ejercicio fiscal, un 50% más que el año anterior.

 

Además, hace unos días Microsoft anunció que ofrecerá programas de salida voluntaria a unos 60.000 empleados, aproximadamente una cuarta parte de su plantilla mundial. No significa que todos ellos vayan a abandonar la compañía, pero resulta significativo que una empresa que está invirtiendo cantidades récord en inteligencia artificial busque simultáneamente contener sus costes laborales. La paradoja es interesante: mientras destina cada vez más recursos a centros de datos, chips e infraestructura tecnológica, trata de optimizar otras partidas de gasto. No podemos atribuir estas posibles salidas exclusivamente a la automatización, pero sí reflejan cómo las grandes tecnológicas están replanteándose la distribución de sus recursos.

 

Alphabet ofreció una fotografía diferente, aunque no necesariamente peor desde el punto de vista operativo. Sus ingresos crecieron un 25%, hasta los 127.600 millones de dólares, con un espectacular avance del 103% en Google Cloud. Además, el negocio tradicional de búsquedas mantuvo un crecimiento del 12%, una señal relevante para quienes temían que la inteligencia artificial empezara a erosionar rápidamente su principal fuente de ingresos.

 

La diferencia apareció al bajar por la cuenta de resultados y, especialmente, al analizar la generación de caja. Alphabet registró un beneficio neto de 26.200 millones de dólares, inferior al del año anterior, mientras su flujo de caja libre trimestral fue negativo en unos 9.070 millones. La caída del beneficio incorpora efectos de valoración de inversiones financieras, por lo que sería incorrecto atribuirla exclusivamente al gasto tecnológico. Pero la presión sobre la caja sí refleja una realidad difícil de ignorar. La compañía, además, anticipó que sus inversiones seguirán aumentando significativamente en 2027.

 

Microsoft avanzaba alrededor de un 3% tras el cierre, mientras Alphabet llegaba a retroceder más de un 10%.

 

Lo interesante es que Alphabet está creciendo más deprisa en términos de ingresos consolidados y su negocio de nube presenta una aceleración extraordinaria. Sin embargo, el mercado parece conceder mayor valor, al menos inicialmente, a la capacidad de Microsoft para acompañar ese crecimiento con beneficios y una generación de caja más sólida.

 

La conclusión no debería ser que una compañía está ganando la carrera de la inteligencia artificial y la otra perdiéndola. Ambas están demostrando que existe demanda real. Lo que empieza a diferenciar sus valoraciones es cuánto capital necesitan para atenderla y cuándo esperan recuperar esas inversiones.

 

Wall Street terminó ayer con avances moderados, del 0,28% para el S&P 500 y del 0,27% para el Nasdaq, antes de conocer los resultados de ambas compañías.

 

 

La Fed añade otra variable a la ecuación

Pocas horas antes, la Reserva Federal había decidido mantener los tipos oficiales entre el 3,75% y el 4,00%. La decisión era ampliamente esperada, pero el mensaje volvió a reflejar una economía estadounidense resistente y una inflación que todavía se mantiene por encima del objetivo.

 

De hecho, dos miembros del comité votaron a favor de subir los tipos otros 25 puntos básicos. El desacuerdo resulta significativo porque demuestra que, dentro de la propia institución, continúa existiendo preocupación por la persistencia de las presiones inflacionistas.

 

Su presidente, Kevin Warsh, insistió en que la política monetaria empieza a producir efectos sobre las condiciones de financiación, pero que todavía es necesario comprobar su impacto sobre los precios. El mercado sigue contemplando la posibilidad de una nueva subida en diciembre.

 

Algo que afecta directamente al debate tecnológico, porque cuando una empresa necesita invertir decenas de miles de millones de dólares para sostener su crecimiento, el coste del capital adquiere una importancia creciente. Incluso las compañías con balances extraordinariamente sólidos deben justificar que las inversiones actuales generarán una rentabilidad suficiente en el futuro.

 

Además, unos tipos elevados reducen el valor presente de los beneficios que se esperan obtener dentro de muchos años. Algo especialmente relevante para empresas cuyas valoraciones descansan sobre expectativas de crecimiento a largo plazo.

 

Una revolución con efectos contradictorios

La inteligencia artificial podría convertirse en una poderosa fuerza desinflacionista si permite a las empresas producir más con menos recursos, automatizar tareas y mejorar su productividad. Los movimientos de plantilla anunciados por Microsoft invitan, precisamente, a plantearse hasta dónde puede llegar esa transformación.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, la construcción masiva de centros de datos, la demanda de semiconductores y las crecientes necesidades energéticas pueden generar presiones inflacionistas en determinados sectores. Es decir, una tecnología que promete reducir costes en el futuro está provocando hoy una carrera inversora que puede contribuir a encarecer algunos recursos.

 

La cuestión para los próximos años será determinar cuál de estas dos fuerzas termina imponiéndose y en qué plazos. Una pregunta relevante para las empresas, pero también para los bancos centrales, que tendrán que distinguir entre las presiones de precios derivadas de esta expansión y las mejoras estructurales de productividad que podría generar.

 

Hoy conoceremos nuevos datos de crecimiento e inflación en Estados Unidos, mientras el Banco Central Europeo anunciará su decisión de política monetaria.

 

Jose Francisco Ibáñez
Analista

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