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12/02/2019 AUTOR: Ignacio Perea Análisis & Inversiones

Los tiempos están cambiando

Decía Bob Dylan, polémico nobel de literatura en 2016, en su canción Los tiempos están cambiando: «admitid que las aguas que os rodean han crecido, y aceptad que pronto estaréis calados hasta los huesos.«

Y vaya si han crecido las aguas, que todos nos hemos sensibilizado de manera espectacular respecto al impacto que tenemos sobre nuestro entorno.

Precisamente para poder invertir y medir cómo afecta lo que hacemos a nuestro alrededor, se desarrolló hace ya años la «teoría del cambio«. Según el trabajo de Patricia Rodgers para UNICEF, esta teoría explica cómo se entiende que las actividades produzcan una serie de resultados que contribuyen a lograr los impactos finales previstos. Puede elaborarse para cualquier nivel de intervención, ya se trate de un acontecimiento, un proyecto, un programa, una política, una estrategia o una organización.

A este enfoque se unieron el concepto de propósito, que implica la intención del inversor de generar un impacto positivo y medible, y la idea de adicionalidad, que determina el impacto positivo que no hubiera tenido lugar sin la inversión. Y finalmente se incorporó la medición, que supone ser capaz de medir de manera transparente el comportamiento financiero, social y medioambiental de las inversiones.

Esta aproximación se dirige a proyectos pequeños y medianos, con liquidez baja, vencimiento predefinido y a compañías más innovadoras y disruptivas.

Sin embargo, con la aparición de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de la ONU, ha tomado cuerpo una aproximación más amplia que se centra en opciones líquidas que promueven productos y servicios beneficiosos para la sociedad y el medioambiente.

De acuerdo con la iniciativa de los Principios de Inversión Responsable (PRI) de la ONU, más de 450 inversores asignaron 1,3 billones de dólares a inversiones de impacto en 2016, y la demanda creciente de productos y servicios de impacto ha abierto una nueva oportunidad comercial para gestoras de activos y proveedores de servicios.

La GIIN (Global Impact Investing Network) y otras asociaciones que promueven la inversión de impacto han desarrollado herramientas para las inversiones de acuerdo al enfoque tradicional. No obstante, también era necesario dar mayor claridad a la nueva aproximación de impacto amplio, por lo que PRI creó el Mapa de Mercado de Inversión de Impacto.

Este mapa pone el foco en compañías de capitalización grande y media (tanto cotizadas como no cotizadas) dentro de la economía real. Utiliza dos marcos de funcionamiento básicos, los ODS y el marco de reporting de los PRI, para identificar 10 temáticas: eficiencia energética, edificios verdes, energía renovable, agricultura sostenible. silvicultura (explotación de bosques y montes) sostenible, agua, vivienda asequible, educación, salud, y finanzas inclusivas.

Afortunadamente, hemos tomado buena nota de la canción de Dylan, quien ya avisaba que “entonces más os vale empezar a nadar u os hundiréis como piedras, porque los tiempos están cambiando”. Hemos empezado a nadar.

Ignacio Perea
Director de Inversiones

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