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30/06/2014 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

Atención, nadie está seguro: llegan los ‘drones’ digitales

¿Qué tienen en común para mi Francisco González, presidente del BBVA y Mick Jagger, cantante de los Rolling Stones? Pues que ya me gustaría estar como ellos cuando tenga su edad. El otro día fui a ver a los Stones y, si no puedo decir que viera a un Jagger en plena forma física– comparado con hace treinta años – si puedo decir que le vi en plena forma musical. Y el otro día leí unas declaraciones de Francisco Gonzalez que demuestran que sigue siendo el astuto visionario de los negocios que siempre ha sido.

¡Reténganse las malas lenguas! No estoy haciendo méritos ante Francisco González para que me contrate. Ya lo hizo. Fue mi jefe durante bastante tiempo. Es más: seguro que tiene cosas más importantes que hacer que leer mi blog. En cuanto a Jagger, veo todavía menos probabilidades de que lo lea y, desde luego, seguro que tiene acceso a asesores financieros mucho mejores que yo.

No, esto no va de hacer la pelota a nadie. Esto va de mirar al futuro. Y de, como comentaba en dos artículos anteriores (“El problema de los taxistas es el problema de todos” y “El futuro ya está aquí”) la realidad muerde. O te adaptas o te adapta. Los taxistas no son los únicos amenazados por la combinación Internet/Redes Sociales/Libre Mercado/Innovación/Auge de los Emprendedores. Hasta hace poco, muchos sectores empresariales, normalmente monopolios, oligopolios o sectores regulados por la Administración, vivían seguros y sin competencia porque contaban con la protección del Padrone Estado. Ciertamente no era gratis: pagaban – y pagan – su mordida a cambio de protección. Unas veces de forma transparente – licencias, arbitrios, tasas, cánones, etc; y otras de forma más turbia – financiación de partidos políticos y de sus campañas electorales, así como las campañas y gastos de determinadas personas dentro de los partidos. Y también pagaban – y pagan – a los sindicatos, para que no monten jaleo y así se mantenga el statu quo.

Pues si esos sectores se autoexaminan y se ven presa potencial de un dron digital, le sugiero que se ahorren todo ese dinero y lo dediquen a prepararse para el nuevo entorno de competencia, de competencia dinámica y feroz, que va a crear la unión de creatividad empresarial, tecnología e Internet. Si bloquean Madrid con una manifestación, que sea para liberarse de la mordida del Padrone Estado/Ayuntamiento, no para pedirle protección. Lean si no las declaraciones de alguien mucho más listo que yo, lo que declaró Francisco Gonzalez en un artículo publicado en el Financial Times.

En primer lugar, considera un error el menosprecio de algunos banqueros y analistas a Google, Facebook y Amazon como futuros rivales de los bancos en el sistema financiero, un negocio de bajo margen de ingresos y altamente regulado. Además, dijo, estos operadores están libres de los obsoletos sistemas de distribución de la banca tradicional y cuentan con herramientas con un gran potencial, como PayPal, Square, iZettle, SumUp y Dwolla. Y son marcas fuertes y con miles de millones de usuarios.

«Creo que los bancos que no estén preparados para estos nuevos competidores se enfrentan a una muerte segura», y comenta que en dos o tres años sólo el 5% de la interacción con los clientes será a través de las sucursales. «Las reglas han cambiado y una nueva liga de competidores está emergiendo». Chapeau.

Sabe muy bien a que se refiere FG cuando dice que a la banca pueden surgirles competidores digitales en “toda la cadena de valor”. Lo cual incluye obviamente la parte que conozco algo, es decir, la gestión de patrimonios y el asesoramiento financiero. Internet ha roto las fronteras y ya está rompiendo las barreras de entrada de muchos negocios y actividades que parecían inexpugnables.

Estas empresas actúan como drones del ejército: sus bases están fuera del alcance del enemigo, pero actúan en pleno campo de batalla. Y lo hacen desde el cielo, por la noche o desde una altura que les hace invisibles, no hacen ruido y sus motores tampoco despiden calor como para atraer a un misil: son casi invencibles. La sede de la empresa está en otro país, respetan la legislación de ese país y atacan – ofrecen sus servicios – en países donde la legislación de una determinada actividad es especialmente restrictiva y costosa. Y su presa más fácil son los negocios protegidos por el Padrone Estado, porque esas empresas tienen sus defensas anquilosadas y no están preparadas para enfrentarse a una máquina de alta tecnología y que lleva la libre empresa a su máximo exponente. Porque cuando los drones digitales entran en batalla no hay legislación ni Padrone que valga. No puedes multar a un señor que utiliza una aplicación peer to peer o incluso  de persona a empresa en un Smartphone mientras viaja en el AVE y que al llegar a la estación usa otra para que un tipo que necesita un dinerillo extra le lleve a casa por la mitad de lo que le cuesta un taxi (taxi que es mucho más caro porque tiene que pagar la protección del Padrone Estado)

Señores, el Padrone no les puede proteger de algo así. Ahórrense el impuesto revolucionario. No es lo mismo, pero acuérdense de las descargas por Internet. Al final y tras mucho llenarse la gente la boca con amenazas de fuego eterno, la realidad es que no puedes multar a miles de adolescentes – y no tan adolescentes – que se bajan pelis o música. Pero lo que sí puedes hacer – y se está haciendo, vean si no Spotify – encontrar un precio de equilibrio a base de mejoras de productividad, menos mordidas, la eliminación de la parte física – un CD y su funda, por ejemplo –, publicidad en caso de servicio gratuito, un precio justo y, sobre todo, ofrecer la calidad que no te da una canción bajada en la red. Y en otros negocios añádase profesionalidad y experiencia.

En mi artículo “El problema de los taxistas es el problema de todos” decía que, a precio similar o incluso un algo superior, prefiero que me lleve un taxista profesional, que haya pasado unos exámenes de capacitación, en un coche limpio y cuyo conductor se conozca bien la ciudad (único examen que les obligaría a pasar, como hacen en Londres). En otras palabras: un buen servicio a un precio razonable. El único truco que nunca falla en la economía de mercado: las tres “B”: bueno, bonito y barato. Y ya puestos, para que negarlo: prefiero darle mi dinero a una familia española – la del taxista – que a un magnate afincado en Hong Kong. Descarguen a los taxistas de licencias, tasas y otras formas de  protección contra la competencia y ayúdenles con ese dinero a mejorar su productividad y a utilizar la tecnología como auténticos drones. Ya verán si compiten con Uber o no. ¡Pero si el margen de Uber está precisamente en lo que les cuesta a los taxistas la protección del Padrone gordo y glotón, sea Estado, Ayuntamiento o político concreto con influencia en tal comisión o consejería!

Bueno, llega el momento de las conclusiones. Este tema daría para más, para mucho más, pero tranquilos, no quiero aburrirles. La primera sugerencia va, con toda humildad, hacia los directivos: hay que analizar si tu negocio tiene barreras de entrada frente a los drones digitales. Muchos tienen barreras naturales o métodos sencillos para protegerse. Pero otros están auténticamente indefensos. Y lo que me atrevo a afirmar, porque es “este nuestro sector”, es que muchas actividades del sector financiero, en su concepción actual, ya están condenadas a ser eliminadas con el láser del dron en tiempo récord, porque venden servicios, no producto físico (una buena barrera natural, al menos por el momento). Si no lo han sido ya es porque todavía no se ha juntado un socio financiero con visión con alguien que no tiene dinero pero que sabría diseñar ese dron. Pero aparecerán. Y se encontrarán. No es cuestión de si ocurrirá. La cuestión es cuándo.

En mi opinión, la mejor defensa contra los drones digitales es el talento y la capacidad de adaptación: ser tan o más listos que ellos. O convertirte en dron (probablemente la mejor opción). Utiliza tu ventaja: conoces bien el sector y sus clientes. Muchos de estos drones no conocen a fondo el sector en el que compiten. Lo que sí saben es sumar, y si sumas lo que te ahorras por no tener que pagar al Padrone, más el coste de no necesitar establecimientos físicos, como ocurre en la banca, sumas esas y otras cantidades similares que te vas a ahorrar – en costes de personal, por ejemplo, que aquí la tecnología juega un papel crucial – y listo: ahí está su margen. Y así en cada sector que no cuente con un arrecife natural que impida la entrada de tiburones.

Porque, encima, los drones son eficientes, al menos en el sector financiero: es mucho más seguro usar PayPal que dar tu número de tarjeta en la red. ¿Y la comodidad de usar una App para realizar tus operaciones/consultas bancarias?  ¿Y cuánto negocio le ha quitado Whatsapp a las empresas de telefonía clásicas? ¿Cómo es posible que estas cosas sólo las vea un señor que me saca casi veinte años – me refiero a que no es un chaval que ha nacido en plena era Internet – o yo mismo, que sólo soy un estratega de inversión y un modesto asesor financiero? Y obviamente la mayoría de los implicados no lo ve – como ese estupendo anuncio que están poniendo en TV -, porque lo que yo no veo es que esta cuestión sea prioritaria entre directivos, consejos de administración, etc.  Hasta que tienen el dron encima claro. Pero entonces ya es tarde.

Así que, volviendo a la cuestión principal, mi segunda sugerencia es para inversores y analistas: antes de invertir en una empresa, analicen si cuenta o no con barreras naturales suficientes frente al ataque de un dron digital. Y analicen también en el otro sentido: si la empresa puede ser víctima potencial de los drones, trate de descubrir si se ha dado cuenta de hasta qué punto está expuesta y si al frente hay una persona u equipo que es consciente de la amenaza, entiende la jugada y está capacitado para convertirse en un dron más peligroso que el que le ataca. Mejor invertir en empresas que tengan al frente gente como FG, que han visto clara la jugada. Y, como puede verse, no es cuestión de edad.

Finalmente, quisiera dejar claro que no creo que se deba dejar a los drones actuar libremente. No soy un economista ultra liberal. En absoluto. Pero de nada nos sirve mirar a otro lado. Y tampoco va a servir de nada poner puertas al campo cuando lo que viene son unos bichos que vuelan. Tenemos que eliminar las cargas que sólo sirven para alimentar al Estado gordo y glotón y que los sectores afectados por la competencia digital utilicen ese dinero para prepararse para competir.

También soy consciente de que convertirse en dron – o que una parte de tu negocio se reconvierta en dron– implica una fuerte rebaja de costes salariales, lo cual es bueno para la cuenta de resultados pero terrible para la persona que va a la calle. A este respecto, diría que también la informática hizo que inicialmente se prescindiera de muchas personas, pero al final el sistema se readaptó y hemos vivido tasas de paro mucho menores a nivel global – España es un caso especial – después de que surgieran los ordenadores, que antes. Asimismo, seamos realistas: va a ocurrir sí o sí. Si la empresa se adapta a tiempo, se salvará el barco y la mayoría de sus tripulantes. Si no, el barco se irá a pique y morirán todos los pasajeros. La misión del capitán es salvar al mayor número de personas, incluso aunque esto suponga el sacrificio de unos cuantos.

Asimismo creo que debemos mantener las protecciones que tengan una base ética y moral, las que son el pilar de una economía social de mercado. No queremos la ley de la selva. Pero seamos realistas: el mercado es una selva. Y el motivo por el que el hombre sobrevivió en la selva, cuando era uno de los animales más pequeños y débiles, no fue sólo su inteligencia, sino el aplicar esa inteligencia para desarrollar una capacidad de adaptación al medio superior a la del resto de los animales. Pues ya saben: “adaptarse o morir”.

¡Buen fin de semana!

PD: ¿A que muchos de ustedes ya no se esperan al telediario para conocer la predicción del tiempo, sino que miran su aplicación – gratuita – en el Smartphone y listo? Era por si no me había explicado bien.

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