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17/11/2016 AUTOR: Amílcar Barrios Vilallonga Análisis & Inversiones

El guerrero americano

El guerrero americano

Han pasado días más que suficientes para que hayamos sido capaces de interiorizar que Donald Trump, un poco demócrata, otro poco republicano y otro poco más de sí mismo, será el próximo presidente de EEUU.

Ciertamente, viendo lo brusco de la campaña, no son de extrañar las múltiples reacciones que se han venido produciendo, y que siguen y seguirán. Claro que siempre ha sido más fácil censurar al otro que mirarse a uno mismo. Y es que si todos los votantes del magnate siguen un supuesto mismo y pésimo patrón, ¿acaso es más digna la marea populista que está azotando a Europa a derecha, izquierda, arriba y abajo?

Como siempre, las preocupaciones tienden a exagerar el verdadero margen de maniobra de un dirigente sometido a las urnas, lo que lleva a que el principio de realismo de gobierno sea el verdadero timón de la esencia de su mandato. Porque igual que “rebeldes” como Tsipras se vieron forzados a sucumbir ante la troika, el cambio en el tono del discurso apunta que parte de lo que algunos ya han bautizado como los Trumponomics, quedarán por el camino.

Lo más positivo del mensaje económico del presidente electo es el hecho de que por fin alguien ha comprendido, de aquella manera, que no todo puede ser apalancarse en un banco central para salir de la crisis más grave en varias décadas. Que son los Gobiernos los que tienen la última palabra para conseguir darle solidez a la recuperación. Claro que hay un doble lado negativo: I) Primero los (posiblemente y esperemos) vanos intentos por sepultar el proceso de globalización, lo que para muchos puede suponer algo tan efectivo como ponerle puertas al campo. ¿Proteccionismo de lo nacional a costa de qué? ¿De exigirle al consumidor de hoy que pague más por lo que con el Smartphone tiene un coste más reducido? II) Y segundo, gastar de lo público está muy bien, siempre y cuando sea asumible, porque aquí los de la periferia mediterránea conocemos de primera mano las consecuencias de despilfarrar en proyectos representativos de lo absurdo.

Los mercados han cumplido con su función de ir cotizando de forma anticipada lo que a priori parece que sucederá si se aplican las medidas que Trump ha venido repitiendo: aranceles y proteccionismo. Aunque sólo sirvieran para revivir las industrias tradicionales, deprimidas por su falta de productividad, podrían fomentar mayores tasas de inflación, ya presionadas por el efecto matemático que el precio del petróleo ha empezado a provocar. Y aquí el mayor damnificado ha sido el mercado de renta fija, necesitado de la mínima excusa para que estalle la burbuja de deuda soberana en la que nos han metido las políticas ultra expansivas de los bancos centrales.

Ya que inflación significa también tipos de interés superiores, se multiplican los vencedores y vencidos de la necesitada normalización de la política monetaria. Dentro del primer grupo destaca por encima de todo la banca comercial, en un estado financiero y operativo muy diferente al de sus equivalentes europeos. No están solos los bancos, pero llama mucho más la atención el comportamiento reciente del grupo de los segundos, los que mejor se habían comportado hasta la fecha pero que más están sufriendo ahora, los conocidos como bond-proxy (compañías de servicios públicos o de telecomunicaciones). Son esos mismos que volverán a destacar cuando los índices norteamericanos se den la vuelta, porque la bolsa no va a subir por siempre jamás, aunque ahora muchos nada más piensan en positivo.

El petróleo, el dólar o el resto de emisores globales de deuda, entre otros muchos, también van a vivir en sus propias carnes el cumplimiento del programa económico de Donald Trump… siempre que cumpla con lo prometido.

*Publicado en expansion.com


Amílcar Barrios

Dirección de Inversiones

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