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JP Morgan, Edison y la importancia del ‘Carácter’

JP Morgan, Edison y la importancia del ‘Carácter’

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Telón de fondo

Respondía el banquero JP Morgan a preguntas de un comité del Senado, cuando uno de los senadores le acusó de dar créditos sólo a los que no los necesitaban. Morgan le respondió que, si así fuera, no habría financiado el trabajo de Thomas Edison, cuyas investigaciones dieron lugar, entre otras cosas, a la fabricación de la bombilla tal y como la conocemos hoy en día (y mil inventos más, literalmente hablando). JP Morgan dijo que él no se basaba en el patrimonio de alguien para decidir si le daba un crédito: se fijaba en su CARÁCTER.

En la política económica y fiscal española hay valentía, pero faltan Carácter y Visión, con mayúsculas. Es curioso, porque nuestro Gobierno valiente es. Y lo digo sin ironía alguna. No es fácil para un político hacer todo lo que más molesta a sus votantes e incumplir casi todas sus promesas, así como llevar a cabo dolorosas reformas (imprescindibles para la viabilidad económica del país) y encima todo para salvar una situación heredada. Hemos mejorado, pero hemos pasado de la incompetencia alocada a la mediocridad valiente.

Mediocridad porque casi todo se arregla subiendo impuestos, y ya me dirán ustedes donde está la genialidad de ese planteamiento, por no hablar de sus efectos secundarios en el crecimiento económico y la destrucción del poder adquisitivo de las clases medias y medias-altas (con nómina) del país, motores de la demanda interna. Afortunadamente, la política económica ha pasado de alocada, imprevisora, gastadora e ignorante (de ignorar la que se venía encima) a valiente, injusta (se aprieta el cinturón solo el ciudadano, no el Estado), cortoplacista y mediocre. No se podrá decir que no hemos mejorado. Pero podemos hacerlo mucho mejor.

Porque falta algo muy importante: crear el ambiente para fomentar aquello en lo que España es o puede ser realmente competitiva. Es ridículo tratar de competir en precio con cualquier cosa que pueda fabricar un chino o un hindú. Y más con Draghi convertido en el nuevo Trichet, lo que hará que el euro se mantenga fortísimo frente a las divisas emergentes, así que vete tú a competir vía tipo de cambio. No señores, la vuelta de España a un buen puesto en la clasificación económica mundial no se puede basar en eso, ni en la devaluación interna (bajada de salarios), como única solución. Eso sólo funciona en actividades en las que compites en igualdad con otras empresas del mundo. Y menos en un país que, desgraciadamente, no basa su crecimiento en la exportación, sino en la demanda interna.

En la política económica y fiscal española hay valentía, pero faltan ‘Carácter’ y ‘Visión’, con mayúsculas. Es curioso, porque nuestro Gobierno valiente es. Y lo digo sin ironía alguna.

Para que no se diga que sólo criticamos y no proponemos soluciones, yo ya hice mi primera propuesta en “Valencia paradigma de la solución y el problema de España”. Para quien no quiera leerlo, lo resumiré en dos palabras, como diría Jesulín de Ubrique: si convencer a suecos, alemanes, holandeses, ingleses, etc., de que convirtieran España en su destino vacacional fue una idea genial que todavía hoy en día es nuestro mejor negocio, ¿por qué no poner las bases y facilidades para que ahora vengan ellos y sus empresas todo el año? Vamos, que se instalen aquí.

Estoy seguro de que cuando alguien dijo en un consejo de ministros de Franco que la solución para la economía española era la playa de Benidorm, más de uno pensó que era una broma. Pues ya ven que broma: la mayor industria del país. Aún hoy en día nos saca las castañas del fuego. Convertir España en una mezcla entre Florida y California es un objetivo realista, considerando el salto que hemos dado en infraestructuras, Internet y formación. Mi propuesta sobre cómo hacerlo la tienen en el artículo mencionado anteriormente. El problema es que hace falta mucha valentía política, liderazgo y, en definitiva, Carácter, para ponerlo en práctica (la mayoría absoluta ya la tienen).

Porque, aparte de ser el país con la mejor climatología de Europa, disponer de estupendas infraestructuras y realizando algunas mejoras (*), España tiene otros activos: el espíritu emprendedor y el ‘Carácter’. ¿No los tenían Hernán Cortés, Isabel la Católica y Amancio Ortega? ¿Y no era un emprendedor -e investigador- Isaac Peral, inventor del submarino? (aunque nadie lo sabe, porque otra cosa que hay que arreglar es que nos vendemos fatal). La lista sería interminable. Bueno, pues los mejores emprendedores, investigadores y ejecutivos de este país en lo que están pensando ahora mismo no es en ampliar actividad o negocio: lo que están es deseando irse, al menos fiscalmente, para que el 70% del dinero que genera su esfuerzo no vaya a un Estado abierta y descaradamente malgastador e impunemente corrupto (ver “¡Todos al extranjero!”). Y a eso hay que darle la vuelta si queremos ser alguien en la escena política y económica mundial.

Hay que hacer de España un paraíso fiscal de movilidad laboral y de sencillez burocrática que cautive al empresario y al emprendedor, venga de donde venga.

Crujir a impuestos al que se esfuerza, demonizar al que quiere ganar dinero/triunfa en la vida (el malvado rico), tener una burocracia que da miedo, un sistema legal ineficiente y lento, poner un impuesto específico cuando se crea –o amplia capital– en una empresa, dedicar dinero al Senado, a ERE falsos o a todo tipo de gastos innecesarios y negárselo a la formación o al I+D, etc. no es el camino. Puede que mis propuestas tampoco lo sean, pero el camino que se sigue actualmente – y que la reforma fiscal en ciernes parece que consolidará -, es ciento por cien equivocado.

Ustedes, señores Gobernantes, tienen que, además de promocionar España como imán de empresas (ver “España, centro de negocios”), ponérselo no ya fácil, sino lo siguiente, a empresarios, emprendedores e investigadores. Desde mejorar la formación, pasando porque montar una empresa sea un mero –y barato- trámite, bonificando por todos lados a la gente con Carácter (excluiría sector construcción e inmobiliario, que la cabra tira al monte y la experiencia no ha sido muy buena). En definitiva, hacer de España un paraíso fiscal de movilidad laboral y de sencillez burocrática que cautive al empresario y al emprendedor, venga de donde venga.

¿Con qué dinero? Con todo el que se roba, malgasta o emplea de forma ineficiente. El que se roba es mucho: baste sumar el importe de los casos de corrupción de los últimos años. Sería suficiente para hacernos punteros en biotecnología, por poner un ejemplo. Pero si a eso sumamos los 35.000 millones de euros que el propio gobierno dice que podrían ahorrar las administraciones públicas en gastos duplicados, suntuosos y suntuarios, tendríamos dinero de sobra para, además de promover la investigación y premiar al talento, bonificar la contratación, reducir los impuestos al empresario que reinvierte en su negocio y, porque no, su IRPF, para así premiar su esfuerzo. Las células que crearon la vida en el mundo se desarrollaron cuando el ambiente era el adecuado. Steve Jobs no inició su andadura en California por casualidad. El Estado no debe interferir más de lo necesario en la economía, pero puede y debe crear el ambiente adecuado para su desarrollo.

Y puestos a pensar que un día llega alguien con capacidad de liderazgo y se siguen ambos pasos, es decir, que España sea un imán para las mejores empresas y que el apoyo a nuestras cabezas más privilegiadas sea la norma, al cabo de unos años ambas políticas empezarían a interactuar –empresas extranjeras y talento español– y eso podría ser una máquina de crear riqueza y empleo para los que no tienen tanto talento ni son tan emprendedores, que no tienen la culpa de ello y también tienen derecho a un puesto digno en la sociedad. Yo creo que, si eso ocurriera, entraría en beneficios hasta el aeropuerto de Castellón.

¡Que pasen un estupendo fin de semana!

(*) Mejoras en educación ciudadana, limpieza, lucha contra la corrupción (ver “Doble pena, doble paga”) y mejora en el cumplimiento de las normas, que para un neoyorquino o un londinense -por ejemplo- aparcar en doble fila es aparcar en medio de la calle (y te cae un multazo), mientras que aquí a la alcaldesa –y a los vigilantes de la SER- seguro que es lo último que les preocupa, visto el desmadre existente, al menos en Madrid. Y por supuesto mejorar el conocimiento de idiomas de la población. Tampoco es tan difícil, ¿no?

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