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06/03/2017 AUTOR: Amílcar Barrios Vilallonga Análisis & Inversiones

Eliminando clichés

Eliminando clichés

No queda valor en renta fija. La renta fija está muerta. Es momento de pasarse a renta variable desde la fija… Y así sigue y sigue la oleada de ataques indiscriminados contra el mundo de los bonos cuando lo que realmente parece es que hay quienes (y no son pocos) confunden duración con el activo en sí, como un todo. Aunque posiblemente la mejor de estas “blasfemias” pertenezca a una de tantas invenciones lingüísticas anglosajonas: TINA, el acrónimo para There Is No Alternative.

No hay alternativa. Esta expresión, que para bien de todos los inversores no ha tenido el mismo impacto que los PIGS, BRICS o MENA de turno, venía a decir que todos teníamos que abandonar los bonos para devorar bolsa. Más riesgo en nuestro bolsillo porque así lo habían determinado los bancos centrales con sus advenedizas políticas monetarias. Y sin embargo, el comportamiento de la deuda, pública o corporativa, ha sido comparativa y relativamente superior, de nuevo hablando como un todo.

Generalizando, lo de comprarse un bono y sentarse encima de una rentabilidad atractiva es una idea hace tiempo eliminada de entre las posibilidades. Es decir, si queremos generar retornos a cualquier periodo, nos tocará (a nosotros o al gestor al que le paguemos la comisión) ir rotando la cartera en función de cómo evolucione el mercado. Alternativas para con ello ir surfeando las curvas no van a faltar, que van de la compra de duración a la venta de la misma, pasando por si el High Yield compensa más que el Investment Grade ahora que el entorno ha mejorado, si los flotantes parecen una opción óptima para recoger las subidas de rentabilidad…

Pero hay una subcategoría que ha acaparado la atención de todos los inversores profesionales en tiempos recientes: la deuda subordinada financiera. Preferiblemente europea sobre la estadounidense por eso de que aquí se ha dado una vuelta de tuerca más a la regulación respecto a EEUU, quizás demasiada, y con ello se ha reforzado la garantía de que el bonista cobre a costa del accionista.

No será este post el que condene la inversión en esa clase de activo, sino todo lo contrario, puesto que desde aquí aplaudimos esa decisión. Las razones para apoyarlo parten principalmente del atractivo que presenta el cupón que ofrecen, superior porque estamos hablando de títulos que saldrían mal parados en términos de recuperación de la inversión de una hipotética quiebra por encontrarse en la parte baja de la estructura de capital. Ya saben, a mayor riesgo, mayor rentabilidad.

Si hay algo que desde aquí queremos recalcar hoy, eso es que debemos entender que la deuda subordinada es un TINA para el conjunto de la renta fija, es decir, no nos vale pensar en estos bonos como sustituto de lo que tradicionalmente ha sido la inversión de renta fija. Mejor y para amortiguar riesgos en un mundo en el que se paga por prestar, tengamos presente que este activo casa mejor como complemento de la renta variable, y en el peor de los casos como sustituto. Y decimos esto porque es en los picos de estrés en los que florece su verdadera naturaleza, más propia del dividendo que del cupón.

*Publicado en expansion.com


Amílcar Barrios Vilallonga

Dirección de Inversiones

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