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05/01/2026 AUTOR: Gabriel Antonio Justiniano Análisis & Inversiones

El final del ciclo de relajación monetaria

Cerrado el 2025, una conclusión se impone en el panorama financiero: el amplio proceso de reducciones en el coste del dinero que arrancó tras el repunte de la inflación ha alcanzado su etapa conclusiva. Durante estos doce meses, las autoridades monetarias de las principales economías han reducido sus tasas de referencia de manera considerable, aunque siempre con un discurso progresivamente más cauto y vinculado a la información económica disponible.

 

Las decisiones adoptadas en las últimas reuniones del año no solo han importado por su contenido técnico, sino especialmente por el mensaje transmitido. Los inversores han escrutado cada palabra buscando pistas sobre si las instituciones mantendrían una postura restrictiva o si, por el contrario, habrían asimilado las enseñanzas de episodios anteriores.

 

 

2025: el año de la normalización

El ejercicio que concluye puede caracterizarse como un periodo de normalización paulatina. La Reserva Federal ha operado en los últimos tiempos guiándose por información estadística que llegaba con cierto desfase temporal, justo cuando la entidad prácticamente había dado por finalizado su calendario anual. El ajuste a la baja de diciembre no sorprendió al mercado, y su máximo responsable admitió que las tasas se aproximaban ya a un territorio considerado neutral, tras una secuencia de movimientos justificada por la atenuación de las presiones sobre los precios y respaldada por un mercado de trabajo que ha demostrado una fortaleza inesperada.

 

BCE y Japón: estrategias divergentes

Al otro lado del Atlántico, el BCE implementó una estrategia algo más agresiva para contrarrestar un dinamismo económico claramente insuficiente. Mientras tanto, Japón ejecutó uno de los virajes más significativos al poner fin definitivamente a su era de tasas bajo cero. No obstante, lo que parecía configurarse como un cierre de año tranquilo se ha convertido, en estas últimas jornadas de diciembre, en un entorno bastante más inestable de lo anticipado. El escenario global respecto al precio del dinero luce ahora considerablemente menos favorable que hace escasas semanas, apuntando a que el próximo año podría caracterizarse por mayores sacudidas.

 

La inversión de la estrategia monetaria

Esta percepción de transformación estructural se ha afianzado tras las declaraciones recientes de distintas instituciones multilaterales, que han perturbado la tranquilidad de los mercados. Al plantear que el siguiente movimiento en varias economías relevantes podría consistir en elevar las tasas, se ha enfriado el ánimo estacional. Lo que recientemente parecía una trayectoria inequívoca de recortes se ha convertido en un interrogante sobre una potencial inversión completa de estrategia. El denominador común es una inflación que persiste tercamente sobre el objetivo mientras la actividad económica mantiene su vigor, colocando a las autoridades monetarias ante un dilema complejo.

 

Mirando hacia 2026, el concepto central será la fragmentación. Si algo caracteriza el horizonte es la asincronía entre las grandes potencias económicas: mientras algunas contemplan pausas extendidas en sus ajustes, otras conservan una orientación más favorable a la flexibilización debido a la fragilidad de su consumo interno. Esta descoordinación en las políticas monetarias amenaza con desencadenar turbulencias en los mercados de deuda soberana.

 

Gestión activa

Ante este panorama de incertidumbre creciente, se requiere una aproximación mucho más dinámica y selectiva en las estrategias de renta fija. La era de confiar en que las reducciones de tasas generarían retornos por sí solas ha terminado; el verdadero impulso a la rentabilidad provendrá de la habilidad para identificar oportunidades de valoración relativa en un contexto donde las herramientas fiscales podrían comenzar a sustituir a las monetarias como principal palanca de estímulo.

 

La comunicación como factor clave

Los bancos centrales han alcanzado el cierre del ejercicio condicionados por estadísticas rezagadas, compromisos previos y relatos institucionales difíciles de modificar, pero también con capacidad para reformular su narrativa durante el año entrante. Si algo ha quedado patente en estas semanas finales es que, más allá de los movimientos técnicos en los tipos, lo verdaderamente relevante ha sido la comunicación: cómo se evalúa la trayectoria reciente, se administra la coyuntura actual y se sientan las bases para lo venidero. El auténtico cambio no dependerá únicamente de lo acontecido, sino de la agilidad para responder cuando las circunstancias lo exijan.

 

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Gabriel Antonio Justiniano
Analista

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