
Inflación e inversión en IA: nuevas presiones para las bolsas
La inflación estadounidense volvió a dar un disgusto a los mercados en la sesión del miércoles. El índice de precios al consumo (IPC) repuntó en septiembre hasta el 3,7% interanual, frente al 3,4% de agosto y el 3,6% que esperaba el consenso. En términos mensuales, los precios aumentaron un 0,6%, dos décimas más que en agosto. Tampoco ayudó la inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles de energía y alimentos: se situó en el 2,6% interanual, frente al 2,4% anterior. El dato complica las perspectivas de la Reserva Federal, que afronta su próxima reunión, prevista para el 28 de octubre, con una inflación que vuelve a alejarse de su objetivo del 2%.
Buena parte de la sorpresa tuvo su origen en la energía. La gasolina se encareció un 9,1% durante septiembre y acumuló una subida interanual superior al 34%, mientras que el conjunto de los productos energéticos registró un incremento del 20,4% respecto al año anterior. De hecho, la gasolina explicó más de la mitad del aumento mensual del IPC. Sin embargo, sería un error atribuir toda la presión inflacionista al petróleo. Los costes de alojamiento avanzaron un 0,4% mensual, una décima más que en agosto, y distintas categorías de servicios y bienes también registraron incrementos. El componente energético explica buena parte del deterioro, pero la inflación subyacente recuerda que el problema no termina en las gasolineras.
La tecnología concentra las ventas en Wall Street
En Wall Street, las ventas se concentraron especialmente en las compañías tecnológicas y de crecimiento. El Nasdaq retrocedió un 1,9%, el S&P 500 perdió un 1,1% y el Dow Jones consiguió limitar sus pérdidas al 0,1%. El Russell 2000, más expuesto a empresas de menor capitalización y sensibles a las condiciones de financiación, cedió un 1,9%. La diferencia entre índices resulta especialmente ilustrativa: el mercado no castigó por igual a todas las compañías, sino que volvió a mostrar una sensibilidad considerable a las valoraciones y a las necesidades de financiación.
El castigo a las tecnológicas también refleja una preocupación que venía ganando protagonismo antes de publicarse el IPC: la financiación de las enormes inversiones en inteligencia artificial. El despliegue de centros de datos exige cantidades crecientes de capital y, con los tipos de interés elevados, los inversores prestan cada vez más atención al endeudamiento, los flujos de caja y la rentabilidad futura de esos proyectos. El sector de semiconductores volvió a sufrir especialmente, mientras que CoreWeave, uno de los exponentes de la infraestructura de IA financiada mediante deuda, se desplomó más de un 15%. La demanda tecnológica puede seguir creciendo con fuerza, pero eso no significa que cualquier valoración o estructura financiera resulte aceptable.
ASML y China muestran la fortaleza de la demanda tecnológica
En Europa, sin embargo, la sesión ofreció una imagen más favorable. El STOXX 600 avanzó un 0,5%. Uno de los focos de atención estuvo en ASML, cuyos resultados recordaron que la inversión en semiconductores continúa siendo extraordinariamente intensa. El fabricante neerlandés elevó sus previsiones de facturación anual hasta una horquilla de entre 44.000 y 45.000 millones de euros y señaló que algunos clientes ya están solicitando capacidad de producción para 2029 y 2030. Sus acciones avanzaron en Ámsterdam, aunque posteriormente sus títulos cotizados en Estados Unidos acusaron la corrección tecnológica.
Desde China también llegaron señales de fortaleza en el sector tecnológico. Las exportaciones aumentaron un 36,3% interanual en septiembre, muy por encima del 25,5% esperado y del 25% registrado en agosto, impulsadas especialmente por la demanda internacional de semiconductores y equipos relacionados con la inteligencia artificial. Las importaciones también sorprendieron al alza, con un crecimiento del 31%, mientras que el superávit comercial alcanzó los 133.530 millones de dólares. Las cifras confirman la capacidad de la industria china para aprovechar el ciclo inversor tecnológico global, aunque también ponen de manifiesto su creciente dependencia de la demanda exterior para compensar la debilidad del consumo interno. Un desequilibrio que, además, amenaza con alimentar nuevas fricciones comerciales con Estados Unidos y Europa.
Los resultados bancarios y la energía añaden presión
La temporada de resultados estadounidenses añadió otro foco de presión. Bank of America comunicó un beneficio trimestral de 6.900 millones de dólares, inferior a los 8.300 millones del mismo periodo del año anterior, afectado por una sanción regulatoria de 1.200 millones relacionada con deficiencias en sus controles contra delitos financieros. Sus títulos retrocedieron cerca de un 5%. Morgan Stanley, por su parte, presentó un beneficio por acción superior a las previsiones, pero sus acciones también terminaron en negativo. Los inversores parecen poco dispuestos a pasar por alto cualquier debilidad en un entorno macroeconómico cada vez más exigente.
Por último, Oriente Próximo continúa siendo una fuente de presión sobre los precios energéticos. Un nuevo ataque de los hutíes contra la sede de Saudi Aramco en Arabia Saudí recordó la fragilidad del suministro regional, mientras el brent se mantenía por encima de los 106 dólares por barril. La conexión con el dato estadounidense de inflación resulta especialmente incómoda para los bancos centrales: mientras persista la tensión energética, será más difícil asegurar una desaceleración sostenida de los precios sin comprometer el crecimiento.
De cara a este jueves, la atención volverá a Estados Unidos, donde se publicarán las ventas minoristas de septiembre, los precios de producción y las solicitudes semanales de subsidio por desempleo. Los inversores buscarán pistas sobre la transmisión de las presiones inflacionistas a las empresas y, sobre todo, sobre la resistencia del consumo estadounidense. En el ámbito corporativo destacarán los resultados de Taiwan Semiconductor, especialmente relevantes después de las cifras de ASML y de las últimas correcciones del sector tecnológico.
Analista









