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07/09/2026 AUTOR: Álvaro Pérez-Maura Anàlisi & Inversions

Irán, China y el dólar: el difícil equilibrio de Scott Bessent

Irán, China y dólar

La renovada presión económica de Washington sobre Irán abre un frente cuyas consecuencias trascienden ampliamente lo que ocurra en Teherán. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha intensificado el cerco sobre empresas y entidades que sostienen vínculos comerciales con el régimen iraní, extendiendo el alcance de las sanciones secundarias y apuntando en particular a quienes facilitan la venta de crudo iraní, su logística de transporte o sus circuitos financieros.

 

La paradoja china

La meta es nítida: asfixiar las vías de ingresos de Irán y encarecer cualquier vínculo comercial con el país. No obstante, el plan de la Casa Blanca choca con una contradicción de fondo. Aislar realmente la economía iraní exige actuar contra su principal aliado comercial: China. El inconveniente radica en que una presión demasiado agresiva sobre firmas y organismos chinos podría convertirse en sí misma en un foco de inestabilidad para los mercados, con repercusiones sobre el comercio internacional, la energía, la inflación, las perspectivas de crecimiento y, en definitiva, el precio de los activos financieros.

 

China, la vía de escape de Teherán

Hoy por hoy, China constituye la principal válvula de escape para la economía iraní. Según cálculos del propio Tesoro norteamericano, el gigante asiático absorbe en torno al 90% del crudo exportado por Irán, en gran medida mediante refinerías independientes y esquemas comerciales pensados específicamente para esquivar el sistema financiero occidental. Una parte relevante de este comercio se liquida, además, en yuanes, lo que permite a Teherán aligerar su dependencia del billete verde.

 

Hasta el momento, las sanciones del Tesoro se han centrado en compañías, intermediarios y embarcaciones concretas, sin llegar a un choque frontal con la gran banca china. La razón resulta comprensible: penalizar a una refinería menor o a una empresa de logística tiene un impacto limitado, mientras que cortar el acceso al dólar a un banco chino de gran tamaño sería una jugada de un calibre completamente distinto.

 

 

El límite de la estrategia estadounidense

Ahí es donde probablemente se encuentra el techo de la estrategia estadounidense. Las sanciones secundarias funcionan porque el acceso al dólar y a la infraestructura financiera de Estados Unidos continúa siendo indispensable para gran parte del comercio global. Pero emplear esa palanca contra grandes entidades chinas podría desencadenar represalias y nuevas turbulencias en un contexto ya tensionado por aranceles, restricciones tecnológicas y controles a materias primas estratégicas.

 

El petróleo se perfila como el canal principal a través del cual esta presión puede propagarse al conjunto de la economía global. Recortar los ingresos energéticos iraníes figura entre las vías más eficaces para minar su músculo financiero, pero si las sanciones lo logran de forma notable, se abre —además de un eventual pulso con Pekín— una segunda vía de contagio hacia los mercados.

 

Las reservas iraníes

Si las nuevas restricciones estadounidenses recortan sustancialmente los ingresos petroleros de Irán, el país podría verse forzado a echar mano de sus reservas internacionales —divisas, oro y otros activos— para atender sus compromisos fiscales y sus importaciones. Una eventual venta de estas posiciones podría generar presión bajista más allá de sus fronteras, en particular en el mercado del oro, donde las cotizaciones se mueven en máximos históricos y la demanda de los bancos centrales ha cobrado un peso notable. Por eso, más allá del efecto de las sanciones sobre el crudo, convendrá seguir de cerca si el deterioro de las cuentas iraníes empuja a Teherán a monetizar parte de sus reservas como vía alternativa de financiación.

 

Qué pasaría con una escalada mayor

Si se llegara a una escalada de tal magnitud, las consecuencias para los mercados financieros podrían ser mucho más extensas. Una reacción de Pekín, seguida de nuevas medidas estadounidenses, podría golpear al comercio, a las cadenas de suministro, a ciertas materias primas y a los precios de la energía, disparando la incertidumbre sobre inflación y crecimiento. En bolsa, esto podría traducirse en presión sobre los márgenes empresariales, mayores primas de riesgo y recortes en las previsiones de beneficios. En renta fija, un nuevo repunte inflacionista podría mantener altas las rentabilidades de los bonos y estrechar el margen de maniobra de los bancos centrales para acelerar los recortes de tipos.

 

Para el inversor particular, la cuestión está, por tanto, mucho más cerca de lo que aparenta. El curso que tomen las sanciones puede acabar afectando a algunas de las variables que más pesan sobre una cartera: tipos de interés, inflación, beneficios empresariales y primas de riesgo.

 

El verdadero desafío para Bessent y para Trump no es solo intensificar la presión sobre Irán, sino hacerlo con la fuerza necesaria para ser eficaces sin desatar efectos colaterales de mayor calado. Si las medidas en vigor no logran debilitar lo suficiente a Teherán, Washington podría verse obligado a endurecer unas sanciones capaces de extender la tensión al comercio, la energía y las condiciones financieras globales. Para los mercados, ahí radica el auténtico riesgo: que una estrategia concebida inicialmente contra Irán termine convirtiéndose en un nuevo foco de inflación, menor crecimiento y más volatilidad.

 

Álvaro Pérez-Maura
Analista

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