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26/10/2026 AUTOR: Jorge González Análisis & Inversiones

El valor no está solo en la IA

El valor no está solo en la IA

El 19 de noviembre, justo dentro de un mes, millones de personas tienen una cita pendiente con Vice City. El estreno de Grand Theft Auto VI (GTA VI), desarrollado por Rockstar Games, filial de Take-Two Interactive, aspira a situarse entre los grandes acontecimientos comerciales del año. Pero, más allá del entusiasmo de los aficionados y de las expectativas que despierta el videojuego, hay una cuestión que los mercados deberían plantearse: ¿estamos mirando con suficiente atención lo que ocurre fuera de la inteligencia artificial?

 

Las cifras permiten dimensionar el fenómeno. Su antecesor, GTA V, generó 800 millones de dólares durante sus primeras 24 horas y rebasó los 1.000 millones en apenas tres días. Avatar, la película con mayor recaudación de la historia, necesitó 17 días para alcanzar ese segundo importe en taquilla. Desde su estreno en 2013, el videojuego ha vendido más de 200 millones de copias y, junto con su modalidad en línea, ha generado más de 9500 millones de dólares en ingresos. Una cifra considerable para un producto que muchos seguirían clasificando como entretenimiento para adolescentes.

 

La nueva entrega afronta unas expectativas muy exigentes. Take-Two, propietaria de Rockstar, calcula unas ventas de entre 8.000 y 8.200 millones de dólares para su ejercicio fiscal 2027, una cifra récord sustentada en buena parte en el lanzamiento de GTA. Strauss Zelnick, su consejero delegado, ha descrito la demanda anticipada como algo sin precedentes. La dimensión del negocio supera la de una afición minoritaria: estamos ante una industria que puede medirse comercialmente con los mayores éxitos del entretenimiento mundial.

 

 

Un estreno que trasciende las pantallas

Algunos cálculos sugieren que las ausencias laborales vinculadas al estreno podrían costar miles de millones a la economía estadounidense, aunque falta un estudio concluyente que respalde esa estimación. En Reino Unido, The Times incluso ha planteado que el lanzamiento dejará rastro en las estadísticas del PIB. Mientras tanto, en Fort Stewart, Georgia, una unidad del Ejército estadounidense ofrece cuatro días extra de permiso a los soldados que renueven su compromiso antes del 14 de noviembre. Pocas veces la retención de talento había recurrido a un reclamo comercial tan directo.

 

Conviene, en cualquier caso, mantener la perspectiva: unos días de menor productividad no bastan por sí solos para alterar el PIB de una gran economía. Parte de esas horas, además, se habría dedicado de todos modos al ocio. El estreno sí repercute en las ventas de otros productos: consolas, accesorios, suscripciones, publicidad y retransmisiones en directo, además de toda la cadena de estudios, distribuidores y plataformas que genera ingresos en torno a cada gran lanzamiento. Hace tiempo que el entretenimiento digital dejó de ser un nicho.

 

Cuando la IA concentra todas las miradas

Pese a ello, gran parte del debate financiero sigue concentrado en un solo asunto: la inteligencia artificial. Las cuentas de las grandes tecnológicas, los planes de inversión en centros de datos, las necesidades de semiconductores y las perspectivas de expansión de la infraestructura informática acaparan titulares, análisis y el interés de los inversores. Esa atención tiene fundamentos económicos sólidos. La IA puede impulsar la productividad, modificar los procesos de las empresas y crear mercados completos. Pasarla por alto sería un error tan grande como restarle importancia.

 

Sin embargo, mientras debatimos cuánto aumentará la demanda de chips, podemos estar dejando en segundo plano a compañías que lideran el consumo mundial, rentabilizan catálogos de contenidos, crean comunidades digitales o desarrollan modelos de negocio recurrentes.

 

Si todos los inversores dirigimos la mirada hacia el mismo lugar, nuestras carteras pueden terminar concentradas en las mismas compañías y estar menos diversificadas de lo que parecen. Al mismo tiempo, puede recibir menos atención el potencial de creación de valor del entretenimiento, el consumo, la salud o las infraestructuras. Surge también una tentación más preocupante: juzgar cualquier empresa por su vínculo, verdadero o supuesto, con la IA, como si el resto de su actividad fuera un simple decorado.

 

El éxito comercial y la rentabilidad bursátil son cosas distintas

Esto no debe interpretarse como una recomendación de comprar acciones de Take-Two ni de ninguna otra compañía. GTA VI podría romper récords y, aun así, decepcionar en bolsa: vender millones de copias no asegura una rentabilidad extraordinaria para sus accionistas. El éxito comercial y el resultado de la inversión son cuestiones diferentes, aunque los mercados a veces parezcan confundirlas.

 

La inteligencia artificial cambiará la economía. Los mercados necesitan tecnología, pero también cultura, marcas, propiedad intelectual y negocios capaces de captar la atención de millones de personas. La economía digital abarca mucho más que los servidores sobre los que funciona: también comprende todo aquello por lo que sus usuarios deciden pagar.

 

Tal vez merezca la pena apartar de vez en cuando la mirada de los servidores y los centros de datos. La fascinación por la inteligencia artificial no debería llevarnos a suspender en inteligencia económica. También hay vida fuera de la IA. Y, en ocasiones, también hay valor.

 

Jorge González Gómez
Director de Análisis

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