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27/03/2026 AUTOR: Daniel Lacalle Estrategias

¿Invertir en petroleras ante el alza del petróleo?

Invertir en petroleras como apuesta segura ante un pico temporal del crudo suele ser una idea peligrosa. Hacerlo ante una guerra cuyo efecto en destrucción de demanda puede ser mucho mayor que el repunte de la materia prima es mucho más arriesgado. La historia reciente de 2008, 2018, 2022 y 2025 lo demuestra.

 

Invertir en petroleras debe hacerse con un análisis de fundamentales independiente del precio spot del crudo y el gas natural, y analizando la creación de valor en la mitad del ciclo, no subiéndose a una ola de corto plazo que las propias petroleras no recogen en sus beneficios.

 

El índice SXEP recoge petroleras europeas muy sensibles a diferentes negocios, expectativas, inversión y regulación, y en muchos casos, son fundamentalmente refinerías, no empresas que capturan el precio “spot” del crudo.

 

Los picos de precio suelen coincidir con tramos finales de ciclo o shocks de oferta, donde el riesgo de corrección del sector y del mercado es elevado. En esas fases, índices amplios como S&P 500, Nasdaq o Stoxx 600 ofrecen mejor rentabilidad ajustada a riesgo en el medio plazo que una entrada táctica en petroleras que, además, suele llevarse a cabo cuando el shock inicial ya ha movido las acciones.

 

Por qué el precio del crudo engaña al inversor en petroleras.

El argumento típico es: “sube el petróleo, compro petroleras”. Ese salto intuitivo confunde precios spot con ingresos y caja, y olvida tres frenos importantes:

  • El mercado descuenta el ciclo: cuando el inversor minorista ve el pico del crudo en titulares, el tramo fuerte de revalorización del sector ya ha ocurrido.
  • Costes y CAPEX: más precio del crudo también trae presión regulatoria, mayores impuestos, más exigencias medioambientales y planes de inversión elevados que reducen el flujo libre de caja futuro.
  • Un precio del crudo alto perjudica a las empresas con un alto grado de refino o química en su estructura de negocio.

 

Si, además, el mercado percibe que el repunte del crudo es transitorio, ese aumento de beneficios en las valoraciones capitaliza poco tiempo. “El alza de la acción dura hasta que presentan resultados”, es una frase acuñada por Mark Mobius que refleja la diferencia entre precio de la materia prima y su correlación con beneficios.

 

Las empresas petroleras, especialmente las europeas, son muy pro-cíclicas y complejas, y como tales deben ser tratadas. Tomar una decisión de inversión ligada a un evento externo puede llevar a confundir momentum con oportunidades. Es por ello por lo que la inversión debe ser analizada aparte del entorno geopolítico, y tampoco ignorar que estas empresas, en su mayoría concesionarias, pueden sufrir expropiaciones y ataques en periodos de incertidumbre política.

 

Una empresa petrolera es, en realidad, una gestora de activos que busca generar rentabilidad a precios bajos, cuya sensibilidad a la volatilidad de precio de corto plazo es muy baja. Además, su atractivo debe estar centrado en su baja volatilidad de caja a pesar de tener márgenes limitados, no en lo contrario.

 

La creación o destrucción de valor por adquisiciones en empresas que son fundamentalmente gestoras de activos concesionarios es relevante. Algunas empresas energéticas europeas son conocidas por invertir cantidades multimillonarias en periodos de bonanza y desinvertir con precios bajos, con honrosas excepciones, por eso el sector cotiza a una ratio de PER y EV/EBITDA inferior a la media de otros sectores. Así, usar petroleras como “protección” automática ante un pico de petróleo de unos meses es conceptualmente sencillo, pero empíricamente pobre.

 

Esto es todavía más complejo con los eventos geopolíticos y las guerras. Entre 2022 y 2025 se dieron siete grandes conflictos en Oriente Medio y África sin impacto en el precio del petróleo. En términos reales, el precio del petróleo en medio de la guerra de Irán está por debajo de los niveles de mitad de ciclo. Y la inflación importa, tanto para el precio nominal de la materia prima como para los costes de exploración, producción y desarrollo. No olvidemos que en 2022 el alza del precio del crudo y el gas natural se desinfló en dos meses y antes de fin de año y cuatro años después las materias primas no han tocado el pico de ese año ni en términos reales ni nominales.

 

¿Por qué el riesgo geopolítico afecta menos y durante menor tiempo? Ignorar que, desde 2007, Estados Unidos ha pasado de ser el mayor consumidor de petróleo y gas importado a ser independiente en gas natural y el mayor productor de crudo del mundo hace que sea cómodo rememorar crisis pretéritas, pero imprudente. Estados Unidos ha pasado de ser un amplificador de riesgo geopolítico en las materias primas a un colchón global. A él se une una OPEP que no busca perjudicar a sus clientes sino mostrarse como el suministrador más fiable, competitivo y flexible.

 

En 2008, el crudo se disparó por encima de 140 dólares antes de hundirse con la crisis financiera. Ese pico fue un escenario ideal para quien pensara que las petroleras son un gran refugio, pero el contexto macro fue letal para todo el mercado, incluyendo energía. El SXEP se vio arrastrado por el crash de renta variable global, con caídas muy significativas al estallar la crisis de crédito. La cobertura petrolera no protegió a los inversores frente a un shock sistémico, ya que el desplome posterior del petróleo y el re-equilibrio de riesgo de crédito penalizaron también a las petroleras, cuyos planes de inversión son gigantes. El petróleo cayó a 55 dólares en poco tiempo.

 

2018 fue otro ejemplo de subida del crudo en un entorno de tensiones geopolíticas y de oferta, seguido por una corrección de mercado. El SXEP tuvo un comportamiento volátil, con repunte inicial ligado al crudo y corrección posterior cuando el mercado empezó a descontar desaceleración global.

 

Para el inversor que entra en petroleras cuando el petróleo ya ha subido y la prensa habla del rally energético, el resultado suele ser todavía más pobre, con baja protección de cartera y mucho riesgo específico. Para el que espera pacientemente en periodos de bonanza a que haya un evento geopolítico o un repunte del crudo, supone perder la oportunidad del resto del mercado. Es por ello que los inversores profesionales que no entran en pánico con titulares de corto plazo eligen de manera muy selectiva aquellas empresas que dan una buena combinación de gestión prudente de la cartera de proyectos, inversión, rentabilidad sobre el capital empleado, crecimiento y generación de caja en la parte baja y media del ciclo, y lo hacen dentro de una cartera diversificada, no entrando porque lo indica la última portada de The Sun.

 

2022 fue el caso más claro y reciente a favor del relato… en apariencia: guerra en Ucrania, crudo al alza, gas disparado y energía como sector estrella a corto plazo. Pero el error está en extrapolar ese año aislado. Si uno mira 2022 solo, parece que la tesis de protección con petroleras funciona. Si miramos 2022–2025 como bloque, el inversor que rotó agresivamente a petróleo perdió gran parte del rebote estructural de los índices amplios de acciones, especialmente de tecnología y calidad, generando rentabilidades inferiores a la inflación. En 2023, 2024 y 2025, incluso con guerra en Ucrania y Gaza, la foto es peor.

 

La evidencia empírica del SXEP (Oil & Gas Europa) en el periodo 2008–2025 es de una revalorización del +128% en dólares, comparado con el Stoxx 600 +140%, el S&P 500 +530% y el Nasdaq 100 +1.200%. Si lo miramos en euros, el SXEP Index subió mucho menos que el petróleo, que el XLE, que el S&P 500 o el Nasdaq. Es decir, el “trade fácil” de entrar en petroleras después del shock se enfría, mientras las grandes referencias mundiales recuperan la tracción y compensan, con creces, la caída del año del shock.

 

La evidencia de los datos en euros y en dólares es que la inversión en el SXEP Index, salvo honrosas excepciones de valores individuales, es la definición empírica de “calorías vacías”. Supone una inversión cara, volátil y no da rentabilidad a largo plazo ni protección en las crisis financieras.

 

Las petroleras, como las mineras de oro, son mucho más que el precio del petróleo. La gran mayoría de esas empresas tienen muy poca sensibilidad al precio del petróleo, algo que, por otro lado, las propias compañías reiteran hasta la saciedad en periodos de bajo precio del crudo. Adicionalmente, tienden a hacer compras inorgánicas a valoraciones sorprendentes en periodos de bonanza de caja, por ello el mercado les asigna un descuento de conglomerado relevante. No podemos olvidar tampoco que las petroleras son concesionarias y con negocios muy diversificados, como hemos comentado, donde la rentabilidad sobre el capital empleado apenas supera el coste de capital, con honrosas excepciones.

 

Para el inversor interesado en petróleo, son más atractivas las empresas exploradoras, menos condicionadas políticamente, pero son también mucho más volátiles y con comportamientos muy desiguales. El XLE Index, que recopila a las principales petroleras estadounidenses, refleja un comportamiento mejor que el SXEP Index, europeas, en el periodo mencionado (+171%) pero no mucho mejor y, desde luego, ni de lejos cercano a los índices como el Nasdaq o el S&P 500. El índice de empresas de servicios petroleras, que debería tener una elevada correlación con el crudo, también ha tenido un comportamiento mucho peor.

 

Curvas 2008 a 2026

 

En el horizonte de varios años y para inversores a largo plazo, una cartera diversificada en sectores con mayor rentabilidad y menor necesidad de capital supera la rentabilidad de una apuesta táctica tomada tarde en el ciclo petrolero.

 

El inversor que compra petroleras en máximos de ruido geopolítico compra volatilidad, riesgo regulatorio y riesgo de confiscación, no beneficios extraordinarios, como explica SP Global. No se trata de creer o dejar de hacerlo, sino de analizar y mirar más allá. Para la fe está la Iglesia, para invertir, el análisis.

 

Un pico temporal del precio del crudo no justifica rotar agresivamente la cartera hacia petroleras. Una guerra es una muy mala señal para comprar empresas cuya rentabilidad se forja en inversiones a 30 años. De hecho, el impacto en la materia prima de la guerra depende significativamente de la percepción de la demanda marginal y, como hemos visto en los conflictos desde 2022, suele tener un efecto de muy corto plazo. Ser selectivos y prudentes, mirar más allá del ruido y no confundir titulares con tendencias es clave a la hora de invertir, sea en petroleras o en cualquier sector.

 

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Daniel Lacalle - Firma Blog

Economista jefe de Tressis

Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión.

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