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27/09/2014 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

Cómo ganar dejándose llevar

Bienvenidos al vuelo BCE02 al mando del comandante Draghi. Destino: ganar dinero aprovechando que tiene que devolver la estabilidad de precios a la Eurozona. La primera escala será evitar que caiga en deflación. La segunda -la parte más larga de la travesía- es acercarse a ese “nivel de inflación cercano al 2%” que la compañía aérea BCE establece como “estabilidad de precios”, es decir, el equivalente a los 36 grados y pico que sería la temperatura estable y sana del cuerpo humano.

Pues, como ocurre con el cuerpo humano, 39 grados es una mala señal, pero 25 tampoco es buena. Los médicos le llaman hipotermia. Si seguimos con la metáfora, en economía 0,4% de IPC (inflación) anual en la Eurozona está más cerca de la hipotermia que de la sanidad. De hecho, salvo serio conflicto armado en Oriente Próximo –nunca descartable cuando baja el precio del petróleo-, hasta el oro negro baja junto con el resto de materias primas, lo que, unido a todo tipo de factores desinflacionistas (ver Desinflator’: bienvenidos a la desinflación digital) y la tozudez que hace ya año y medio denunciamos del representante del Bundesbank en el BCE (ver El Sr. Weidmann se equivoca) podemos encontrarnos sorpresas -a la baja- en el IPC.

Eso, en el caso español, serían ya dos meses consecutivos de IPC negativo, muy cerca de la definición oficial de deflación, que serían seis meses consecutivos de IPC negativo. Y el anterior a los dos negativos recientes fue cero, o sea que ya casi llevamos tres…y contando. No voy a aburrirles contándoles de nuevo por qué un proceso de deflación prolongada es negativo para la economía y el bienestar de los europeos. Lo tienen en el artículo Desgraciadamente, no había más remedio que intervenir.

Pero el comandante Draghi sí que tiene claro que la deflación no es buena, así que se ha ido cargando de razón a base de datos y se ha puesto al mando del avión. Tiene dos objetivos. El primero es cumplir aquello para lo que fue contratado -mantener la estabilidad de precios en la Eurozona-. El segundo es una opinión personal: no acabar su mandato como el primer presidente del BCE que no consiguió el objetivo del banco central de la Eurozona.

Porque, cual pasta de dientes que sale del tubo, los precios han ido bajando de forma sostenida mientras el señor Weidmann pilotaba el avión y Draghi esperaba  -muy “a la florentina”- a que Weidmann pusiera rumbo equivocado y se dieran cuenta desde la torre de control. Ahora le han puesto en el asiento del copiloto. Y atado. Pero volver al rumbo correcto, es decir, volver a meter la pasta de dientes en el tubo, va a requerir medidas de estímulo monetario no sólo nuevas y más potentes, sino también reforzar las que ya se han tomado y tienen impacto real en la economía, como son la compra de paquetes de créditos de dudoso cobro de la banca (compra de ABS) o el esquema TLTRO (Targeted Long Term Refinancing Operations).

Y tendrá que vencer la resistencia alemana y emprender un proceso de Quantitative Easing en toda regla, es decir, comprar no sólo parte de la mochila de más dudoso cobro de la banca (ABS), sino también deuda pública de los países de la Unión. Porque ha llegado el momento de pasar de las palabras a los hechos y demostrar que la frase “haré lo que haga falta” no es un farol. Lo que se ha hecho hasta la fecha resulta insuficiente y, peor todavía: llega tarde. Ahí están los datos de IPC, de producción industrial europea, de actividad del sector servicios (que representa más del 70% de la economía europea), de confianza del consumidor, -a la baja, mes tras mes-, etc., etc.

ha llegado el momento de pasar de las palabras a los hechos y demostrar que la frase de “haré lo que haga falta” no es un farol

¿Y cómo se gana dinero sentado tranquilamente mientras Draghi lucha por salir del espacio aéreo deflacionista (y de paso consigue una salida airosa a su presidencia)? Pues como llevamos haciendo en esta casa desde hace tiempo. En su día, con EEUU, subidos al ‘jet’ del señor Bernanke (el S&P 500 ha subido un 190% en cuatro años al calor del estímulo monetario de la Reserva Federal de los EEUU) y aprovechando las expectativas de que el BCE acabaría haciendo lo que está haciendo. Un simple y sencillo Fondtesoro seleccionado por esta casa ha ganado hasta hoy un 16% con una volatilidad mínima (2,4%) desde que apostamos por la deuda pública española –y europea en general– en enero de 2013 (ver Me apuesto una cena a que…). Y ni que decir tiene que esta cifra ha sido mucho mayor para quien tomó un riesgo superior y compró directamente un bono español a 10 años.

Pero en mi opinión, el viaje no finaliza aquí. Es como ese chiste del tipo al que le dan un puñetazo, le dejan un ojo morado, se dispone a responder a la agresión y grita: “Esto no acaba así”; a lo que el contrincante responde: “No. Se hincha”.

Pues aquí lo que se va a hinchar es el balance del BCE y las ganancias de quién sepa aprovechar el viaje. Cada vez que descarguen mochila de la banca, bueno para la cotización de las entidades financieras (las de mayor peso en el Eurostoxx 50). ¿Que hay QE europeo? Pues bueno para ellas, las mayores tenedoras de deuda pública del continente (va a tener gracia que lo que compraron para ayudar al insigne Doctor Bacterio –perdón, Zapatero- y para evitar la quiebra del país, vaya a acabar en la realización de una fuerte plusvalía). Pero también será bueno para el resto del mercado, pues ese “muro de dinero” no sabemos si llegará a la economía real, pero tenemos pocas dudas de que tiene que pasar por el “oleoducto” de la economía financiera.

Se ha notado incluso antes de que despegue el avión. Nuestro Ibex ha ganado un 20% en los últimos doce meses y ya vimos lo que pasó en los EEUU, si bien no esperamos ni de lejos un resultado igual en la Eurozona, pues aquí falta un compañero de baile (ver Desgraciadamente, no había más remedio que intervenir) que va en primera clase, pero no tiene intención de renunciar a ninguna comida, copa u aperitivo. Son los gobiernos, que saben mucho de gastar y subir impuestos pero poco de ahorrar, así que el muro de dinero que va a tener que lanar el señor Draghi –ya dije en su día que a más tarde, más carne tendría que poner en el asador– no va a beneficiar en bolsa sólo al sector bancario. Las implicaciones de un estímulo como el que acaba de empezar son muchas, pero yo no puedo comentarlas todas aquí por falta de espacio.

El muro de dinero que va a tener que lanar el Sr. Draghi -ya dije en su día que a más tarde, más carne tendría que poner en el asador– no va a beneficiar en bolsa sólo al sector bancario

Pero insistiré en una recomendación que hice en mayo de este año en El día en que Yellen se hizo tacaña y Weidmann generoso y sobre la que insistí en julio en Ideas de futuro frente a rentabilidades del pasado: el dólar. Siéntense a observar en la pantalla del avión como el señor Draghi ‘hincha’ el balance del BCE -hasta en un billón de euros extras según sus propias palabras- y cómo para ‘hincharlo’ tiene que comprar activos financieros pagándolos con euros contantes y sonantes: una auténtica lluvia de euros mientras que la señora Yellen hace justo lo contrario. Así que, como dijimos en julio, compren dólares para luego venderlos cuando lleguen al destino, en un viaje en el que el dólar se revalorizará en paralelo a la deseada depreciación del euro. Deseada hasta por los alemanes -los empresarios alemanes- que veían como competir con ese euro que desayuna anabolizantes, vitaminas y ‘gingseng’ era cada día más difícil.

¿Tan fácil? ¿No hay riesgos? Claro que hay riesgos. Siempre hay riesgos en los mercados. A saber: la testosterona de Putin en Ucrania. O que los datos norteamericanos muestren una economía mucho menos fuerte de lo esperado y la señora Yellen se lo tome con mucha más calma de lo esperado (riesgo en caso de apostar por el dólar) o, como dijimos antes, que, si el petróleo sigue bajando –que es lo que debería hacer si siguiera de verdad las fuerzas del mercado-  ‘casualmente’ se incremente o surja un nuevo conflicto en Oriente Próximo, que es de donde ‘casualmente’ sale la mayor cantidad de petróleo que consume el mundo y donde, si se pone un islamista radical en la espita, la subida es inmediata Y eso no sólo no es deflacionista, sino que les sentaría muy mal a las bolsas. Pero quitando lo anterior -o un nuevo tsunami que va y pasa por encima de una central nuclear- las probabilidades de que en este viaje hagamos plusvalías son muy elevadas.

¡Buen fin de semana!

P.D.: Este “finde” damos una tregua a los políticos y no les recordamos formas de ahorrar dinero o generarlo mediante venta de patrimonio público innecesario e improductivo. Pero sólo es una tregua. Estos recordatorios no acabarán hasta que, o bien pongan algo de su parte, o al menos cumplan su promesa de “compensar con creces a los españoles por el esfuerzo realizado”.

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