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01/10/2026 AUTOR: Jose Francisco Ibáñez Morning meeting

La inflación enfría a la Fed, pero no a los bonos

La inflación enfría a la Fed, pero no a los bonos

El dato que debía traer algo de tranquilidad al mercado de deuda estadounidense lo consiguió, pero solo a medias. La inflación PCE de agosto, la medida de precios preferida por la Reserva Federal, avanzó un 0,3% mensual y un 3,4% interanual, mientras que la tasa subyacente se moderó hasta el 3%. El dato resultó más benigno de lo previsto y las probabilidades de una nueva subida de tipos en octubre cayeron hasta aproximadamente un tercio.

 

Hasta aquí, la reacción parecía bastante ortodoxa. Menos inflación, menos urgencia para la Fed y alivio para los bonos. El problema es que el resto de las cifras publicadas ayer se empeñaron en estropear esa lectura tan cómoda. El consumo real creció un 0,6% mensual en agosto y el gasto nominal un 0,9%. ADP informó además de la creación de 90.000 empleos privados en septiembre, por encima de los 36.000 de agosto, mientras que el crecimiento del PIB del segundo trimestre fue revisado desde el 1,5% hasta el 2,2% anualizado gracias, entre otros factores, a un comportamiento mejor de lo estimado del consumo y la inversión.

 

Es decir, la inflación sorprendió favorablemente, pero no porque la economía esté perdiendo claramente tracción. Y esa diferencia terminó siendo importante.

 

Menos prisa para la Fed, poca tregua para la deuda

Después de caer inicialmente tras conocerse el PCE, la rentabilidad del treasury a diez años volvió a subir y terminó alrededor del 5,3%, su nivel más elevado desde 2002. Aquí se está produciendo uno de los cambios más interesantes de las últimas semanas. La expectativa sobre la próxima reunión de la Fed sigue importando, pero ya no basta para explicar la curva. Un crecimiento resistente, la persistencia de la inflación por encima del objetivo, los elevados precios de la energía y una prima por plazo mayor están obligando al inversor a exigir más rentabilidad para financiar la economía estadounidense durante diez o treinta años. Que la Fed pueda esperar en octubre no implica necesariamente que el coste del dinero a largo plazo tenga que bajar.

 

 

La bolsa terminó reflejando esa tensión. El S&P 500 perdió un 0,3% y el Dow Jones un 0,9%, después de haber reaccionado inicialmente al alza a la inflación. El Nasdaq, en cambio, consiguió avanzar un 0,2%. La resistencia tecnológica vuelve a ser significativa: cuando el bono a diez años ofrece cerca de un 5,3%, las valoraciones tienen un listón bastante más alto que superar, pero el mercado sigue concediendo una excepción parcial a aquellas compañías capaces de mostrar crecimiento ligado a la inteligencia artificial.

 

Europa recibe el mensaje contrario

Si Estados Unidos ofreció una inflación algo mejor de lo esperado, Europa hizo justamente lo contrario. Alemania situó su IPC de septiembre en el 3,3%, frente al 2,9% de agosto, con los precios energéticos acelerándose un 14,9% interanual. En Francia la inflación pasó del 2,4% al 3%, mientras que Italia registró un salto desde el 3,3% hasta el 4,2%. En los tres casos, la energía desempeñó un papel importante en la aceleración.

 

No es una cuestión menor después de que el BCE subiera los tipos 25 puntos básicos el pasado 10 de septiembre, dejando la facilidad de depósito en el 2,5%, precisamente ante las mayores presiones inflacionistas asociadas al conflicto en Oriente Próximo. Los datos nacionales de ayer no determinan por sí solos la siguiente decisión del BCE —y las tasas subyacentes continúan ofreciendo una imagen bastante más moderada que las generales—, pero sí dificultan considerar el encarecimiento de la energía como un ruido pasajero.

 

Las bolsas europeas comenzaron el día al alza y acabaron dándose la vuelta. El STOXX 600 cedió un 0,5%, el DAX alemán un 0,79% y el CAC 40 francés un 0,89%. El índice paneuropeo cerró además septiembre con su primera caída mensual en seis meses.

 

Micron confirma que la IA sigue jugando otro partido

Después del cierre llegó, además, una prueba de por qué el Nasdaq continúa comportándose mejor que el resto. Micron presentó ingresos trimestrales de 54.230 millones de dólares, frente a los 51.070 millones esperados, y un beneficio ajustado de 33,42 dólares por acción, también superior al consenso. Más llamativa fue su previsión para el trimestre en curso: 61.500 millones de dólares de ventas en el punto medio del rango, frente a una estimación de mercado de 57.020 millones. La relevancia va más allá de Micron. La compañía asegura que la demanda de memoria de alto ancho de banda vinculada a centros de datos sigue superando ampliamente a su capacidad, una señal de que el ciclo de inversión en inteligencia artificial continúa transmitiéndose desde los hiperescaladores hacia otras partes de la cadena de suministro.

 

Hoy tendremos una nueva oportunidad para comprobar qué pesa más. Se publicarán las peticiones semanales de subsidio por desempleo en Estados Unidos y el ISM manufacturero. Será el aperitivo antes del informe oficial de empleo de septiembre, previsto para mañana viernes.

 

Feliz jueves.

 

Jose Francisco Ibáñez
Analista

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