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09/09/2014 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

Desgraciadamente, no había más remedio que intervenir

Cuando un banco central le saca las castañas del fuego a un gobierno es como cuando un profesor aprueba a un mal estudiante que no se merece aprobar: el estudiante se acostumbra a que no es necesario estudiar ni hacer los deberes porque, al final, al profesor le dará pena –o querrá quitárselo de en medio– y le aprobarán.

Desgraciadamente, los últimos gobiernos españoles han sido los peores de la clase, así que para nosotros es fácil entender lo que planteo a continuación, y que creo que tiene consecuencias para la economía financiera, la real y para el establecimiento de la estrategia de inversión de los próximos meses.

¿Por qué digo que el pecado original viene de los políticos? Es tan obvio que ni siquiera repetir un millón de veces la mentira de que fueron los bancos y los ciudadanos acabará haciéndola verdad. La verdad, señores y señoras, es que el gobierno socialista pudo impedir la burbuja inmobiliaria, o al menos parar su crecimiento, al inicio de su segunda legislatura. Con mayoría absoluta, el Boletín Oficial del Estado (BOE) en una mano y el Banco de España (BdE) en la otra (el gobernador del BdE lo nombra el gobierno), el Ministerio de Economía sólo tenía que promulgar una ley que limitara la concesión de crédito a todo lo que no fuera primera y segunda vivienda. En otras palabras: crédito abundante y barato para la vivienda propia y para la casita en la playa. Pero no para que cientos de miles de españoles se conviertan en promotores inmobiliarios ni para que el modelo económico del país fuera el Monopoly.

Las pobres clases medias bajas están tan mal que, como no les pongas marginal del el IRPF al 60%, les sale a devolver, así que ahí hay poco que sacar

Y con los promotores profesionales, habría sido mucho más fácil: el ‘riesgo promotor’ de cajas de ahorros y bancos –y no es casual que ponga a primero a aquellos engendros –ha sido siempre conocido al detalle por el BDE-. Y cualquiera que conozca el sector bancario sabe que si el BdE pide una información se le da ipso facto. Ningún directivo en su sano juicio falsearía o dejaría de dar esa información al regulador. En aquella época eran lo siguiente a lo divino en la escala de poder del sector financiero.

¿Culpables los ciudadanos por endeudarse? Algo sí. No hay que gastar mucho más de lo que se tiene. Es una irresponsabilidad. Pero seamos serios: si quitas a la Guardia Civil de las carreteras, ¿cuántos conductores, incluidos respetables padres de familia, irían a 140 por una autopista en lugar de a 120? Si sacas a la policía de las calles surge el libre albedrío. En este caso, barra libre de crédito a falta del mínimo control al respecto.

Pero realmente tenemos mala suerte (o una clase política terrible). ¿Llega la oposición al gobierno y qué pasa? Que deciden que su política económica pasa de ser el Monopoly a ser la del Sheriff de Sherwood (ver “¿Rajoy de Loksley o Sheriff de Sherwood?»), es decir, sacarles el dinero a los ciudadanos, especialmente a los más indefensos fiscalmente, los de la nómina, los autónomos, etc., poniendo especial énfasis en quienes tengan una nómina mayor que la media, que es donde más se puede sacar. Las pobres clases medias bajas están tan mal que, como no les pongas el marginal del IRPF al 60%, les sale a devolver, así que ahí hay poco que sacar. Resultado: como las clases medias y medias altas son las que más capacidad de consumo tienen y son a las que más han apretado, compran menos baja la demanda, las empresas bajan precios para poder vender y ¡o sorpresa!: los precios y salarios caen en barrena. Pero no las deudas.

Así que después de este show de incompetencia política generalizada, que en España ha sido como contamos y en Francia de otro pelaje pero parecido, por poner un ejemplo, pero incompetencia al fin y al cabo, nos encontramos con una economía europea estancada, a punto de entrar en deflación y con los empresarios europeos exportadores que trinan, con euro metrosexual que impide competir con cualquier economía del mundo. Y como también les está pasando a los alemanes, pues ahora el problema sí que es de todos.

De pequeños, ante una pesadilla así, gritábamos en medio de la noche: ¡mamá! Los gobiernos ven la que han liado y gritan: ¡el BCE! ¡Que venga el BCE! Que es como decir que venga el médico o que vengan los bomberos.

Los gobiernos se merecerían que les dijeran: “Niño, a la cama. La próxima vez no cenes fabada y tendrás menos pesadillas”. Pero no podemos. Es como un chantaje, o un escudo humano en el que los ciudadanos de a pie son el escudo. Si no hace nada el BCE, quienes va a pagar las consecuencias son los que menos culpa tienen.

Hay gente que dice que la ayuda del BCE sólo beneficia a inversores y ahorradores que tienen su dinero en bolsa y bonos. ¡Ah, el viejo complejo español de que es pecado ganar dinero! ¡Y más en bolsa! Así le va en el IRPF al que se esfuerza. Cuanto más te esfuerzas y más ganas, más malo eres. Pero volviendo al tema: para empezar, yo creo que no es malo que un jubilado o un pensionista vea mejorar la rentabilidad de sus ahorros. ¿Han trabajado toda su vida para tener una vejez tranquila y ahora son ‘malos’ porque la intervención del BCE aumente el valor de los bonos y acciones que hay en su plan de pensiones? Porque el grueso del dinero que hay en los planes de pensiones y fondos de inversión españoles es de pequeños inversores, no de malvados ricos o herederos. Desgraciadamente, no hay tanta gente que herede un gran patrimonio.

El aspecto más importante del ‘mini QE’ de Draghi es que a quien va a venir de cine es a la banca: le va a aligerar la mochila de forma espectacular comprándoles paquetes de créditos, especialmente hipotecarios. Si unimos eso al TLTRO, es decir, a prestarle dinero a un tipo de interés hiper atractivo y a que el gobierno español les ha quitado la carga del peor ladrillo con cargo al contribuyente (que es el que paga el ‘banco malo’, la Sareb), quien más se beneficia de la acción de Draghi es el sector privado, y especialmente –pero no únicamente– la banca. ¿Es injusto? Más lo sería que fuera a facilitarle la tarea al Sheriff de Sherwood comprándole deuda pública y que así el gobierno español u otros sigan sin apretarse de verdad el cinturón. Pero, sobre todo, es práctico: es dinero que va cuasi directamente a la economía real.

Pero es que el problema no es ya que ganen dinero los ‘malvados’ ahorradores e inversores. El problema es que o se opera al paciente … o se nos muere.

Los gobiernos ven la que han liado y gritan: ¡el BCE! ¡Que venga el BCE! Que es como decir que venga el médico o que vengan los bomberos

¿Por qué afirmo que podría ‘morirse’ (económicamente hablando, que el otro día me decían en Twitter -@AlvargonzalezV– que las economías no se mueren). Pues porque, llegados a la situación actual -estancamiento, deflación en gran parte de Europa, posiblemente pronto en toda- si la Eurozona entrara en un proceso deflacionista prolongado tendríamos un problema ‘a la japonesa’ (ver “La japonetización de la economía occidental”, artículo del mes de Septiembre de 2011). Y en Japón la pasta de dientes ha salido tanto del tubo que ya ni a base de estímulo monetario son capaces de devolverla a su sitio. No podemos permitir que aquí pase lo mismo, como comentaba en dicho artículo, y entonces teníamos un margen de actuación que no tenemos ahora, como advertía en “El Sr. Weidmann se equivoca”, de febrero de 2013.

Ciertamente, la intervención quirúrgica del BCE puede tener efectos secundarios indeseables. En el caso español, que no se preocupen tanto quienes temen otra burbuja inmobiliaria a medio plazo. Para eso está la Sareb y el patrimonio inmobiliario que se han quedado los bancos por impagos. Hasta que ambos no se deshagan de, al menos, parte de esa inmensa cantidad de ‘ladrillo’ que tienen acumulado en sus balances, yo no me preocuparía por una nueva burbuja inmobiliaria, al menos en España. Es más un problema para los alemanes, pero no para España.

El otro efecto secundario sería que entráramos en lo contrario, en una espiral inflacionista. A corto plazo eso es casi imposible. Media Europa está en deflación, la capacidad productiva está tan infrautilizada –como consecuencia de la recesión y el estancamiento económico – y el paro es tan alto, que el principal origen de la inflación –la demanda de mayores salarios– queda bastante lejos. Pero lo que no sólo no está lejos, sino que está aquí, es una bajada o estancamiento de salarios de la que se libraría poca gente. Si las empresas se ven obligadas a bajar precios para vender, pero siguen pagando lo mismo por, por ejemplo, el transporte –el precio del petróleo lo controla un oligopolio-, la luz -es donde mete el gobierno el hachazo que no quiere que se note en los impuestos directos-, el resultado es que baja el margen operativo de las empresas, y cuando eso ocurre, el jefe llama a los trabajadores y les explica que la cosa va mal, que hay que arrimar todos el hombro y que hay que recortar salarios.

Y así, mientras el IPC sea negativo, estaremos en un círculo vicioso de difícil salida. Y con Internet a toda marcha hay más elementos que nos ‘protegen’ de la inflación, pero para no repetirme les invito a leer al respecto “Desinflator”: bienvenidos a la desinflación digital”. Y, quitando el petróleo, cuyo precio, insisto, maneja un oligopolio, no está ninguna economía demandando materias primas con la alegría de hace unos años. Ni siquiera China. Y eso las hace más baratas (y más con un euro fuerte).

Pese a haberlo defendido en muchas ocasiones, hubiera preferido que el BCE no tuviera que intervenir (ver los artículos mencionados anteriormente). Antes hubiera deseado que políticos brillantes y con capacidad de liderazgo hubieran evitado que acabáramos así. Que no se hubieran endeudado para pagar aeropuertos en medio de la nada, ERE’s falsos, o para tener tres organismos para realizar la misma competencia, es decir, el central, local y el autonómico, lo que coloquialmente se conoce como ‘pesebre’. Ojalá hubieran premiado el esfuerzo y el trabajo y que los que más se lo curran no trabajaran para el Estado hasta septiembre (así es si sumamos impuestos directos, indirectos, autonómicos y locales).

Pero no ha habido suerte, nos ha tocado lo que nos ha tocado y de nada sirve lamentarse. No nos queda otra: seamos pragmáticos, saquemos a la enferma Europa de la UVI y recemos para que dentro de unos años surja una clase política que no repita los errores que nos han llevado a tener que utilizar el bisturí.., y encima llamando a Urgencias (si les pica la curiosidad, mi propuesta para mejorar la clase política la encontrarán en “Doble paga, doble pena”).

¡Buen fin de semana!

PS: La ‘movida’ del BCE me tiene liadísimo, así que desgraciadamente hoy no tengo tiempo para, como en el artículo anterior, recordarle en la postdata a los muchos gobiernos que hay en España dónde gastan de forma innecesaria o recordarles patrimonio que pueden vender a buen precio y que así no sólo nos apretemos el cinturón los ciudadanos. Asumo seguir con el compromiso de continuar –de forma breve, lo prometo- la semana que viene.

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