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22/09/2014 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

¿Dinero? Gracias, pero no, gracias

Anda el patio revolucionado con el frio recibimiento que ha tenido la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de ofrecer dinero barato y a tutiplén a los bancos de la Eurozona. Pero resulta que les ofrecen 400.000 millones de euros y van los muy desagradecidos y sólo piden 82.000.

Desagradecidos. Les ofreces dinero a un tipo de interés mínimo, con cuatro años para devolverlo, y con la única condición de que lo dediquen a dar créditos y van y pasan de él. Lo lógico es que las autoridades monetarias y los gobernantes se pregunten qué han hecho mal. Mi sugerencia es que, para analizar qué puede haber fallado, utilicen la mejor herramienta que existe en economía y finanzas: el sentido común. Con un mínimo de sentido común, yo me haría las siguientes preguntas:

¿Para qué quiere el dueño de un negocio ampliarlo si lo mantiene a flote de puro milagro?

Porque los créditos sanos, los que los bancos quieren dar a las empresas, no son para cubrir ‘maulas’, como dicen en Galicia, es decir, agujeros de todo tipo, sino para negocios en expansión. Y lo único que está ahora en expansión en España son las ramas de los árboles de Madrid, que como no hay presupuesto para podarlos se han convertido en un peligro público.

Pero, quitando las ramas de los árboles y un racimo de empresas concretas, la economía española en general crece muy poco. Y en cuanto se pase el efecto del estupendo año turístico que hemos tenido en el que, gracias a la Primavera Árabe, no hemos tenido competencia, me temo que, sin medidas radicales, el crecimiento va a ser muy modosito.

Así que el dueño de un restaurante –por ejemplo– se pregunta: si a duras penas consigo que se llene los fines de semana y entre semana me sobran mesas por todos lados ¿para qué voy a pedir un crédito y montar otro comedor? Pues sustituyamos lo del restaurante por casi cualquier otro negocio que no sea una multinacional o un oligopolio y, sobre todo, si hablamos de pymes, haga una encuesta y verá lo que le dicen: ¿para qué quiero dinero para ampliar mi negocio si mi negocio está parado? Gracias, pero no, gracias.

¿Y para qué quiere prestar dinero un banco si teme que no se lo vayan a devolver?

¿Cubre el BCE los impagados? No señor. Pues un banco, por maravilloso que sea el margen de una operación crediticia, prefiere no hacerla antes que tener un crédito de dudoso cobro más. Es comprensible: en una economía estancada y que ya no es que esté en “baja inflación” -como les gusta decir a los políticos- sino que está directamente en deflación –IPC negativo–, el nivel de morosidad es muy alto. Esto ya no es sólo sentido común: basta con ver las estadísticas. Situaciones de estancamiento y deflación llevan a morosidad.

¿Así que políticos y autoridades monetarias pensaban que los bancos estaban deseando prestar? Los bancos ya prestan a quienes les interesa prestar, con o sin TLTRO, que es como llama el BCE a estos créditos ‘blandos’ dirigidos a convertirse en préstamos a consumidores y empresas. Que vaya alguien con una buena nómina, sin deudas -o pocas deudas- y un buen contrato fijo a pedir un crédito hipotecario. Ya verá si se lo conceden. Y barato. O pregunten en cualquier empresa que tenga un balance sólido, esté aumentando facturación y necesite dinero para seguir haciéndolo. A esos no es que les presten: es que les persiguen para prestárselo, con o sin TLTRO. El problema, señores del gobierno, señor Draghi, es que, al menos aquí en la piel de toro, empresas que estén en esa situación hay bastante pocas. Así que dar créditos para luego tener que llamarlos de dudoso cobro …Gracias, pero no, gracias.

Y los particulares no van a pedir crédito aunque se lo pongan en bandeja…

Porque están a dos velas, señores del Gobierno. Que los han machacado ustedes a impuestos. Y a los que no han podido machacar es porque ganan muy poco y el IRPF les sale a devolver. Y esos tienen miedo o pánico al paro, o a que les bajen el sueldo. ¿En qué cabeza cabe que un español medio, que esté más o menos en esta situación –y muchos con un miembro de la familia en paro- , se vaya a meter en un crédito para comprar un coche o lo que sea? Está la cosa como para endeudarse. Mañana mismo puedes estar en la calle porque la empresa va como va. O te bajan el sueldo. O tiene que venir un hijo a casa a vivir porque se ha quedado en paro. ¿Créditos? Gracias, pero no, gracias. Ya tenemos bastante con devolver los anteriores.

Yo me temo que los políticos viven fuera de la realidad. E incluyo como políticos a los miembros del BCE. Viven entre el reservado del restaurante, el coche oficial y la sede del partido. ¿Cómo pueden pensar que sin demanda interna, con unos impuestos absolutamente confiscatorios (ver ¿Rajoy de Mosley o Sheriff de Sherwood?), con millones de parados y un crecimiento anímico, la gente y las empresas se vayan a poner a pedir préstamos como locos después de las penurias que están pasando para devolver lo que todavía deben?

¿Y en qué cabeza cabe que, estando sólo saliendo de su mayor nivel de morosidad de la historia, los bancos se van a poner a prestar alegremente a particulares y empresas que, en el mejor de los casos, están en estado de stand by económico? O directamente comatoso. Y hablo de las pymes, que representan más del 80% del tejido empresarial español. O algo se me escapa o, si de verdad pensaban que el esquema TLTRO –que es como apagar incendios con un cuentagotas–, funcionaría en un país como España o en los muchos países en situación similar que hay en la Eurozona, es que tenemos un problema mucho mayor de lo que pensábamos con nuestras autoridades políticas y monetarias.

Esto, señores, es como el tango o cualquier baile en pareja: hacen falta dos para que funcione. De nada sirve que el BCE ofrezca dinero barato para créditos si la gente no se atreve a endeudarse, los bancos temen por su calificación crediticia y los empresarios no ven por qué van a ampliar su negocio aunque les regalen el dinero. Aquí quienes tienen que salir a la pista a bailar y dar la talla son los gobiernos, porque, aunque sea tarde (ver El Sr. Weidmann se equivoca), mal y a rastras, la ‘chica’, -el BCE- ya ha salido a la pista. Ahí están el TLTRO, la ayuda de Draghi para aligerar la mochila de los bancos con su anuncio de comprarles créditos de dudoso cobro, etc… Pero la mochila que hay que aligerar es la de los que consumen, para que así se anime la demanda interna. Ese es el motor de la economía española y eso es lo que hay que poner en marcha.

Me llamarán pesado, pero aquí, o bajan de verdad los impuestos a las clases que tienen capacidad de consumo –las medias y medias altas- y se dejan de reformas ‘trileras’, o el dinero del TLTRO se lo va a comer el BCE con patatas. Cuando de verdad funcionaría es cuando hubiera demanda real y solvente de crédito que anime a los bancos a darlo con garantías. Lo contrario es construir la casa por el tejado.

De nada sirve que el BCE ofrezca dinero barato para créditos si la gente no se atreve a endeudarse, los bancos temen por su calificación crediticia y los empresarios no ven por qué van a ampliar su negocio aunque les regalen el dinero

Los cimientos de esta casa -de la recuperación- son la bajada de impuestos. Poner dinero en el bolsillo de los ciudadanos para que gasten y consuman. Recordemos que la economía española es 70% demanda interna. ¿Y de dónde se puede sacar ese dinero sin desequilibrar las cuentas? Lo han dicho ustedes mismos, señores del Gobierno. Creo recordar –porque tampoco hablan mucho de él– que lo llamaron algo así como “plan de racionalización y eficiencia de las administraciones públicas”. Y me suena que se conoce coloquialmente como “plan Soraya”. Yo le llamo “Regimen Especial de Adelgazamiento para Estados Gordos y Glotones” o RAEGG (ya que todo el mundo pone nombres con siglas, no vamos a ser menos). Pero en la cifra coincidimos: con un plan como el que ustedes proponen pero no implementan, se ahorrarían 35.000 millones de euros que, redirigidos hacia los ciudadanos –y más a los españoles, que nos gusta gastar– generaría un aumento directo e inmediato de la demanda interna, del consumo, que es lo que de verdad anima la economía y genera el circulo vicioso en el que sí que funcionaría –y muy bien– un esquema como el TLTRO.

Los michelines de nuestras muchas, variadas y pintorescas administraciones son muchos. Desde que volví de vacaciones en cada post pongo -en la posdata-ejemplos que todos sabemos que son ciertos en relación a cómo el Estado podría adelgazar sin crear efectos secundarios indeseados. Siempre he dicho que el arma secreta del Estado español es la misma que la del tipo obeso que naufraga y tiene más reservas que el resto de náufragos, los que cuidaban su figura. Es tan sencillo que da vergüenza que no se haga o que se discuta la evidencia: mitad de políticos, mitad de Estado (me da igual más centralizado que federal tipo Suiza), mitad de patrimonio estatal, menos gastos improductivos, fuera instituciones innecesarias y caras –como el Senado– y, a cambio, fuerte rebaja de impuestos con el dinero obtenido.

Y dejar de sentir vergüenza por bajarles los impuestos a las clases medias altas, que si están en determinado nivel de sueldo es en la mayoría de los casos porque se han esforzado para estarlo. Dejen de hablar de ellos como delicuentes o pecadores a los que hay que sacar hasta los higadillos. Es de puro sentido común: el Estado tiene que hacer de una vez por todas el mismo esfuerzo que las personas que hacen un régimen de adelgazamiento. Voluntad y perseverancia. Bueno, y en el caso de un gobernante, liderazgo.

¡Buen fin de semana!

PS.: En ‘episodios’ anteriores dedicados a cómo el Estado tiene muchas y variadas formas de adelgazar y con ese dinero apretarse también un poco el cinturón y colaborar para animar la economía, pusimos un ejemplo inmobiliario (un terreno/edificio de primer nivel en Madrid), otro institucional (el Senado y otros ‘pesebres’ para políticos en paro o necesitados de aforamiento por problemas con la Justicia) y hoy vamos a poner un ejemplo de cómo ahorrar utilizando Internet.

El otro día fui a empadronarme porque he cambiado de domicilio. Primero hay que pedir cita previa. Llegas, te dan unos papeles y te dicen la documentación que tienes que traer. Básicamente, una escritura de compraventa o un contrato de alquiler. Así que vuelves con todo ello –ya van dos visitas- y, aparte de una buena espera –aunque tengas cita previa–, luego lleva tiempo, porque lo miran todo como si fuera un visado para trabajar de forma permanente en los Estados Unidos. Finalmente, te dan una hojita con la que ya puedes ir a cambiar tu dirección en el DNI, en el carnet de conducir, etc.

Y me preguntaba durante mis esperas: ¿no sería más fácil -y eficiente- que les enviara la documentación por correo electrónico en un archivo PDF y me remitieran mi certificado, previo cruce automático de datos con otros registros de la administración implicados para comprobar que no hay nada erróneo o ilegal? ¿No cruzan Hacienda y tráfico, incluso entre comunidades y nacionalidades, todo tipo de datos, sobre todo si es para cobrar? No propongo poner en la calle a l@s funcionari@s que me atendieron –por cierto, muy amablemente-, sino que en lugar de que estén perdiendo el tiempo en algo que, con los medios tecnológicos actuales, es un trámite rápido y digital, seguro que pueden estar agilizando temas más complejos.

También me planteaba que, aunque fui a la hora de comer, mi tiempo también vale dinero y podría estar mejor empleado. Seguramente, mucha gente hace estas gestiones en horas de trabajo. Y, como siempre digo, esto es sólo un ejemplo. La lista de trámites sencillos que se deberían hacer por Internet sería amplia. Y un par de cosas más: por supuesto que previamente miré si se podía hacer por la red que no era el caso, al menos en mi barrio– y, segundo, una anécdota graciosa: cuando les dije que por qué no se podía hacer por correo me dijeron que claro que se podía… ¡pero se referían al correo postal! ¡Eso sí que es Administración 2.0!

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