BLOG
14/09/2026 AUTOR: Samuel Pérez Anàlisi & Inversions

Japón deja atrás la era del dinero barato

Tokio

Durante años, Japón ocupó una posición singular dentro del panorama monetario mundial. Mientras la mayoría de los bancos centrales endurecían sus políticas para combatir el repunte de la inflación, el Banco de Japón optaba por mantener los tipos de interés en niveles extremadamente reducidos, incluso por debajo del 0%.

La finalidad de esta estrategia era clara: poner fin a décadas de deflación, estimular la actividad económica y favorecer un crecimiento sostenido tanto de los precios como de los salarios. Sin embargo, el contexto económico actual está obligando a las autoridades japonesas a modificar progresivamente el rumbo.

En los últimos meses, los mercados han empezado a anticipar nuevas subidas de tipos. Tras abandonar la política de tipos negativos, el tipo de depósito ya se encuentra en el 1% y los inversores consideran altamente probable que el Banco de Japón vuelva a elevar el precio del dinero en su reunión del próximo 18 de septiembre. Si se confirma una subida de 25 puntos básicos, el tipo de referencia alcanzaría el 1,25%, aunque cada vez son más quienes contemplan nuevos ajustes antes de cerrar el año.

 

El fin gradual de las políticas heredadas de la Abenomics

La posible subida de septiembre supondría un nuevo avance en el proceso de normalización monetaria iniciado por Japón. Se trata de un cambio que pone distancia con las medidas aplicadas durante la etapa conocida como Abenomics, el programa económico impulsado por el ex primer ministro Shinzo Abe desde 2013.

Aquella estrategia se apoyaba en tres grandes pilares: estímulos fiscales, reformas estructurales y una política monetaria extraordinariamente expansiva. El objetivo era revertir años de bajo crecimiento económico y combatir la persistente caída de los precios.

Como parte de ese plan, el Banco de Japón llevó los tipos de interés a terreno negativo, incrementó de forma masiva la compra de deuda pública y puso en marcha el denominado control de la curva de rendimientos. Mediante este mecanismo, la autoridad monetaria intervenía directamente en los mercados para limitar el aumento de la rentabilidad de los bonos gubernamentales.

Gracias a estas medidas, el Estado japonés pudo financiarse durante años a costes excepcionalmente bajos. Sin embargo, el mismo entorno también limitó la rentabilidad obtenida por los ahorradores y redujo los incentivos al ahorro tradicional.

 

 

Una retirada progresiva que gana intensidad

El cambio de tendencia comenzó en 2024 con el abandono oficial de los tipos de interés negativos. Desde entonces, el Banco de Japón ha intentado avanzar con cautela para evitar tensiones excesivas en una economía acostumbrada a condiciones monetarias muy laxas.

Hasta ahora, la institución ha seguido una estrategia gradual, aplicando incrementos relativamente espaciados en el tiempo. Sin embargo, la persistencia de la inflación y la evolución del mercado de divisas han llevado a los inversores a pensar que el proceso podría acelerarse.

La principal preocupación es que mantener unos tipos significativamente inferiores a los de otras economías desarrolladas continúa ejerciendo presión sobre la moneda japonesa, dificultando los esfuerzos de estabilización.

 

La debilidad del yen aumenta la presión sobre las autoridades

La evolución del yen se ha convertido en uno de los factores más relevantes para la política económica japonesa. Aunque una moneda más débil beneficia a las empresas exportadoras al aumentar el valor de sus ingresos generados en el exterior, también genera efectos negativos para consumidores y empresas dependientes de las importaciones.

La compra de energía, alimentos y materias primas se encarece cuando el yen pierde valor frente al dólar y otras divisas, elevando los costes de producción y reduciendo la capacidad de gasto de los hogares.

Durante los últimos meses, la moneda japonesa llegó a situarse cerca de los 164 yenes por dólar, niveles que no se observaban desde hace aproximadamente cuatro décadas. Ante la intensidad de esta depreciación, Japón y Estados Unidos llevaron a cabo a finales de julio una intervención coordinada en el mercado de divisas mediante compras de yenes.

La actuación conjunta buscaba frenar el deterioro de la moneda y reducir el riesgo de que la presión vendedora se extendiera tanto al mercado de deuda japonesa como a otros segmentos financieros internacionales.

 

Las intervenciones tienen un impacto limitado

Aunque la medida permitió una recuperación inicial del yen, el efecto no resultó duradero. Pasadas las primeras semanas, la divisa volvió a acercarse a la zona de los 160 yenes por dólar.

Este comportamiento ha reforzado una idea ampliamente compartida entre los analistas: las intervenciones cambiarias pueden contener movimientos extremos a corto plazo, pero difícilmente modifican los factores estructurales que explican la tendencia de fondo.

Entre esos factores destaca el diferencial de tipos de interés existente entre Japón y otras grandes economías. Mientras los activos denominados en dólares continúen ofreciendo rendimientos más elevados, muchos inversores seguirán encontrando atractivo financiarse en yenes y destinar su capital a mercados con una remuneración superior.

 

El mercado de deuda refleja el nuevo contexto económico

La transformación de la política monetaria también está teniendo repercusiones visibles en el mercado de bonos.

La rentabilidad de la deuda pública japonesa a diez años ha alcanzado el 3%, un nivel que no se registraba desde mediados de los años noventa. Detrás de este movimiento se encuentran varios factores: las expectativas de nuevas subidas de tipos, la persistencia de las presiones inflacionistas, la depreciación de la moneda y las crecientes dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Este incremento resulta especialmente significativo en una economía que acumula uno de los mayores niveles de endeudamiento del mundo y que durante décadas se ha beneficiado de costes de financiación extraordinariamente reducidos.

 

Un delicado equilibrio para el Banco de Japón

La reunión de septiembre será una nueva prueba para la autoridad monetaria japonesa. Los mercados esperan señales claras sobre la velocidad a la que continuará el proceso de normalización y sobre el margen que existe para futuras subidas de tipos.

Tras más de diez años luchando contra la deflación, Japón afronta ahora un desafío muy diferente. El objetivo ya no es generar inflación a cualquier precio, sino mantenerla bajo control, estabilizar el yen y gestionar el encarecimiento de la financiación pública sin provocar turbulencias significativas en los mercados financieros.

La tarea no será sencilla. Sin embargo, las decisiones que adopte el Banco de Japón en los próximos meses serán determinantes para definir el nuevo rumbo de la tercera mayor economía del mundo.

 

Samuel Pérez Ogayar
Analista

Contingut relacionat

Assessorament financer a la teva mida

Si creus que ha arribat el moment d’invertir, et volem acompanyar pel camí.

Aconsegueix el teu assessorament personalitzat

Tens cap pregunta?

Si tens cap dubte pots consultar la secció de preguntes freqüents.
 
També pots:
 
● trucar-nos al 900 827 770 o 917 020 274
● enviar-nos un correu a tressis@tressis.com