
El petróleo vuelve a inquietar y la tecnología presiona
La combinación de petróleo por encima de los 100 dólares por barril, el repunte de las rentabilidades de la deuda y las dudas sobre el retorno de las inversiones en inteligencia artificial ha terminado por devolver cierta incomodidad a los mercados.
La renta fija sufrió ayer una nueva oleada de ventas
La rentabilidad del bono estadounidense a diez años subió cuatro puntos básicos, hasta el 4,7%, mientras el bund alemán escaló hasta el 3,2%, máximos no vistos desde 2011. La renta variable tampoco encontró refugio. El S&P 500 cayó un 1,2%, el Nasdaq 100 perdió un 1,9% y el EuroStoxx 50 retrocedió un 1,69%. En este contexto, la decisión del Banco Central Europeo de mantener los tipos en el 2,25% pasó rápidamente a un segundo plano. No porque careciera de importancia, sino porque el encarecimiento del petróleo y la escalada del conflicto en Oriente Medio han obligado a los inversores a volver a hacerse la misma pregunta de siempre: ¿qué ocurrirá con la inflación si el shock energético no es transitorio?
La respuesta del BCE fue prudente, aunque no precisamente tranquilizadora
El Consejo de Gobierno mantuvo una política monetaria que considera «bien posicionada» y la decisión fue unánime. Christine Lagarde, además, señaló que por ahora no se observan efectos de segunda ronda significativos sobre los salarios o la inflación subyacente. Sin embargo, tampoco cerró la puerta a una subida en septiembre. Y esa es probablemente la parte más relevante de la reunión. El BCE no ha cambiado su escenario central, pero sí ha elevado el nivel de vigilancia. Con el Brent avanzando un 6,1% ayer y superando los 100 dólares por barril durante la sesión, el margen de maniobra del banco central se estrecha. Europa importa buena parte de su energía y un encarecimiento prolongado del petróleo puede trasladarse a la inflación, deteriorar la renta disponible de los hogares y terminar afectando al crecimiento. La pausa, por tanto, no debe confundirse con complacencia: el BCE mantiene el pie cerca del freno.
El mercado ha comenzado a descontar precisamente ese riesgo
Las rentabilidades de los bonos han subido con fuerza en las últimas sesiones, en un movimiento que combina inflación energética, mayor oferta de deuda y expectativas de una política monetaria menos expansiva. En Alemania, el aumento de las necesidades de financiación derivado del gasto en defensa e infraestructuras añade presión a una curva que ya no cuenta con el mismo respaldo de hace unos meses. En Estados Unidos, el Treasury a diez años se sitúa en el 4,7%, mientras el mercado empieza a contemplar que una inflación más persistente podría retrasar los recortes de la Reserva Federal o incluso obligarla a adoptar un tono más restrictivo. El dólar, de hecho, se ha beneficiado de la combinación de mayores tipos y flujos defensivos, hasta 1,1378 dólares frente al euro.
La sesión asiática está dando continuidad a este movimiento de aversión al riesgo
El índice MSCI Asia Pacific retrocede un 2,2%, mientras los futuros apuntan a nuevas caídas en el Nasdaq 100 y a una apertura más plana en Europa. El golpe está siendo especialmente intenso en el sector de semiconductores: Samsung Electronics y SK Hynix pierden más de un 7%. El mercado está empezando a cuestionar, al menos parcialmente, la velocidad y la rentabilidad de la inversión en inteligencia artificial. Después de varios años en los que la narrativa de la IA ha permitido justificar valoraciones cada vez más exigentes, los inversores quieren comprobar ahora que los cientos de miles de millones de dólares destinados a centros de datos, chips y capacidad de computación acabarán generando beneficios suficientes.
La preocupación se hizo evidente ayer en Wall Street
El índice de las Magnificent Seven cayó un 4,8% y perdió cerca de 797.000 millones de dólares de capitalización bursátil en una sola sesión. Alphabet retrocedió un 6,9% después de elevar su previsión de inversión hasta 205.000 millones de dólares, mientras Tesla se desplomó un 15% tras presentar unos beneficios muy inferiores a las expectativas y advertir de que 2026 será un año de fuerte inversión. El mensaje del mercado no es que la inteligencia artificial haya dejado de ser una tendencia estructural. Es bastante más sencillo: a partir de ahora, el crecimiento de los beneficios tendrá que justificar el tamaño de las inversiones y las valoraciones.
La presión sobre los mercados se produce, además, en un entorno macroeconómico que no termina de ofrecer una dirección clara. Las peticiones iniciales de subsidio por desempleo en Estados Unidos cayeron hasta las 187.000 durante la semana del 18 de julio, muy por debajo de las 210.000 esperadas. El mercado laboral estadounidense continúa mostrando una resistencia notable y, por ahora, no ofrece a la Reserva Federal una razón evidente para acelerar una relajación monetaria. Las solicitudes continuadas se mantuvieron prácticamente estables, en 1,796 millones. La economía estadounidense, por tanto, sigue siendo suficientemente sólida como para resistir tipos elevados, aunque la combinación de empleo fuerte y petróleo caro puede complicar el trabajo de la Fed en los próximos meses.
En Europa, las señales fueron algo más constructivas
La confianza empresarial francesa mejoró en julio hasta los 97 puntos, desde los 95 del mes anterior, con una recuperación especialmente visible en la industria manufacturera. También se moderó el pesimismo sobre los nuevos pedidos y mejoraron las expectativas de producción. Polonia, por su parte, volvió a registrar una ligera mejora de su mercado laboral, con una tasa de desempleo del 5,8%. Son datos positivos, aunque todavía insuficientes para hablar de una recuperación europea consolidada. La actividad continúa débil y la combinación de incertidumbre fiscal, tensiones geopolíticas y energía más cara pueden poner a prueba esta mejora de la confianza.
En el frente corporativo, la lectura es bastante más matizada que la que ofrece el comportamiento de los índices
Intel sorprendió positivamente con sus previsiones de ingresos para el tercer trimestre, entre 15.800 y 16.800 millones de dólares, gracias al fuerte crecimiento de su negocio de centros de datos. AMD, por su parte, presentó nuevos productos destinados a competir con Nvidia en el mercado de la computación para inteligencia artificial. SAP volvió a mostrar la fortaleza de su negocio en la nube, con un crecimiento del 24 % en moneda constante, mientras Allianz acordó la compra del negocio de seguros de HSBC en Singapur por 2.700 millones de dólares. También hubo señales menos favorables: American Airlines volvió a recortar sus previsiones de beneficios para 2026 debido al impacto del combustible, mientras que Texas Instruments ofreció unas previsiones superiores a las esperadas, aunque insuficientes para satisfacer unas expectativas de mercado muy elevadas. Lockheed Martin y RTX, en cambio, elevaron sus previsiones de ventas ante el aumento del gasto en defensa.
El elemento que conecta todos estos movimientos sigue siendo el petróleo
La escalada del conflicto en Oriente Medio, los ataques a buques en el mar Rojo por parte de los Hutíes y las amenazas de una mayor intervención estadounidense han abierto un nuevo escenario para los mercados. A ello se suman los problemas en las infraestructuras del Caspian Pipeline Consortium, una vía fundamental para la exportación de crudo kazajo. El problema no es únicamente el nivel alcanzado por el Brent, sino la velocidad del movimiento: el precio ha subido un 38% en lo que llevamos de mes. Además, los inventarios globales de petróleo se encuentran más ajustados, lo que aumenta el riesgo de que cualquier nueva interrupción de la oferta tenga un impacto desproporcionado.
El resultado es un mercado mucho menos cómodo que hace apenas unas semanas. A corto plazo, la evolución del petróleo y la duración de la escalada geopolítica en Oriente Próximo serán probablemente más importantes que cualquier dato aislado.
Buen fin de semana.
Director de Análisis










