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18/01/2017 AUTOR: Amílcar Barrios Vilallonga Morning meeting

Una salida del clan a la carta

Una salida del clan a la carta

Theresa May desató ayer toda su retórica política para trazar las líneas maestras del brexit más inverosímil posible.

Algo así como «quiero un brexit duro, pero blando a la vez, con el Reino Unido (ya veremos cuánto de unido) fuera pero bajo condiciones casi propias de un miembro más de la Unión Europea». Y en esas tiene pinta de que el mercado común está como para permitirle a nadie una salida del clan a la carta ahora que el euroescepticismo campa más libre y crecido que nunca.

Controlar la inmigración fue la premisa clave con la que los partidarios del abandono ganaron el referéndum, y desde ese enfoque es desde el que el Gobierno británico quiere articular las negociaciones con la UE, es decir, soberanía migratoria plena. Esto es lo mismo que venir a aceptar la salida total de Europa y despedirse de las cuatro libertades circulatorias, comercio incluido. Así que, lógicamente fue ahí donde la primera ministra hizo un malabar político, según el cual debería existir un pacto comercial privilegiado entre la isla y el continente. Acto seguido y sabedora de la dificultad de que esto pueda ser real, May pasó al ataque con la amenaza de una guerra fiscal contra la UE, advirtiendo de una bajada de impuestos que atrajera la inversión al lado occidental del canal de la Mancha.

A pesar de toda esta tendencia en dirección al hard brexit hubo un guiño abrumador, con el objetivo de tranquilizar a todos: la necesaria aprobación por parte del Parlamento de cualquier acuerdo. Es lo que se entiende como una manera encubierta de suavizar cualquier atisbo de salida abrupta, que a priori resultaría especialmente perjudicial para el Reino Unido. Esa es la forma en la que lo entendió el mercado y la mayor subida de la libra desde 2008.

Con el brexit también en la cabeza, el foro de Davos versó sobre la guerra creciente entre los partidarios del imparable proceso que representa la globalización y los que aún creen en la posibilidad de frenarla. Tuvo que ser la China comunista (con apoyo de la Europa cada día más antieuropea) la que defendiera la integración global, alertando en contra de intenciones protectoras. Aunque bien visto, la suma diaria de multinacionales que prometen aumentar la inversión y el empleo dentro de EEUU no hace sino darle la razón a Donald Trump cuando decía que era posible doblegar la externacionalización geográfica.

Por último, el escaso impacto de los indicadores económicos se redujo al ligero descenso del regional manufacturero de Nueva York, propio de su comportamiento volátil, así como a otra subida más de la confianza inversora de Alemania, medida por el ZEW.

​Buen día​.

Amílcar Barrios Vilallonga
Dirección de Inversiones

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