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Muchas gracias, señor Abe

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Telón de Fondo

¡Qué ironía! Tenemos un Banco Central para la eurozona y el que nos va a sacar las castañas del fuego es el Banco de Japón. No creo que ayudar a España estuviera entre las prioridades del señor Abe, primer ministro japonés, cuando decidió llevar a cabo su revolución monetaria, pero el caso es que nos va a venir de cine.

Los japoneses son muy ahorradores. Por su propio ADN y porque es una sociedad madura. Literalmente: la pirámide poblacional está invertida. Hay mucha gente mayor, ya sean jubilados o personas trabajando que han empezado a ahorrar. El problema es que sus ahorros los suelen tener en casa, y no me refiero al colchón, sino a que mayoritariamente invierten en bonos de su país. Por eso, y por su tendencia al ahorro, tienen credibilidad crediticia, pese a estar hasta el cuello de deuda pública.

En estas llega el nuevo primer ministro, el señor Abe, y dice que hasta aquí hemos llegado con la deflación y el estancamiento económico. Y procede a tomar una serie de medidas (que explico en mi artículo de la semana pasada). Entre esas medidas está la compra masiva de bonos del estado japonés, muy especialmente los de vencimiento a largo plazo. Compra masiva significa bajada de tipos de interés (*), de forma que si ahora el bono a diez años japonés ofrece una rentabilidad del 0,60%, es decir, casi nada, con esas compras el cupón será todavía más bajo. No sería de extrañar que llegara a niveles absolutamente ridículos, tipo el 0,30% o incluso menos. Y eso el diez años. Si consideramos que los plazos largos son los que ofrecen mayor rentabilidad en el mercado de deuda (**), imagínense lo que dará un bono a tres años.

La intención del señor Abe es que tanto los ciudadanos japoneses como los bancos dejen de ser tan ahorrativos y tomen un poco más de riesgo. Que los bancos presten dinero, que los emprendedores monten empresas -la financiación será baratísima–, que la gente vea que le dan tan poco por su dinero que es mejor gastárselo, al menos una parte. En fin, que se anime el cotarro, porque tener el dinero en bonos es como tenerlo en el famoso colchón, donde no da rentabilidad alguna. Y si se anima la economía se sale de la deflación, que es el objetivo final.

Pero los mercados son los mercados y resulta que mucho del ahorro de los japoneses está gestionado por inversores institucionales, fondos de inversión y planes de pensiones. Por no hablar de los propios bancos japoneses con su dinero y de los hedge funds, que operan de forma oportunista por el mundo entero. Y estamos en un mundo donde se puede comprar con igual facilidad un bono japonés que uno francés. Ante la revolución monetaria japonesa, el gestor se plantea lo siguiente: Francia tiene problemas, sí, pero no va a quebrar ni nada por el estilo. Y un bono a diez años francés me ofrece un 1,90% de cupón. Y uno holandés el 1,70%, y esos no tienen problemas (y todos los bonos del estado de los países avanzados son muy líquidos, se pueden vender cuando se quiera, no hace falta estar diez años). Es más, si hay otra consecuencia clara de las abenomics es la caída del yen, pues las medidas que va a tomar el banco de Japón van a inundar de yenes el mercado, una consecuencia buscada, aunque no se diga oficialmente, pues un yen barato ayuda a exportar y esto al crecimiento económico. Así que un 1,90% de cupón –o un 1,70%- más lo que se revalorice el euro frente al yen es una rentabilidad mucho mejor que invertir en un bono japonés, sobre todo, porque el japonés cada vez va a ofrecer menos cupón.

Obviamente, un gestor japonés no va a poner mucho dinero en otros países, sólo una pequeña parte de la cartera. Es una inversión arriesgada para sus estándares. Pero es que un poco del ahorro japonés es muchísimo dinero. Pero vayamos más allá: España no es Francia, y mucho menos Holanda, pero España está haciendo sus deberes. Bueno, los están haciendo los españoles, porque el Estado no se ha apretado el cinturón ni una muesca, pero ahí están los números que hemos alcanzado a base de pagar más impuestos, etc. Si hace un año había un riesgo cierto de que España pudiera sufrir una quita, ese riesgo ahora se ha reducido enormemente. Una cosa es que el planteamiento del gobierno de que paguen los ciudadanos en exclusiva tendrá como efecto secundario una larga y prolongada recesión, y otra que nuestras cuentas no mejoren: han mejorado y seguirán haciéndolo, aunque nos tengan que volver a apretar las tuercas. Y en España el cupón es del 4,70%. Y si hay revalorización de la divisa, eso sí que es rentabilidad para un japonés. Así que: ¿por qué no poner un 2% de la cartera en bonos españoles? Y estamos en las mismas: un 2% de la cartera de un inversor institucional japonés –o de un hedge fund– es un pastón.

Es lo que estaba necesitando la deuda pública española: una entrada de dinero significativa, no las compritas cicateras del BCE. Eso, unido a que al calor de la evolución del déficit y el proceso de reformas, ya habían empezado a comprar deuda inversores institucionales norteamericanos, británicos y suizos, lo cual había hecho caer la prima de riesgo, las compras japonesas son el espaldarazo que necesitaba nuestro mercado.

Es mucho más importante de lo que parece. Como expliqué en mi artículo “De círculo vicioso a círculo virtuoso”, a falta de un modelo de negocio que sustituya al Monopoly –que era el que teníamos antes–, las únicas salidas inmediatas de la recesión que tiene España son la devaluación interna –bajar el precio de nuestras exportaciones a base de bajarnos el sueldo y trabajar más– y bajar los impuestos para así reactivar el consumo interno. Como decía en aquel artículo, una bajada de 200 puntos básicos en la prima de riesgo nos permite ahorrar casi 3.000 millones de euros, que es lo que espera recaudar el gobierno con la subida del IVA. En otras palabras: si gracias a los japoneses conseguimos que el tipo de interés que pagamos por nuestras deudas baje hasta, por ejemplo, el 3,5%, nos ahorraríamos muchísimo dinero, que puede servir para promocionar el consumo por diversas vías.

Ya recomendé en su día la compra de deuda española. Lo pueden ver en este mismo blog en el artículo “Me apuesto una cena…” del 6 de enero de este año. Ha sido una buena recomendación. Ahora lo es más. Sin duda, los políticos europeos volverán a meter la pata. Tendremos sustos y correcciones. Pero si bien el gobierno no ha mostrado voluntad alguna para reducir el tamaño y el gasto del Estado –y no hablo de reducir el número de funcionarios, sino el de políticos, cargos de confianza, fundaciones, gastos suntuarios, patrimonio inmobiliario, duplicidades administrativas, etc.–, sí que ha mostrado firmeza a la hora de apretar las tuercas a los españoles, lo que, unido a este inesperado maná japonés, confirma la tendencia en la cotización de nuestra deuda pública: al alza.

(*) Cuando los tipos de interés del mercado bajan, sube el precio del bono. Imagínese que usted ha comprado 1.000 € en un bono a diez años a un tipo -cupón anual- del 5%. Supongamos que seis meses después ese mismo tipo de bono, el bono español a diez años, ofrece un 4% en lugar de un 5%. Obviamente, en ese momento su bono vale más, pues con el mismo nominal -1.000 euros- su bono paga un 1% más que lo que se paga en el mercado. En otras palabras, usted no vendería su bono en el mercado por 1.000 euros. Lo vendería por más. Es decir, tiene usted una plusvalía si decidiera vender. En definitiva, el valor de su bono ha subido gracias a la bajada de los tipos de interés.

(**) En los mercados se considera que cuanto mayor es el plazo, mayor también es el riesgo. En palabras sencillas, aunque no muy técnicas: en diez años pueden pasar más cosas que compliquen la recuperación de una deuda que en diez meses. A diez meses se tiene más “visibilidad” que a diez años. Por eso, normalmente —hay anomalías la curva de tipos es inclinada: más baja en los plazos cortos, más alta en los largos. 

 

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