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05/04/2022 AUTOR: Virginia Pérez Palomino Análisis & Inversiones

La guerra acelera la inversión en el sector agroalimentario

La invasión rusa de Ucrania está acelerando ciertas tendencias de inversión. Hoy hablaremos sobre agricultura, fertilizantes y la crisis alimentaria.

La forma en la que cultivamos alimentos hoy en día es insostenible. Estamos agotando los recursos del planeta a un ritmo acelerado. La producción de alimentos es muy intensiva en agua, energía y tierra y está en peligro la seguridad alimentaria de una población que no deja de crecer. Se prevé que se alcancen los 9.700 millones de personas en 2050. Además, la producción de alimentos también es vulnerable a los impactos cada vez mayores que produce el cambio climático.

Por eso, consideramos que la inversión en la transformación de la industria agrícola hacia un modelo agroalimentario sostenible a través de soluciones innovadoras representa una oportunidad para construir el progreso y debe formar parte de nuestras carteras.

Junto a estas razones tendríamos que destacar el papel de este sector como descorrelacionador frente a otros activos.

El sector de la agroindustria es muy amplio: las semillas y la protección de los cultivos; fertilizantes, maquinaria y equipos agrícolas; transporte y logística; sin olvidar a los productores de piensos, carne o la acuicultura, hasta la agricultura de precisión, la vertical y un largo etcétera.

La invasión rusa de Ucrania ha provocado un aumento récord de los precios de las cosechas, lo que ha interrumpido las cadenas de suministro agrícola, ha aumentado la presión sobre el coste de la vida y ha dejado a los países más pobres al borde de una crisis alimentaria. Ucrania y Rusia son los principales proveedores de trigo, siendo Ucrania la primera nación de Europa y la segunda del mundo en porcentaje de superficie cultivable; se la denomina el granero de Europa. Una situación que se ve agravada por los altos costes de transporte, la inflación energética, la escasez de mano de obra y el clima desfavorable en otras naciones productoras como Brasil.

Además, dentro de este efecto dominó que está impulsando la elevada inflación mundial de alimentos, hay que incluir la subida en el precio de los fertilizantes.

Antes del conflicto, los agricultores ya veían cómo el precio de los abonos se cuadruplicaba debido a los precios más altos del gas natural, pues la producción de amoniaco, necesario para los fertilizantes nitrogenados, necesita muchísima energía.

Ahora, la guerra en Ucrania y las sanciones económicas a Rusia están añadiendo problemas para el sector agrícola en muchos países de Europa, Asia Central y Brasil. Rusia es uno de los principales productores de fertilizantes a nivel mundial y el mayor productor a nivel europeo de fertilizantes a base de fosfatos. Por otro lado, Ucrania es uno de los principales exportadores de amoniaco, potasa, urea y también fosfatos. Países de Europa y Asia dependen de Rusia para obtener más del 50 por ciento de su suministro de fertilizantes. En concreto el sector agrícola alemán obtiene el 30 por ciento de su suministro de Rusia. India es otro gran importador en un país en el que la agricultura emplea a más de la mitad de la población activa. Y Brasil, el mayor productor de café, soja y azúcar, y al que se considera el granero del mundo, es también la superpotencia agrícola más dependiente de los abonos importados, trayendo de Rusia y Bielorusia hasta el 85% de las materias primas utilizadas para producir fertilizantes.

La dependencia de los abonos rusos afecta a la agricultura mundial y las sanciones, que bloquean los suministros de Rusia, están amenazando a los cultivos en todo el mundo. Una situación que ha generado una gran preocupación por la seguridad alimentaria y que ha hecho que hace unos días la FAO haya presentado una propuesta solicitando la exclusión de los fertilizantes de las sanciones a Rusia.

No olvidamos que los precios de los alimentos están estrechamente relacionados con la inestabilidad social. Así, la crisis alimentaria de 2008, causada por la sequía en países productores de trigo y arroz y la subida de los precios de la energía, provocó disturbios en más de 40 países de todo el mundo.

Correlación entre los precios de los alimentos y la inestabilidad política:

No les puede extrañar que se esté acelerando la tendencia inversora en agricultura y alimentación.

Virginia Pérez Palomino
Directora de Renta Variable

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