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16/02/2026 AUTOR: Samuel Pérez Análisis & Inversiones

Navegando la volatilidad de los mercados

Las jornadas recientes han transformado el ejercicio de asignar capital en una actividad particularmente arriesgada. La incertidumbre predominante alcanza cotas cada vez más elevadas y el ánimo de los inversores ha experimentado un deterioro notable en los últimos días. Es el giro de la actitud inversora navegando en la volatilidad de los mercados. De hecho, el medidor de «miedo y codicia» (Fear & Greed Index de CNN) ha transitado en escasamente siete días desde un territorio propio de la euforia hacia una zona claramente marcada por el temor y la cautela.

 

Esta transformación se materializó después de que Donald Trump, mandatario estadounidense, describiera como «excelente» la situación del dólar, a pesar de que la divisa había alcanzado su cotización más débil en cuatro años respecto al euro. Posteriormente, con el anuncio de Kevin Warsh como futuro responsable de la Reserva Federal, el billete verde experimentó una fuerte apreciación frente a otras monedas y se desató una verdadera tormenta en los mercados. Este movimiento golpeó severamente las cotizaciones del oro y la plata, dado que ambos metales mantienen una correlación negativa con la fortaleza del dólar.

 

 

Correcciones simultáneas en activos dispares

¿Qué vincula a los metales preciosos como oro y plata con sectores como el software o activos digitales como Bitcoin? Las caídas generalizadas.

 

En lo que respecta a las materias primas preciosas, el intenso apetito demostrado en meses recientes por incluirlas en las asignaciones de capital había conducido a numerosos participantes del mercado a acumular exposiciones muy significativas y, frecuentemente, amplificadas mediante instrumentos derivados. Esto implica que controlaban volúmenes considerables de estos metales con cantidades relativamente modestas de capital en forma de márgenes, magnificando tanto las ganancias potenciales como, en escenarios desfavorables como el presente, las pérdidas resultantes.

 

Frente a este panorama de volatilidad extrema, CME Group —el mercado de derivados más relevante globalmente— decidió elevar de forma inmediata los márgenes requeridos para operar con oro y plata. Esta decisión forzó a múltiples inversores a liquidar posiciones, lo que generó una salida adicional de fondos hacia otras alternativas de inversión.

 

El desierto cripto y la crisis del software

 

En el territorio de los activos digitales, con Bitcoin como referente principal, el ecosistema permanece sumido en una travesía particularmente difícil tras haber cedido aproximadamente la mitad de su capitalización desde los picos registrados en octubre del ejercicio anterior. En ese momento, la valoración agregada del mercado llegó a alcanzar 4,34 billones de dólares, contrastando con los cerca de 2,46 billones actuales. Esta corrección evidencia una percepción incrementada del riesgo por parte de inversores que, en un entorno geopolítico progresivamente más complejo e incierto, han preferido reposicionarse hacia categorías de activos percibidas como más conservadoras.

 

Por su parte, las compañías de software atraviesan algo semejante a una crisis de identidad tras el lanzamiento por Anthropic —firma especializada en inteligencia artificial— de una nueva solución legal capaz de automatizar tareas como el análisis de contratos y documentación jurídica, lo que cuestiona el posicionamiento de estos proveedores tradicionales en un panorama tecnológico radicalmente transformado.

 

Señales de alerta en la deuda tecnológica

Las liquidaciones masivas no se confinaron exclusivamente al mercado accionario: también los tenedores de bonos han comenzado a cuestionar la viabilidad del endeudamiento de las corporaciones tecnológicas y, particularmente, de aquellas empresas de software con perfiles financieros más comprometidos.

 

Como resultado, en las últimas cuatro semanas hasta 18.000 millones de dólares en emisiones de deuda corporativa vinculada a este sector han pasado a clasificarse como deuda en situación crítica (distressed debt). Esto significa que los inversores demandan rentabilidades superiores para conservar estos títulos, al detectar un riesgo de incumplimiento más elevado y una posición financiera más vulnerable en estas organizaciones. Con esta evolución, el volumen agregado de emisiones de deuda tecnológica en dificultades alcanza ya los 46.900 millones de dólares, el registro más alto desde octubre de 2022.

 

El dilema de la inversión masiva en IA

Durante la semana precedente, cuatro de los principales operadores de infraestructura en la nube (hyperscalers) —Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta— revelaron incrementos sustanciales en su inversión destinada a inteligencia artificial, que en determinados casos exceden el 50%. En efecto, únicamente estas cuatro corporaciones han comunicado proyecciones de gasto para 2026 superiores a los 650.000 millones de dólares enfocados al desarrollo de esta tecnología. No obstante, lejos de despejar incertidumbres, este aumento del compromiso inversor ha intensificado los cuestionamientos sobre la viabilidad y el retorno de dichas iniciativas, colocando a las grandes tecnológicas en el centro de la controversia.

 

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Samuel Pérez Ogayar
Analista

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