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La irresponsabilidad de una clase política

La irresponsabilidad de una clase política

La irresponsabilidad de una clase política

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Se metieron en una aventura llamada independencia sin medir las consecuencias ni por un segundo

Y se consumó que el brexit está entre dos paredes que ni para adelante ni para atrás.

La votación de ayer no solo evidenció que el puesto le ha venido grande a Theresa May en estas circunstancias, sino la irresponsabilidad de una clase política que se metió a la aventura de la independencia sin medir las consecuencias ni por un segundo, claro ejemplo de lo que son la gran mayoría de los líderes mundiales del siglo XXI.

Empezó herida de muerte una hipotética victoria después de que el abogado general del Reino Unido rechazara el acuerdo alcanzado entre la premier y la Unión Europea, siendo la frontera irlandesa, cómo no, el punto de fricción que al menos en la teoría más está impidiendo el acuerdo entre las fuerzas políticas de las Islas. Sabido esto, la votación de hoy, en la que toca decidir si se descarta o no de forma oficial un hard brexit, apunta a que ganará la prórroga en el tiempo, si bien la libertad de voto dada por May hace no descartar nada.

Lo bueno de todo esto del brexit es que son ya dos años y medio largos desde la votación en los que nos ha dado tiempo más que de sobra a comprobar que los partidarios de la salida británica de la UE no tienen un plan más allá del sentimental. Quizás por eso el mercado reaccionó con relativa indiferencia, aunque mejor no menospreciar las probabilidades que se le pueden dar a una salida desordenada y las nefastas consecuencias que eso podría tener para la confianza económica allí y también aquí, en lo que sigue siendo Europa.

EE.UU. mira con recelo a este lado del Atlántico. Normal, la verdad. Pero ya tiene sus problemas ahora. Uno tiene nombre, Boeing, que está sufriendo una ola rechazo sobre el modelo que ha supuesto el 75% de los pedidos y que de alguna manera u otra tiene que hacerse notar sobre la actividad real, más aún como empiecen las cancelaciones por motivos de seguridad. El otro nombre y también apellido, guerra comercial, de la que estos días no se dice gran cosa pero que sigue dejando muertos por el camino allá por donde pasa, ahora con el desplome de los pedidos de maquinaria de Japón.

Antes de terminar y aunque hoy el día no está para ello, hay que comentar la lectura del IPC norteamericano correspondiente a febrero. Y hay que hacerlo porque aunque la general ha sido capaz de más o menos mantenerse, la tasa subyacente, más representativa del día a día de la economía, ha sufrido un descenso que devuelve la inflación a niveles del pasado agosto.

Buen día.

Amílcar Barrios Vilallonga
Dirección de Inversiones

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