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10/04/2019 AUTOR: Análisis & Inversiones

¡Hágase la luz!

¡Hágase la luz!

Dice el libro del Génesis que “Dios dijo: Hágase la luz; y la luz se hizo. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”

Lo malo es que vino detrás el ser humano y lo complicó todo con una factura digna de un egiptólogo. Y así andaba yo, tratando de descifrar su composición, como si de una serie de jeroglíficos se tratara, cuando, entre la desesperación y el hastío, le di la vuelta a la factura de la luz y me encontré una grata sorpresa: el apartado “origen e impacto ambiental de la electricidad consumida”.

 

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) puso en marcha en 2015 el Sistema de Garantías de Origen para la generación renovable de energía eléctrica. Este permite, según la propia CNMC:

 

  • Acreditar por parte del titular de una instalación la producción de una determinada cantidad de energía procedente de fuentes renovables y/o cogeneración de alta eficiencia.
  • Acreditar por parte de un consumidor de energía eléctrica la cantidad de energía que ha consumido procedente de fuentes renovables y/o cogeneración de alta eficiencia.
  • Informar al consumidor final sobre el origen de la electricidad consumida y su impacto sobre el medio ambiente en términos de emisiones de CO2 y residuos radiactivos. Dicha información se muestra en todas las facturas enviadas a los consumidores.

Comprender la factura de la luz podría ser el decimotercer trabajo de Hércules, sin embargo, su origen e impacto ambiental se explica de manera sencilla y clara, como se aprecia en el siguiente gráfico.

 

 

¿Y cómo nos comparamos con el resto del mundo?

Si tomamos como referencia el informe “Global Energy and CO2 Status Report” que publica anualmente la Agencia Internacional de la Energía, nuestro país está haciendo los deberes con respecto a los datos de 2018.

 

Por una parte, la electricidad generada a nivel mundial a partir de carbón supone el 38%, mientras que en nuestro país no llega al 18%. Por otra parte, la utilización de energías renovables llega ya en España hasta el 32% de la electricidad producida, frente al 26% de la media mundial.

 

No obstante, todavía tenemos un amplio margen de mejora en el uso de energía nuclear, por la problemática que supone la gestión de los residuos radioactivos, dado que llegamos al 21% frente al 10% del agregado global.

 

¿Y podemos, como clientes, elegir a un comercializador más sostenible?

Los usuarios del servicio eléctrico en España ya tenemos manera de hacerlo, pues el sistema permite comparar nuestro distribuidor frente a la mezcla de producción del sistema eléctrico nacional, tanto en su composición como en el impacto que supone, tanto a nivel de emisiones de dióxido de carbono como a nivel de residuos radiactivos.

 

Así en nuestro análisis como clientes podemos incluir, además del precio, si queremos un distribuidor más sostenible y eficiente.

 

¿Cómo nos afecta esto a la hora de invertir?

Lógicamente, un consumidor más consciente tenderá a utilizar aquel proveedor que esté más alineado con esa sensibilidad, por lo que, a largo plazo, los ganadores serán aquellas compañías que

  • Hayan invertido en el desarrollo de tecnología sostenible.
  • Hayan invertido en mejorar la eficiencia operativa para minimizar los costes.
  • Hayan trasladado adecuadamente a los inversores su modelo de negocio para beneficiarse de un coste de capital más barato.

Ignacio Perea
Director de Inversiones

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