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28/06/2016 AUTOR: Virginia Pérez Palomino Análisis & Inversiones

Y los británicos dijeron SÍ quiero al NO quiero

Y los británicos dijeron SÍ quiero al NO quiero

Los británicos optaron en el referéndum celebrado el pasado jueves por la salida del Reino Unido de la Unión Europea, lo que supone poner fin a más de 30 años de participación en la construcción del proyecto común europeo y abre un período de incertidumbre política, económica y de volatilidad en los mercados cuyos efectos se han hecho sentir en el corto plazo y pueden extenderse en el tiempo.

POLÍTICA un riesgo simétrico. A partir de hoy vamos a escuchar muchas veces hablar del Tratado de Lisboa y su artículo 50. Invocar este artículo supone comunicar la decisión de abandonar la UE y abrir un proceso negociador del nuevo estatus de RU con la UE. En él se establece un período de transición de dos años que puede prolongarse, para lo que se requiere la unanimidad del Consejo Europeo. Hasta entonces, nada cambiaría en las relaciones entre el RU y la UE.

A corto plazo, Cameron va a continuar en su cargo de primer ministro hasta el mes de octubre, para entonces el partido conservador habrá de designar su nuevo líder y primer ministro que debería ser el que activara el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea. Se presenta también la posibilidad de que el nuevo primer ministro convoque elecciones anticipadas. Porque, ¿cómo puede liderar el proceso de salida un Gobierno que ha apoyado claramente la permanencia junto con los dirigentes del resto de los partidos salvo el UKIP?. Un parlamento en el que de sus 650 diputados cerca de 500 eran contrarios al Brexit. Además, ¿qué hará Irlanda del Norte?, o Escocia, donde ya se ha planteado la posibilidad de un nuevo referéndum sobre su independencia. ¿Sería posible entonces la convocatoria de un segundo referéndum en el Reino Unido sobre la permanencia en la UE?

En el medio plazo son muchas las alternativas que se abren en cuanto al marco legal de las relaciones RU y UE. No vamos a realizar una explicación detallada de todas ellas, pero sí comentar que la mayoría pasa por la aceptación de todas o parte de las Cuatro Libertades Fundamentales del Tratado de la Unión: libre circulación de 1) personas, 2) mercancías, 3) servicios y 4) capitales o aceptar la legislación presente y futura, como hace el RU actualmente, pero sin poder influir en su redacción. Finalmente, siempre está la posibilidad de encuadrar las relaciones en las normas de la Organización Mundial del Comercio que supondría la inclusión de aranceles en la exportación/importación de bienes.

ECONOMÍA, un riesgo asimétrico. Todas las casas de análisis coinciden en el impacto negativo sobre el crecimiento de ambas áreas, añaden que la situación sería más negativa para el Reino Unido que para la Eurozona. En el caso del RU, la economía real acabaría afectada por incertidumbre y la divisa, junto con la muy probable caída en la inversión y un retroceso del consumo al encarecerse las importaciones, reduciendo para próximos trimestre el PIB. Para la zona euro el peso de las exportaciones al Reino Unido se cifra en el 3% del PIB, lo que implicaría unos efectos más reducidos estimados en torno al 0,4% del PIB. Pero, no podemos olvidar los efectos indirectos producidos por las turbulencias financieras.

¿Estaremos sobrerreaccionando en estas previsiones de consenso?. En el RU la depreciación de la libra (alrededor de un 15%) podría estimular su economía, hacerlos más competitivos frente al exterior y podría paliar parte de los efectos negativos de su salida. El temido contagio político, que se supone tendría en la UE la salida del Reino Unido dando alas a los partidos más anti-europeístas en otros países miembros (ya se habla de posibles referendos en Dinamarca, Finlandia o Países Bajos), podría funcionar como llamada de atención a los gobiernos de la UE y producir el efecto contrario al inicialmente previsto. A pesar de este episodio de volatilidad y con el compromiso firme por parte del resto de los países integrantes en el proyecto común, podríamos asistir a una mayor integración política y económica. Alcanzar en un plazo medio avances en las reformas estructurales e  integración, logrando una UE más cohesionada y eficiente. No sería la primera vez que la UE sale reforzada tras un seísmo. Estamos ante un proceso lleno de obstáculos, pero también de fuerte compromiso que ahora se enfrenta al problema de los populismos, un escollo más en el camino de la integración.

MERCADOS. El movimiento que se produjo el viernes en las bolsas entra dentro de lo que se podía esperar, con fuertes salidas de los activos considerados de riesgo hacia dólar, yen, bono americano, Bund u oro. Durante las sesiones precedentes al referéndum, los mercados tuvieron fuertes revalorizaciones, dando por descontado que el Brexit no llegaría a producirse en línea con los grandes partidos ingleses (sólo UKIP mostraba su apoyo a la salida), los líderes políticos mundiales, economistas y distintos organismos como el Fondo Monetario Internacional. Las bolsas perdían todo lo ganado en jornadas precedentes, pero aguantaban los mínimos del mes de febrero, nivel que sostiene el rango lateral en el que se han movido durante los últimos meses. El comportamiento del mercado americano será esencial para lograr mantener esas zonas de soporte.

En estos críticos momentos pensamos que no hay que tomar decisiones drásticas. Debemos esperar el desenlace de la Cumbre Europea Extraordinaria que se celebra entre los días 28 y 29 de este mes y el resultado de las actuaciones que lleven a cabo los bancos centrales y de las que desconocemos su alcance y efectos.

No volveré a creer en encuestas, al menos en cuanto a política se refiere. Ayer las elecciones generales en España dieron algunas sorpresas. Lo más importante es que el escenario rupturista parece alejarse, así como la posibilidad de que se reviertan las políticas adoptadas en los últimos años. No hay mayorías absolutas, de modo que no podemos tener claro si está vez podrá formarse gobierno. El único partido que ha mejorado el resultado es el que gobierna actualmente mientras que se ha visto frenado el empuje de los partidos con tendencias más contrarias a los mercados. En principio la situación proporciona un escenario con menor probabilidad para los cambios radicales en regulación empresarial o fiscalidad.

 

En política, en economía, en tecnología, en cualquier ámbito de la vida, resulta imprescindible evolucionar para adaptarnos a las circunstancias cambiantes y eso es lo que ahora nos exige la situación.

 

Virginia Pérez Palomino
Responsable de Renta Variable

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