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16/01/2019 AUTOR: Ignacio Perea Análisis & Inversiones

¿Estratégicos o tácticos?

¿Estratégicos o tácticos?

En el mundo del ajedrez, para jugadores poco avanzados como el que suscribe, la partida es simplemente una sucesión de episodios tácticos, a menudo no relacionados entre sí. Las partidas parecen ganarse o perderse casi por azar, pero, como dice el ajedrecista y comunicador Leontxo García, “en ajedrez la suerte no influye”.

Por ello, al evolucionar en el juego, los jugadores adquieren un control tal que los errores más graves van desapareciendo. A partir de entonces, el juego a menudo se define a favor de quien posee una mejor comprensión de cómo jugar una determinada posición, un mayor entendimiento estratégico.

Consecuentemente, un gran jugador será aquel que obtenga un buen equilibrio entre táctica y estrategia.

Si trasladáramos esta reflexión al universo de la inversión, nos encontraríamos un dilema parecido.

Supongamos que el retorno de nuestra cartera viene dado por tres vías:

1. La rentabilidad general del mercado o mercados en los que invirtamos.
2. El retorno adicional derivado de nuestra asignación de activos específica.
3. El retorno activo consecuencia de nuestra selección, ejecución y gastos.

¿Cuán importante es cada uno?

Es un tema sobre el que no hay acuerdo. Así algunos académicos como Brinson, Hood y Beebower combinaron los dos primeros elementos y lo compararon con el tercero, mientras que otros, como Ibbotson y Kaplan confrontaron el segundo y el tercero. Más recientemente, Ibbotson, de nuevo, junto con Xiong, Idzorek y Chen, llegó a la conclusión de que la variación de retornos debida al movimiento del mercado tiene aproximadamente el mismo impacto que nuestra asignación de activos específica.

¿Cómo podemos trasladar estas reflexiones a nuestra cartera?

• Cubriríamos el punto 1 definiendo nuestra asignación de activos estratégica o de largo plazo y, por tanto, nuestra tolerancia al riesgo.

• Atacaríamos el punto 2 fijando las bandas para nuestra asignación táctica y los indicadores para movernos dentro de ellas.

• Responderíamos al punto 3 seleccionando para cada clase de activo gestores especialistas que nos permitan batir al mercado con un riesgo equivalente, y adicionalmente que los gastos de su gestión justifiquen el resultado final.

Finalmente, insisto en que, de estos tres elementos, el único en el que no intervendrá la pericia del gestor es el primero. Invertir siempre significa exponerse y, por ello, el inversor deberá estar cómodo con las inversiones que realiza, pues no se espera de un gestor que adivine si el mercado subirá o bajará, sino que gestione de manera efectiva el riesgo que le ha sido encomendado. Sin embargo, sí hay un mandato activo para los otros dos elementos.

Al final, todos los componentes son relevantes y, al igual que en ajedrez, un buen equilibrio entre ellos es fundamental para una gestión consistente.

Ignacio Perea
Director de Inversiones

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