
La posibilidad de que el mayor cierre gubernamental en la historia de Estados Unidos esté cerca de su fin ha devuelto algo de optimismo a los mercados. Wall Street, siempre dispuesta a celebrar cualquier atisbo de normalidad, cerró la sesión con avances moderados. El S&P 500 subió un 0,2%, mientras que el Dow Jones Industrial Average se anotó un 1,2%, impulsado por valores industriales como FedEx, que repuntó más de un 5% tras anticipar una mejora de beneficios. En cambio, el Nasdaq 100 cedió un 0,25%, penalizado por la corrección en tecnológicas como Nvidia, que cayó un 3% tras la venta de la participación de SoftBank en la compañía. El tono fue algo más constructivo en los mercados globales —el MSCI World avanzó un 0,4%—, así como en Europa, donde el SMI suizo subió más de un 2%, mientras el Eurostoxx 50 lo hacía en un 1,1%.
El dólar se mantuvo prácticamente plano, con el euro apreciándose un ligero 0,2% hasta los 1,1584 dólares, después de llegar a cotizar por encima del 1,16. Las criptomonedas, por su parte, siguen demostrando que la euforia también tiene resacas: el bitcoin cayó un 2,7%, hasta los 102.734 dólares, y Ethereum retrocedió un 3,5%.
En los mercados de renta fija, los bonos europeos vivieron una sesión de consolidación. La rentabilidad del diez años alemán descendió un punto básico, hasta el 2,66%, y la del gilt británico cayó siete, hasta el 4,39%. Con el mercado estadounidense cerrado por el Día de los Veteranos, los futuros sobre Treasuries subieron apoyados en unos datos privados de empleo que apuntan a cierta moderación del mercado laboral en la segunda mitad de octubre.
El petróleo WTI repuntó un 1,5%, hasta los 61,05 dólares el barril, apoyado por las expectativas de un mayor consumo con el fin del cierre administrativo. El oro, tradicional refugio, avanzó un 0,3%, hasta los 4.128 dólares la onza. No parece que el metal precioso esté atrayendo demasiadas compras, síntoma de que, al menos por ahora, el mercado no teme grandes sobresaltos.
Estos días toca estar atentos a la reapertura de la Administración de EE.UU., que lleva más de cuarenta días cerrada y ya empieza a notarse en la economía y en el ánimo de los mercados. Con suerte, el regreso a la normalidad será rápido y volverán los datos económicos habituales. El Senado ha aprobado un acuerdo temporal de financiación hasta finales de enero, y ahora la atención se centra en la Cámara de Representantes. Si el texto prospera, se reactivarán las agencias federales y, con ellas, el flujo de indicadores que lleva semanas en silencio. La falta de datos oficiales ha obligado a los analistas a apoyarse en cifras privadas, pero el mercado ya descuenta que la reapertura permitirá conocer pronto los informes de empleo y actividad pendientes. Hoy también habrá que seguir de cerca las subastas de bonos en EE.UU., que podrían ofrecer pistas sobre la demanda de deuda pública en un contexto de alta emisión, y los nuevos datos de inflación de varios países de la eurozona, con Alemania a la cabeza.
Además, varios miembros de la Reserva Federal hablarán en los próximos días, y sus mensajes pueden dar pistas sobre la evolución de la política monetaria. Aunque el tono general del mercado sigue siendo optimista, la inflación continúa preocupando y podría frenar nuevos recortes de tipos.
El consenso de mercado en Estados Unidos sigue apostando por que la Fed adopte un tono más acomodaticio en diciembre, una perspectiva que ha contribuido a mantener viva la narrativa del “rally de fin de año”. Algo parecido ocurre en el Reino Unido, donde el Banco de Inglaterra decidió hacer una pausa la semana pasada. Con el desempleo británico ya en el 5%, todos esperan comprobar si finalmente el banco central se decide a iniciar un ciclo de bajadas en los próximos meses. Los inversores europeos miran de reojo al BCE, que también ha suavizado su discurso, aunque sin comprometerse aún a una senda de recortes.
El entusiasmo se nota especialmente en torno a la inversión en inteligencia artificial. SoftBank ha liquidado su posición en Nvidia por 5.830 millones de dólares para financiar nuevos proyectos en el sector, mientras Microsoft planea destinar 10.000 millones a un centro de datos en Portugal y Google invertirá 6.400 millones en Alemania. Todo ello ha reforzado la idea de que el ciclo de inversión tecnológica apenas ha comenzado. Sin embargo, algunas voces advierten que el mercado podría estar pasando por alto los riesgos de sobreinversión y los márgenes cada vez más ajustados en las grandes tecnológicas. Pero es cierto que este año se ha hablado menos de las ventas online por el Día del Soltero en China.
Históricamente, el S&P 500 ha subido un 2,3% en el mes posterior al fin de un cierre administrativo. Si el patrón se repite, el índice podría acercarse a los 7.000 puntos a mediados de diciembre, una cifra que suena tan redonda como optimista. Claro que, como suele suceder, la realidad podría tener otros planes.
De momento, el mercado prefiere ver el vaso medio lleno. Las grandes compañías siguen presentando beneficios razonables, los bancos centrales insinúan cierta flexibilidad y el miedo a una recesión se ha tomado un descanso. Queda por ver si la vuelta a la “normalidad” en Washington mantiene el buen tono o si, como tantas veces, el rally de fin de año se queda en una historia bien contada.
¡A por el miércoles!