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28/07/2026 AUTOR: Daniel Lacalle Estrategias

Las alternativas a Ormuz ganan peso ante la guerra

Alternativas Ormuz

El petróleo no ha roto de forma sostenida la barrera de mayo de 2026 pese al recrudecimiento de la guerra con Irán porque, a diferencia de otros episodios históricos, el riesgo de escasez se ha visto compensado por tres factores simultáneos, más capacidad para exportar sin depender totalmente del Estrecho de Ormuz, un aumento de producción por parte de la OPEP+ y un récord de producción en Estados Unidos.

 

La guerra ha devuelto el estrecho de Ormuz al centro del mapa energético mundial, con caídas visibles en el tráfico de petroleros en algunos momentos de julio por el aumento del riesgo de seguridad. En otros ciclos de crisis, como los asociados a Oriente Medio, la reacción habitual del mercado consistía en descontar una interrupción prolongada del suministro y empujar el Brent rápidamente hacia niveles de pánico.

 

Sin embargo, el comportamiento reciente del mercado ha sido diferente. El Brent ha subido, pero se ha mantenido por debajo de los niveles de 2022 y el umbral simbólico de 100 dólares, mientras la curva de futuros refleja que los inversores no esperan una escasez estructural prolongada, sino un shock temporal y manejable. Eso implica que el mercado distingue entre tensión bélica y destrucción real de oferta.

 

 

La principal novedad frente a crisis anteriores es que varios productores del Golfo han reforzado o anunciado infraestructuras que permiten reducir la dependencia de Ormuz. Arabia Saudí continúa utilizando el oleoducto Este-Oeste hacia Yanbu, en el mar Rojo, mientras Emiratos exporta una parte creciente de su producción a través de Fujairah, en el Golfo de Omán, sin necesidad de atravesar el estrecho. A ello se suman los planes de expansión regional que buscan consolidar un sistema de exportación más diversificado. Los productores de Oriente Medio están construyendo siete proyectos de oleoductos para rodear Ormuz, incluyendo iniciativas vinculadas a Arabia Saudí, Emiratos e Irak, así como un renovado interés por conexiones que atraviesen Siria hacia el Mediterráneo. Cuanta más capacidad existe para redirigir crudo, menos probable es que una escalada militar se traduzca automáticamente en una subida explosiva del precio.

 

El segundo elemento que explica la contención del petróleo es la respuesta de la OPEP+. El grupo aprobó nuevas subidas mensuales de producción de unos 188.000 barriles diarios desde agosto, prolongando la secuencia de aumentos acordados en los meses previos. Esta decisión es importante porque transmite al mercado que los grandes productores están dispuestos a usar su capacidad disponible para evitar un desanclaje alcista del crudo.

 

Además, los datos de envíos muestran que las exportaciones del Golfo repuntaron en la primera mitad de julio hasta máximos desde antes de la guerra, incluso aunque el tráfico por Ormuz volvió a ralentizarse con la nueva escalada. Es decir, el mercado observa tensión, pero también capacidad de respuesta. Eso reduce la prima de riesgo geopolítico.

 

Dentro de esa estrategia, Emiratos y Arabia Saudí desempeñan un papel central. Ambos cuentan con infraestructuras, capacidad ociosa y flexibilidad suficiente para aumentar suministro o redirigir exportaciones cuando aparecen cuellos de botella. Emiratos, ya fuera de la OPEP, ha aumentado su producción a 4,1 millones de barriles al día, es decir, ha incrementado su producción en una cifra superior a lo que exporta Irán. Esa combinación tiene un efecto psicológico relevante sobre el mercado, ya que, si bien existe riesgo de interrupción, se percibe que el vacío puede ser cubierto.

 

El sistema energético global sigue siendo vulnerable, pero no está tan expuesto a un único punto de paso como en décadas anteriores. El mercado ya no solo mira cuántos barcos pasan por Ormuz, sino cuántos barriles pueden salir por fuera de Ormuz.

 

El tercer factor decisivo es Estados Unidos. La producción estadounidense alcanzó en julio los 13,78 millones de barriles diarios, gracias al dinamismo de Texas, Nuevo México y Dakota del Norte. La propia EIA espera que la producción siga en niveles superiores a los 13 millones de barriles diarios en 2026 y aumente todavía más en 2027. Estados Unidos produce hoy más que Arabia Saudí o Rusia.

 

Esto cambia profundamente la reacción del mercado. Cada vez que el Brent se aproxima a niveles elevados, los productores de “shale” encuentran incentivos para acelerar actividad, completar pozos y elevar la oferta disponible. Estados Unidos funciona como un techo parcial para el precio. Por supuesto que Estados Unidos no elimina el riesgo geopolítico, pero sí limita la probabilidad de una espiral alcista sostenida.

 

A estos factores físicos se añade un elemento financiero importante. El fortalecimiento del dólar suele moderar parte del impulso alcista del crudo porque encarece la factura energética para muchos importadores fuera de Estados Unidos y contiene demanda marginal, especialmente de China. Al mismo tiempo, la curva de futuros sugiere que el mercado espera una normalización progresiva del precio conforme se consoliden las rutas alternativas y el aumento de oferta.

 

El mercado paga una prima a corto plazo por la guerra, pero no una prima de escasez permanente. Esa diferencia es la que explica por qué, a pesar del recrudecimiento del conflicto con Irán, el petróleo no ha entrado en una dinámica comparable a la de los grandes shocks del pasado.

 

En conjunto, el comportamiento del petróleo refleja un cambio estructural. El riesgo geopolítico sigue existiendo, y cualquier incidente grave en el Golfo podría provocar subidas puntuales intensas, pero hoy el mercado cuenta con más producción, más infraestructuras alternativas y más capacidad de reacción que en otras crisis energéticas.

 

Cuando un suministrador como Irán utiliza una infraestructura o ventaja competitiva para hacer daño a sus consumidores y clientes, no muestra fortaleza, sino debilidad. Hoy, Irán es la economía más dañada por el cierre del estrecho, con un 80% de sus exportaciones paradas.

 

Los anuncios de infraestructuras en Irak, Arabia Saudí, Emiratos, Siria y Omán, la mayor producción de la OPEP+ y el récord de oferta de Estados Unidos han transformado una amenaza de escasez en un coste de distribución y logística de corto plazo.

 

Daniel Lacalle - Firma Blog

Economista jefe de Tressis

Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión.

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