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24/06/2016 AUTOR: Javier Monjardín Análisis & Inversiones

Brexit sí

Brexit sí

Los ciudadanos británicos han decidido no continuar en la Unión Europea. Se abre un periodo de incertidumbre política, económica y de mercados.

Empezando por los mercados financieros, esta situación está provocando una venta masiva de activos de riesgo por parte de los inversores. La primera reacción es una huida de los inversores hacia los activos considerados refugio (deuda alemana, estadounidense, japonesa, dólar, yen y oro), donde estamos viendo multitud de bonos soberanos en terreno negativo. A la vez, la deuda periférica está experimentando un aumento de sus rentabilidades con la consiguiente caída en precio. En lo que respecta a la renta fija privada, sus diferenciales se están ampliando.

Por su parte, la renta variable en estos momentos está sufriendo fortísimas correcciones sin excepción. En el caso del Euro Stoxx 50 todas las miradas están puestas en no perder los mínimos del pasado 11 de febrero (2.672).

Decimos primera reacción porque no descartamos que durante el fin de semana los mandatarios europeos y británicos anuncien diferentes escenarios de cómo se podría llevar a cabo la salida del Reino Unido de la Unión Europea, los cuales deberemos de analizar en profundidad para ver si las correcciones en las bolsas pudiesen continuar. A ello se le suma la probabilidad de que el BCE y el Banco de Inglaterra, entre otros, puedan adoptar nuevas medidas.

En el mercado de divisas la apreciación de dólar estadounidense y del yen japonés es patente; por el contrario, la libra esterlina y el euro experimentan recortes con respecto al dólar. Si atendemos al cruce directo entre la divisa británica y la comunitaria, el movimiento es en favor del euro.

Centrándonos en temas económicos, el efecto más inmediato vendría de esa depreciación de la moneda inglesa, la libra, frente al euro, que supondría una pérdida de competitividad de los productos españoles y europeos frente a los ingleses y un menor poder adquisitivo de las familias británicas. De esta forma las empresas europeas con fuertes inversiones en el Reino Unido sufrirían a la hora de repatriar sus beneficios al verse afectados por un tipo de cambio negativo.

Las relaciones comerciales entre ambos bloques son muy fuertes, y a modo de ejemplo tenemos que las exportaciones españolas con destino Inglaterra ascienden a 18.231 millones de euros, por lo que esa pérdida de competitividad de los productos europeos podría mermar dicho comercio.

Por último, la bajada del poder adquisitivo de los ciudadanos ingleses encarecería sus vacaciones y afectaría al turismo europeo, y especialmente al español, teniendo en cuenta que un 20% de los ingresos de este sector provienen de los habitantes de dicho país.

A largo plazo, es difícil medir las repercusiones debido a que existen diversos escenarios. Habría que ver si se produce una salida suave con la firma de un nuevo tratado de libre comercio o una salida más brusca en la que ese tratado se formalizaría con más barreras y cuyo impacto sería más severo, provocando un mayor deterioro en el crecimiento de ambos bloques económicos. Estas negociaciones tienen un plazo inicial de dos años.

Finalmente, por el lado político nos encontraríamos con que podría ponerse en duda el proyecto europeo, motivo por el cual la cúpula de la Unión Europea se reúne hoy para coordinar estrategias, apaciguar ánimos y blindar el proyecto.

Javier Monjardín
Director de Análisis

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