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28/01/2026 AUTOR: Daniel Lacalle Estratègies

El FMI mejora el crecimiento de EE.UU. y destaca el estancamiento del área del euro

Las estimaciones del FMI para 2026 no muestran señales de recesión. Sin embargo, la economía global sigue en una fase de bajo crecimiento, alto endeudamiento, inflación persistente y escasa mejora de la productividad. Puede que no haya recesión, pero los ciudadanos se sienten más pobres porque los salarios reales netos caen en la mayoría de las economías excepto en Estados Unidos y permanecen por debajo de los niveles previos a la pandemia. ¿La razón? En la mayoría de las economías desarrolladas, el crecimiento del PIB aparece inflado por el gasto público, lo que implica mayor deuda y, posteriormente, subidas de impuestos que dañan la inversión y la productividad.

 

El FMI se ha visto obligado a revisar al alza sus estimaciones para Estados Unidos en todas las ocasiones que ha publicado informe hasta más del doble de lo que esperaba a comienzos de 2025, mientras Argentina supera claramente tanto la media global como la regional.

 

El crecimiento del PIB mundial se sitúa ahora en el 3,3% para 2026 y el 3,2% para 2027, ligeramente por encima de las proyecciones de octubre de 2025 y, en líneas generales, en niveles similares a 2025.

 

 

La gran sorpresa positiva es Estados Unidos. Se espera que las economías avanzadas crezcan en torno al 1,8% en 2026 y al 1,7% en 2027 fundamentalmente gracias a las mejores cifras estadounidenses, mientras que las economías emergentes y en desarrollo se situarían en torno al 4,2% y el 4,1% respectivamente, a pesar de la desaceleración de China.

 

El FMI califica este escenario como de “crecimiento resiliente” tras un año advirtiendo de riesgos. Es llamativo, porque muchos analistas recuerdan que deberíamos preocuparnos cuando el FMI empieza a lanzar mensajes alcistas. Más allá de la ironía, el propio Fondo advierte de los pobres niveles de desarrollo económico en las principales economías. Los motores fundamentales del crecimiento se encuentran en la inversión ligada a la inteligencia artificial, unas condiciones financieras acomodaticias y la flexibilidad del sector privado, que compensan el impacto negativo del riesgo geopolítico y las tensiones comerciales.

 

El Fondo se equivocó claramente en sus estimaciones para la economía estadounidense publicadas el año pasado. Ahora proyecta un crecimiento de Estados Unidos del 2,4% en 2026, otra revisión al alza relevante respecto a su previsión de octubre de 2025, apoyada en unos datos de 2025 mejores de lo esperado y en un fuerte impulso de la inversión en capital ligado a la Inteligencia Artificial (centros de datos, semiconductores, infraestructura digital). Para 2027, el crecimiento estadounidense se moderaría hasta aproximadamente el 2,0%, todavía por encima de la media de las economías avanzadas.

 

Estados Unidos será la única economía del G8 que escape del estancamiento en 2025‑2027 y supere a todos sus principales comparables con menor inmigración, menores impuestos y reducción del gasto público, mientras que las economías similares —Alemania, Japón, Francia, Reino Unido y Canadá— siguen ocultando la recesión del sector privado con más gasto público y una inmigración creciente.

 

El FMI no ha reconocido su error al asumir estancamiento e inflación elevada por los aranceles y prefiere justificar las fuertes revisiones al alza de Estados Unidos apelando a unos tipos de interés oficiales más bajos, el mantenimiento del apoyo fiscal y la inversión tecnológica. No es lo relevante. La realidad es que Estados Unidos ha desmentido a los agoreros y se ha convertido en uno de los principales motores de la demanda global en este nuevo escenario.

 

El FMI espera que Argentina crezca alrededor de un 4% tanto en 2026 como en 2027, claramente por encima del 3,3% mundial y significativamente por encima del 2,2% previsto para América Latina en 2026 y del 2,7% en 2027. Esto llega tras una expansión estimada del 4,5% en 2025. En tres años, crecería más que en la última década. El Fondo vincula explícitamente esta trayectoria al cambio de políticas bajo el presidente Milei y a los recientes esfuerzos de estabilización macroeconómica. Argentina pasa de ser un rezagado crónico para convertirse en un claro líder en el escenario base del FMI, especialmente frente a unas perspectivas débiles para México y Brasil.

 

Las políticas de oferta, el foco en el sector privado y el abandono del intervencionismo en energía son algunos de los factores que colocan a un Estados Unidos más dinámico y a Argentina como los “elementos de fortaleza” que permiten que el crecimiento global se mantenga en torno al 3,3% a pesar del estancamiento del área del euro y de gran parte de Latinoamérica.

 

En el caso del área del euro, el FMI muestra un crecimiento moderado, pero gradualmente creciente. El PIB real se proyecta en un 1,3% en 2026 y un 1,4% en 2027, con revisiones al alza marginales frente a octubre de 2025 y coherentes con las proyecciones del BCE. Sin embargo, no podemos olvidar que este pobre resultado se produce en plena ejecución del plan Next Generation EU y con recortes de tipos. Alemania apenas recupera desde el estancamiento hacia un 1,1% en 2026 y un 1,5% en 2027, impulsada sobre todo por un cuestionable programa de gasto público y endeudamiento. Francia apenas muestra un crecimiento real en torno al 1% y 1,2%, también sostenido por el gasto público. El mensaje es claro: frente a Estados Unidos, el área del euro sigue siendo una región de bajo crecimiento, lastrada por una productividad débil y un exceso de regulación e impuestos.

 

Para España, el FMI mejora de nuevo sus previsiones y sitúa el crecimiento del PIB en el 2,3% en 2026 y en el 1,9% en 2027, tras un 2,9% estimado para 2025. Aunque España vuelve a situarse como la gran economía que más crece de la zona euro, el PIB per cápita solo avanzará un 0,8%, la mitad que en EEUU y menos que la media de la zona euro, 0,9%, con un avance de solo 1,1% en 2017-2026, exactamente igual al de la zona euro y menos de la mitad que en EEUU, ya que el fuerte aumento de la población disfraza el PIB y esconde el estancamiento por habitante. El FMI alerta que el dinamismo del PIB titular se apoya en buena medida en el impulso de los fondos europeos, tipos de interés más bajos y un fuerte aumento de la inmigración, mientras el crecimiento potencial sigue limitado por el exceso de gasto público, presión fiscal y rigideces estructurales.

 

Para el Reino Unido, el Fondo mantiene una previsión relativamente optimista, con un crecimiento del 1,3% en 2026 y del 1,5% en 2027. Es preocupante que, después de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá se sitúen como las economías del G7 que más crecen, lo que recuerda que el cóctel de “net‑zero” extremo, altos impuestos y gran peso del Estado es una receta para el estancamiento. Canadá apenas alcanzará un avance del 1,4% anual en 2026 y 2027, tras años de políticas de mal llamado estímulo que no han conseguido elevar de forma sostenible la productividad. Japón, por su parte, solo crecerá un 0,7% en 2026 y un 0,6% en 2027 según el FMI, a pesar de décadas de programas de gasto público y estímulos monetarios, atrapado en un entorno de bajo crecimiento potencial y envejecimiento acelerado.

 

En Asia, el FMI centra su atención en la desaceleración de China, compensada parcialmente por la fortaleza de India. China crecería un 4,5% en 2026 y un 4% en 2027, por debajo del 5% estimado para 2025, pero todavía como uno de los principales motores de la economía mundial, pese a los problemas persistentes del sector inmobiliario. India sigue siendo la gran economía de mayor crecimiento en el escenario del FMI, con tasas en torno al 6% en 2026 y 2027, impulsada por la demanda interna.

 

El FMI debería recuperar la cordura en sus recomendaciones económicas y recordar a los gobiernos que las políticas de oferta y un marco orientado al mercado, centrado en reforzar el sector privado, son los verdaderos motores que la economía global necesita, y que la expansión constante del sector público limita el crecimiento y genera fragilidad financiera. Puede que no veamos una recesión técnica, pero la debilidad de muchas economías desarrolladas y emergentes es injustificada, y el principal culpable es el intervencionismo estatal.

 

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Economista en cap de Tressis

Doctor en Economia, professor d’Economia Global i Finances, a més de gestor de fons d’inversió.

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