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23/09/2016 AUTOR: Amílcar Barrios Vilallonga Análisis & Inversiones

Banqueros centrales convertidos en aprendices de magos

¿Tiempos de dólar?

Ya sabemos todos que la Reserva Federal no ha alterado el nivel de los tipos de interés, que se queda donde estaba, es decir, intacto en el 0,5 % en el que ya lleva desde diciembre del año pasado.

Pudo existir entonces algo más importante en esta reunión de la Fed, ese mensaje implícito y casi explícito que dice que de nuevo un mes de diciembre, el del presente año para ser exactos, es óptimo para volver a encarecer el precio del dinero otros 25 puntos básicos… palabras pasadas no garantizan acciones futuras.

Es cierto que los mercados han reaccionado con alegría a esta enésima patada para delante, como era de esperar, pues al fin y al cabo el dinero barato y casi gratis es el que nos ha llevado (en gran medida) donde estamos en términos de mercado. Si no fuera así, a muchos les/nos resultaría altamente complicado entender que ante una mezcla de economía frágil e inflación en muchos casos ausente, los activos de riesgo se hayan comportado tan bien como lo han hecho en los últimos años.
Claro que toda decisión cuenta con un lado oscuro, ese mismo que se tiende a desatender en periodos de euforia. Y un órgano de decisión tan dividido a la hora de subir los tipos como ha estado este último FOMC, confirma que los factores “menos positivos” merezcan especial atención.

Existe la creciente convicción entre los inversores de que los bancos centrales han alcanzado el límite en el que la inquebrantable voluntad humana llega a su fin. Es ya demasiado largo el tiempo que llevamos fiando nuestra próxima jugada a la carta de la política monetaria, mientras el resto de la baraja, ligada al aparato político, ni siquiera se levanta de la mesa. Para entendernos, no podemos pretender salir de la crisis más severa en 70 años sólo con la habilidad de unos banqueros centrales convertidos en aprendices de magos, al tiempo que mantenemos intacto un modelo económico que ha demostrado no tenerse en pie por sí mismo. Esto es lo que muchos reclaman y llaman reformas estructurales.

En esa misma línea, es cierto que los diversos efectos de la crisis mundial que estalló definitivamente en septiembre de 2008, así como sus derivados, aún se siguen notando. Pero también dice la historia que cada cierto tiempo, como cíclica que es la economía, habrá de nuevo una recesión. Y cuando llegue, porque llegará, mejor será que los distintos bancos centrales hayan normalizado en mayor o menor medida sus políticas monetarias, pues nadie se podrá permitir presentarse al duelo sin balas en el cargador.

Hay más material para pensar que a los experimentos que hoy son pan de cada día pero hace un tiempo se les consideraban aberraciones, se les debe ir poniendo final. No hablamos de situar los tipos de interés en territorio negativo (pido prestado y encima cobro por ello), que ya es difícil de explicar, sino de la descontrolada quema de billetes, comúnmente llamada estímulos. Ningún ejemplo mejor que el de Japón, en donde por más que el banco central monetice la deuda y se convierta en accionista de referencia de sus compañías, no hay indicios de que se puedan alcanzar unos objetivos de inflación hoy por hoy utópicos.

Un último apunte que al mercado gusta y disgusta casi por igual. ¿La Reserva Federal de los EEUU? o ¿ la Reserva Federal de los mercados financieros globales? Uno ya no sabe si es el miedo a enfadar a los inversores o que de verdad un 0,25% de subida es un peligro para la recuperación estadounidense.

*Publicado en expansion.com

 

Amílcar Barrios Vilallonga
Dirección de Inversiones

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