
El lunes arranca con los mercados todavía en modo digestión navideña. La sesión del viernes fue anodina. Wall Street cerró prácticamente plano —el S&P 500 cedió un testimonial 0,03%, el Nasdaq un 0,09% y el Dow un 0,04%— en una jornada de bajo volumen y pocas ganas de sobresaltos. Pese a ese cierre sin brillo, la renta variable estadounidense completó su mejor semana en un mes y cerca de cerrar el octavo mes consecutivo de subidas, consolidándose casi en máximos históricos.
En Europa no tuvimos referencias, mientras que en Asia, Japón volvió a destacar con una subida de 0,68% en el Nikkei y la India corrigió ligeramente. El balance semanal fue claramente positivo, apoyado en una narrativa que se repite con insistencia: la economía aguanta, los beneficios siguen sorprendiendo positivamente y nadie parece dispuesto a desafiar al mercado justo antes de cruzar la línea de meta del año.
Para los mercados de renta fija la fotografía fue similar: estabilidad casi quirúrgica. El bono estadounidense a diez años cerró en el 4,13%, sin cambios relevantes, mientras que las tires europeas se movieron dentro de un rango estrecho en los pocos parqués que abrieron. El mercado de deuda parece haber aceptado, al menos de momento, que el ciclo de recortes será gradual y que no hay urgencias. El dólar volvía a debilitarse frente al euro y se acerca al 1,18 frente a la moneda europea. Los activos japoneses se estabilizaron tras un periodo de volatilidad del yen y de la deuda de largo plazo. Esta mayor calma se apoyó tanto en las promesas del ministro de Finanzas, que advirtió de una posible “acción contundente” para apoyar la divisa, así como por el gobernador del Banco de Japón, quien reiteró su compromiso con el control de la inflación.
Más movimiento hubo en las materias primas. El petróleo corrigió con fuerza —el Brent cayó un 2,6% hasta los 60 dólares— en un contexto marcado por avances en las conversaciones de paz en Ucrania y la expectativa de que un eventual acuerdo pueda devolver más crudo ruso al mercado. El oro, en cambio, volvió a marcar máximos históricos, apoyado en la debilidad del billete verde y en un contexto geopolítico que sigue lejos de despejarse del todo.
Con este telón de fondo, hemos iniciado el periodo estacional conocido como rally de Santa Claus. El periodo que abarca las últimas cinco sesiones del año y las dos primeras del siguiente ha arrancado sin fuegos artificiales, pero tampoco con decepciones. Históricamente, cuando este tramo es positivo, enero suele acompañar y el año siguiente arranca con buen pie. No es una ley económica, pero sí una pauta que muchos gestores observan con atención. La explicación es menos mística de lo que parece. El cierre de carteras, los objetivos anuales y la escasez de vendedores naturales generan un sesgo alcista difícil de combatir.
En el plano macroeconómico, Europa sigue moviéndose en una zona incómoda, a medio camino entre el alivio y la resignación. Alemania volvió a ser protagonista tras las previsiones del Bundesbank, que anticipa una salida gradual de la recesión, aunque no antes de 2026. Para 2025 se espera un crecimiento del 0,2%, apenas un suspiro, con una aceleración posterior apoyada en el gasto público y una tímida recuperación de las exportaciones.
El problema es que el optimismo no termina de calar en el tejido empresarial. Según el instituto Ifo, más de una cuarta parte de las empresas alemanas espera que su situación empeore en 2026 y casi un 60% cree que no cambiará. No es un escenario de crisis aguda, pero sí de resignación prolongada. La recuperación, si llega, lo hará sin épica y a un ritmo que difícilmente entusiasmará a los mercados.
Al otro lado del Atlántico, el mensaje es muy diferente. Estados Unidos sigue transmitiendo una sensación de fortaleza relativa, suficiente para sostener expectativas de beneficios empresariales elevadas. Además, la Fed de Atlanta publicaba el martes sus estimaciones de crecimiento de este trimestre, situándolas en el 3%, a pesar del cierre de la Administración.
China, por su parte, ha dejado claro que en 2026 apostará de forma más decidida por la política fiscal. Pekín ha anunciado que ampliará el gasto público en 2026, con inversiones dirigidas a sectores estratégicos como la manufactura avanzada, la innovación tecnológica y el capital humano. Con el margen monetario cada vez más estrecho y el ajuste inmobiliario aún sin resolver, el Gobierno parece dispuesto a asumir un mayor protagonismo para sostener el crecimiento.
En el terreno geopolítico, el fin de semana dejó titulares relevantes. El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró haber mantenido conversaciones “muy productivas” tanto con Vladímir Putin como con Volodímir Zelenski, en un intento por desbloquear un acuerdo de paz en Ucrania. El tono fue optimista, pero el contenido sigue siendo delicado, especialmente en lo relativo a posibles concesiones territoriales.
El mercado, de momento, se queda con el titular y no con la letra pequeña. La caída del petróleo es una buena prueba de ello. Pero la experiencia invita a la prudencia: los procesos de negociación rara vez son lineales y cualquier giro inesperado puede devolver rápidamente la prima de riesgo a los precios. En este punto conviene recordar una frase de Brigitte Bardot (DEP): «No hay fealdad, solo hay belleza que aún no ha sido descubierta». En los mercados, esa belleza suele esconderse en los momentos de calma incómoda, cuando no hay grandes narrativas ni movimientos espectaculares, pero sí ajustes silenciosos que acaban marcando el rumbo de los meses siguientes.
La semana que empieza será corta por las festividades del Año Nuevo, pero no exenta de referencias. Este lunes se conocerán datos de comercio en Hong Kong, producción industrial en India y varias cifras en Estados Unidos, como las ventas de vivienda de segunda mano y los inventarios de crudo. También se publicará el resumen de las opiniones del Banco de Japón, que puede dar pistas adicionales sobre el ritmo de normalización monetaria.
El martes llegará el acta de la última reunión de la Reserva Federal, probablemente uno de los pocos eventos con capacidad real para mover mercado en estos días. Los inversores buscarán pistas sobre el grado de consenso interno y sobre cómo de cómoda se siente la Fed con el actual nivel de tipos. El miércoles los mercados cerrarán antes de lo habitual o directamente no abrirán. La atención, por ello, se desplazará a los PMI chinos y a algunos datos de inflación en Europa. A partir del jueves, con el cambio de año, el calendario se vacía casi por completo y la liquidez se reduce al mínimo.
Buena semana.