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03/02/2015 AUTOR: Víctor Alvargonzález Jorissen Varios

And the winner is… ¡Germany!

El señor Gunter, consejero delegado de una empresa alemana, se levantó feliz el viernes pasado. Y no es la primera mañana que saluda efusivamente a su mujer y a sus hijos y comenta que buen día hace (aunque está nublado, como ocurre el 90% de los días en Alemania). El caso es que desde que el Banco Central Europeo (BCE) empezó a tomar medidas para prevenir un proceso deflacionista en la Eurozona, parece que cada día le hacen un regalo cuando se levanta. Y el jueves, al menos en opinión del señor Gunter –aunque por ser políticamente incorrecto, procura no comentarlo en público- la cayó el gordo cuando Draghi sacó el “bazooka”.

Gracias a la bajada de tipos de interés de la deuda, que afecta indirectamente a su empresa, y a los programas de refinanciación anteriores, la media de sus costes financieros –deudas a largo y financiación a corto plazo– va camino de ser cercana a cero. Los políticos están que trinan, pero el, que mira por su empresa y, como es una buena persona, por sus trabajadores, lo que ve es una reducción de costes financieros sin precedentes que tiene un impacto directo y muy positivo en su cuenta de resultados. Tampoco entiende muy bien que haya tanta gente enfadada: su empresa cotiza en bolsa y todo lo bueno que le pase a su empresa repercute directamente a los accionistas. Y en los trabajadores, ya que tiene la sana intención de aumentarles el sueldo. Difícilmente puede justificar no hacerlo si su empresa empieza a ir como una moto.

Porque no sólo es que vaya bien: es que el futuro de la compañía es esperanzador, como el de muchas otras empresas alemanas. Y no lo dice él. Lo dice la encuesta de expectativas empresariales -el índice de confianza del empresariado alemán–, que no hace más que subir en los últimos meses. Como era anónima, pudo olvidarse de la corrección política y monetarista y dijo lo que pensaba: que lo que veía venir no le parecía nada mal.
Pese a que las quejas alemanas sobre el riesgo de burbuja inmobiliaria o de bonos en su país están plenamente justificadas, si hay una bolsa que se va a beneficiar a medio plazo del QE, en mi opinión, esa es la alemana

Porque coste cuasi cero de la deuda no el único regalo que ve en el horizonte. Parece ser que, según lee en Der Spiegel, la OPEP se quiere cargar a las empresas de fracking norteamericanas –esas cosas se pueden leer en la prensa alemana, no hay porque leer nada extranjero– y, claro, sus clientes minoristas tendrán más dinero para gastar con cargo al ahorro en gasolina. De hecho, está planteándose ampliar capacidad de producción, porque, -otro regalo- no sólo son sus clientes alemanes: es que con una caída del euro del 17% frente al dólar, sus clientes mayoristas de fuera de la Eurozona –cuya moneda de intercambio es mayoritariamente la divisa norteamericana– están aumentando las compras más sus excelentes productos “made in Germany”, que ya eran buenos antes, pero resultaban un poco caros.

Es más: hace cálculos y, aunque no es financiero, sí es economista, y se da cuenta de que inyectar 60.000 millones de euros al mes en la economía europea es inyectar muchos euros, y su director financiero le ha comentado que la Reserva Federal de los EE.UU. está derivando hacia la posición contraria. Mmmm ..: más euros en el mercado, menos dólares… Suena a que el euro podría caer incluso más. Y el será todavía más competitivo. Su departamento de ventas internacionales está de enhorabuena.

También se ha fijado en que el italiano ese que tanto odian los políticos alemanes, el tal Draghi, ha dicho que si no consigue llevar el IPC de la Eurozona al terreno positivo, sacará de nuevo el “bazooka”. Más euros en el mercado, más caída del euro. De camino al trabajo sonríe mientras piensa en sus competidores de fuera de la zona euro. Y el día le sigue pareciendo maravilloso pese a que, como suele ocurrir en estas fechas, ha empezado a nevar.

El señor Gunter tampoco se siente mal como ahorrador. Como buen alemán, ahorra gran parte de lo que gana. Y como buen alemán, “era” muy de depósito bancario en banco híper sólido. Pero cuando vio que los depósitos cada vez daban menos, no se metió a elucubrar sobre si el apoyo monetario es malo o bueno. Gunter es un empresario, un hombre practico. Si los depósitos no me dan lo que quiero, compro bonos y paso de lo que digan los tertulianos y las redes sociales sobre las maldades del QE. Así que hace un par de años que pasó lo que tenía en depósitos a bonos. Alemanes, claro. Y desde que se pasó de depósitos a bonos ha obtenido una plusvalía de dos dígitos en su inversión. Ciertamente cupón, lo que se dice cupón, no tiene, o muy poco, especialmente en las emisiones recientes. Pero esto tampoco le genera mucho sufrimiento, considerando las plusvalías obtenidas, la cuales realiza periódicamente para así sentir que tiene una rentabilidad concreta en el bolsillo. De hecho, la inversión la hizo a través de un fondo y ve cómo se revaloriza.

También es cierto que hace unos meses empezó a preocuparse de si aquello de los bonos no habría ido demasiado lejos, que esas rentabilidades negativas -por cupón- que tan bien le vienen a su empresa pueden ser malas desde el punto de vista del inversor, una señal de que la fiesta se ha acabado. Pero luego pensó: “si a mi empresa le puede ir de cine, conozco otras que se benefician igual o más que yo de todo esto que, sin quererlo ni beberlo, me está pasando a mí. Las hay que dedican mucho más que yo a la exportación, o que tienen una flota de camiones inmensa porque se dedican a la logística, o al transporte. Y qué decir de las que viven del consumidor final alemán, el cuál no sólo está ganando poder adquisitivo por la caída del precio de los carburantes: es que si compra un coche, una nevera, lo que sea, la financiación le sale gratis. Aunque sea a más de un año. Y como los alemanes no tenemos problemas de endeudamiento, como esos manirrotos del sur, parte de la renta disponible puede ir al consumo”.
Si hay un tejido empresarial que se beneficia de la caída del euro es el alemán, dado que es el país donde la exportación tiene un mayor peso en la economía

Así que, ni corto ni perezoso, hace tres meses se fue a ver a su asesor financiero –que además tiene la suerte de que es independiente y trabaja para él, no para un banco, ya que en Alemania eso es lo normal– y compró participaciones en un fondo referenciado al Dax alemán –como no podría ser de otra manera –y está encantado: su fondo se ha revalorizado un 17 % ¡en tres meses! El Draghi ese será un monstruo, pero para un ahorrador con bonos y acciones alemanas en cartera, que es lo que suelen tener los ahorradores que no se limitan al depósito, la verdad es que no resulta tan monstruoso. Es más, él no se ha atrevido, pero los índices franceses o españoles tampoco han ido nada mal. Y si la gente ve cómo aumenta el valor de sus ahorros, a lo mejor se anima a gastar un poco más.

Eso sería bueno para su empresa ¿no? No acaba de entender porque todo el mundo está enfadado con el señor. Draghi. Desde luego los pensionistas, con sus planes de pensiones invertidos en estos activos, no deberían estarlo. Y menos los inversores, que se benefician de que suba la bolsa… En fin, algo habrá hecho mal este señor para que los medios y los tertulianos estén tan enfadados con él. Pero los trabajadores del señor Gunter, sus accionistas y cualquiera que tenga unos ahorros no deberían estarlo. Al menos eso piensa. Y cuando lo piensa se siente como el americano ese de la película, Forrest Gump, que sólo entendía lo básico.

Moraleja (*)

Pese a que las quejas alemanas sobre el riesgo de burbuja inmobiliaria o de bonos en su país están plenamente justificadas, si hay una bolsa que se va a beneficiar a medio plazo del QE, en mi opinión, esa es la alemana.

Será el principal objetivo de las compras de bonos del BCE, porque se hacen en función del peso de cada economía en el conjunto de la Eurozona. Y dado que sus tipos en su deuda soberana ya son negativos en muchos plazos, pueden imaginarse la de bonos corporativos alemanes que va a comprar el BCE, cuál va a ser el efecto en las cuentas de resultados de las empresas y como esto tendrá que reflejarse en la valoración bursátil de las mismas.

Si hay un tejido empresarial que se beneficia de la caída del euro es el alemán, dado que es el país donde la exportación tiene un mayor peso en la economía. Y si bien es cierto que gran parte de esa exportación es intracomunitaria, a esa parte también le afecta la caída del euro. Como me explicó un empresario español del calzado, el mercado es global, el dólar sigue siendo la divisa de referencia y eso introduce matices a la idea de que la devaluación de una divisa no afecta a la exportación intracomunitaria.

Como apunté antes, hay países cuyos ciudadanos están muy endeudados y antes de gastar tienen que pagar. No es el caso alemán. Aunque si aumenta su renta disponible seguirán dedicando parte al ahorro –está en su naturaleza-, incluso un alemán aumenta su propensión al consumo cuando va “sobrado”. Si no me creen, vayan a Ibiza o a Mallorca este verano y pregunten. O la inversión, pero eso es lo que al final crea puestos de trabajo, que también afecta al consumo.

Curiosamente, el QE puede afectar en los extremos: un país muy endeudado como España no recibe un llamémosle efecto consumo como otro que esté en el otro extremo, como es Alemania. Pero si se paga menos por la hipoteca, el coche o ese viaje pagado a crédito se empieza a “levantar la cabeza”. Y en las empresas ocurre lo mismo: a más endeudadas, más se nota la bajada de costes financieros en la cuenta de resultados. Es cierto: el QE premia a los que más vivieron por encima de sus posibilidades. El que no debe nada no gana nada porque le rebajen los costes de la deuda. Y viceversa. Consecuencia: países como España también pueden ser grandes beneficiarios de la inyección monetaria masiva. Y no digamos el gobierno, que ve, aliviado, una excusa para no apretarse el cinturón y evita el consiguiente enfado de los compañeros de partido que pierden despachos y prebendas. A más deuda pública, más ahorro en la financiación de la misma y la perfecta excusa para no hacer reformas ni reducir michelines. Eso es malo para el país, claro, pero aquí hablamos de la bolsa y de los bonos, soberanos y corporativos. Y esos se benefician.

En fin, ojalá que el QE no sea utilizado en su totalidad para fines perversos económica y políticamente hablando como el que acabo de comentar y que, al menos una parte sea para que, ante el miedo electoral, el gobierno decida premiar a los trabajadores, a los empresarios y a los emprendedores con verdaderas bajadas de impuestos, y que se haga en toda Europa para que florezcan los Gunters, los Dupont, los Martínez, los Rabboni, etc. Todos son nombres imaginarios de empresarios, que es lo que de verdad necesita Europa, no políticos. Upps: no he puesto un apellido griego. Será porque tengo mis dudas de que vista la actitud y bisoñez de su gobierno vayan a estar en la Eurozona en el futuro. O que de estarlo, alguien quiera ser empresario en Grecia con un gobierno de Syriza. Si es que queda alguno.

¡Buen “finde”!

(*) “Disclaimer”

Este artículo no trata de justificar o demostrar que el QE sea bueno, malo o mediopensionista. De hecho, el autor piensa que, para que mejore la economía y para evitar la parte “mala” de la deflación –que baje la gasolina obviamente no es malo– es mucho mejor fomentar el esfuerzo, el trabajo y a los emprendedores bajando impuestos en lugar de desanimar todo lo anterior con impuestos confiscatorios y que se dedican, en gran medida, a mantener estructuras burocráticas y políticas elefantiásicas que para nada sirven a los ciudadanos. Dicho esto: el artículo está dirigido a inversores y ahorradores. En otras palabras: a ayudarles a mejorar el rendimiento de sus inversiones. Los juicios de valor se los dejamos – con todo el respeto del mundo – a tertulianos, tuiteros, periodistas o académicos. Aquí tratamos, en definitiva, de ganar dinero para nuestros clientes y lectores, que lo suyo les ha costado hacerse con un patrimonio.
Este artículo no trata de justificar o demostrar que el QE sea bueno, malo o mediopensionista. De hecho, el autor piensa que, para que mejore la economía y para evitar la parte “mala” de la deflación –que baje la gasolina obviamente no es malo– es mucho mejor fomentar el esfuerzo, el trabajo y a los emprendedores bajando impuestos en lugar de desanimar todo lo anterior con impuestos confiscatorios y que se dedican, en gran medida, a mantener estructuras burocráticas y políticas elefantiásicas que para nada sirven a los ciudadanos. Dicho esto: el artículo está dirigido a inversores y ahorradores. En otras palabras: a ayudarles a mejorar el rendimiento de sus inversiones. Los juicios de valor se los dejamos – con todo el respeto del mundo – a tertulianos, tuiteros, periodistas o académicos. Aquí tratamos, en definitiva, de ganar dinero para nuestros clientes y lectores, que lo suyo les ha costado hacerse con un patrimonio.

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