
¿Podrá la IA crecer lo suficiente para contrarrestar el deterioro macroeconómico?
El mercado tiene una curiosa capacidad para pasar de la euforia al nerviosismo en cuestión de horas. Y eso es exactamente lo que ocurrió al cierre de la semana pasada. Después de varios meses en los que la inteligencia artificial parecía capaz de justificar cualquier valoración, la realidad volvió a imponerse: inflación persistente, petróleo al alza, tensiones geopolíticas y un mercado de bonos claramente incómodo con el escenario macroeconómico actual.
El gran protagonista de la semana no fue Nvidia, ni Microsoft, ni siquiera el petróleo. Fueron los bonos soberanos. La deuda pública sufrió una venta coordinada a nivel global que provocó un repunte significativo de las rentabilidades exigidas por los inversores. El Treasury americano a diez años terminó la semana en el 4,54%, mientras que el bono británico a diez años escaló hasta el 5,15%, máximos no vistos desde 2008. Más llamativo aún fue Japón, donde el bono a treinta años superó el 4% por primera vez desde 1999.
Detrás de este movimiento hay tres factores principales. Primero, el fuerte repunte del petróleo. El Brent volvió a situarse por encima de los 108 dólares por barril y el WTI superó los 104 dólares, reflejando la creciente preocupación sobre el estrecho de Ormuz y la falta de avances reales entre Estados Unidos e Irán, así como en la cumbre de Pekín entre Trump y Xi Jinping. El mercado empieza a asumir que la normalización del suministro energético no será rápida ni sencilla.
Segundo, las sorpresas inflacionistas. En Estados Unidos, tanto el IPC como el PPI mostraron presiones mucho más persistentes de lo esperado. Especialmente preocupante fue el dato de precios de producción, con tasas mensuales que triplicaron las previsiones del consenso y elevaron la inflación anual del PPI hasta el 6%. Japón, además, publicó un dato de inflación mayorista especialmente fuerte, reforzando la idea de que las tensiones de precios ya no son un fenómeno exclusivamente occidental.
Y tercero, la sensación creciente de que los bancos centrales van a tener que convivir con tipos altos durante más tiempo. La famosa narrativa del “higher for longer” vuelve a dominar las conversaciones de mercado.
Renta variable
Todo ello acabó impactando sobre la renta variable. El Nasdaq 100 cayó un 1,54% el viernes, mientras que el S&P 500 cedía un 1,24%. En Europa, el Stoxx 600 retrocedió un 1,4%, mientras el Dax se dejaba más de un 2%, y en Asia destacó especialmente la corrección del Kospi surcoreano, que se desplomó un 6,1% tras fuertes recogidas de beneficios en Samsung Electronics y SK Hynix. La lectura es relativamente clara: el mercado empieza a cuestionarse si las valoraciones actuales del sector tecnológico son sostenibles en un entorno de tipos reales elevados y crecimiento más incierto.
Resiliencia del negocio de software
Eso no significa que la temática de inteligencia artificial haya desaparecido. Todo lo contrario. Los resultados empresariales siguen mostrando un enorme dinamismo en compañías vinculadas al ecosistema IA. Microsoft continúa beneficiándose de la fortaleza de Azure y Copilot, Alphabet mantiene el impulso de Gemini, y Applied Materials sorprendió al mercado con previsiones muy superiores a las esperadas gracias al fuerte gasto en semiconductores. Incluso Bill Ackman, director ejecutivo de Pershing Square Capital Management, aprovechó las recientes caídas para anunciar la incorporación de Microsoft a su cartera, argumentando que el mercado sigue infravalorando la resiliencia del negocio de software corporativo.
Sin embargo, la cuestión ya no es si la inteligencia artificial tiene potencial. La cuestión es cuánto ya está descontada en precio. Y aquí es donde entra en juego la renta fija. Durante meses, la bolsa americana ha ignorado por completo el mensaje que enviaban los bonos. Pero históricamente, cuando las tires soberanas suben de forma tan agresiva, las valoraciones terminan ajustándose. Especialmente en sectores growth, donde gran parte del valor depende de beneficios futuros descontados a tipos ahora mucho más altos.
Sin embargo, el consumidor americano sigue mostrando resiliencia, como demostraron los sólidos datos publicados el viernes. El Empire Manufacturing Index sorprendió fuertemente al alza hasta 19,6 frente al 7,2 esperado, mientras que la producción industrial avanzó un sólido 0,7% mensual, más del doble de lo previsto. Pero el problema no está en el presente. Está en los próximos meses si el petróleo se mantiene en estos niveles y las condiciones financieras siguen endureciéndose.
Paradoja europea
Europa, en cambio, se enfrenta a una situación especialmente delicada. A diferencia de Estados Unidos, el Viejo Continente tiene una exposición mucho mayor al impacto energético y menos capacidad de compensarlo mediante crecimiento tecnológico. La correlación entre el Stoxx 600 y el S&P 500 se ha reducido drásticamente durante las últimas semanas, reflejando dos dinámicas muy distintas. Mientras Wall Street sigue apoyándose en el impulso de la IA, Europa depende mucho más del comportamiento del petróleo, del BCE y del ciclo industrial.
Motín a bordo
A ello se suma el creciente ruido político en el Reino Unido. La posibilidad de un desafío interno al liderazgo de Keir Starmer generó nuevas tensiones sobre la deuda británica y provocó una fuerte caída de la libra esterlina, que cerró la semana en torno a 1,336 dólares. Los inversores temen que un eventual relevo político implique políticas fiscales más expansivas y un aumento aún mayor de la emisión de deuda pública.
Acta de la reunión de la Fed
De cara a esta semana, la atención estará centrada en varios frentes. En Estados Unidos, el acta de la última reunión de la Reserva Federal —la última presidida por Jerome Powell antes de la llegada de Kevin Warsh— será analizada cuidadosamente para detectar hasta qué punto el FOMC empieza a abandonar definitivamente cualquier sesgo acomodaticio. El mercado también seguirá muy de cerca los discursos de miembros de la Fed y los datos de vivienda, empleo semanal y confianza del consumidor.
En Asia, China publicará cifras clave de producción industrial, ventas minoristas e inversión, que probablemente volverán a mostrar una economía donde la oferta resiste mejor que la demanda interna. Japón, por su parte, presentará el PIB del primer trimestre en un momento especialmente sensible para su mercado de deuda.
En Europa, el foco estará en el Reino Unido, con datos de empleo, salarios e inflación que ayudarán a calibrar el margen de actuación del Banco de Inglaterra. Además, conoceremos nuevas referencias de inflación en Japón, Canadá y Sudáfrica.
Y por supuesto, Nvidia volverá a ser el gran examen para el mercado el día 20. Porque, al final, gran parte del optimismo actual sigue descansando sobre una única pregunta: si el crecimiento de la inteligencia artificial será suficientemente fuerte como para compensar unos vientos macroeconómicos cada vez más adversos.
¡Buena semana!
Director de Análisis










