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Japón y China, las dos caras de la moneda bursátil

Japón y China, las dos caras de la moneda bursátil

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Telón de fondo

“Beijing: tenemos un problema”. No, no es una conversación entre la nave china que llegó recientemente a la luna y su puesto de mando, no. Es lo que pensamos debieron decirle a las autoridades monetarias chinas cuando los ‘repos’ (*) a una semana se pusieron al 7,6%, cuando sólo una semana antes estaban en el 4,3%. En paralelo, el Shanghái Composite caía un 2%, mientras la noche anterior Wall Street y Eurolandia cerraban con fuertes alzas, impulsados por la noticia de que el ‘lobo’ del tapering venía ya cenado (ver ¡Que viene el tapering!)

Vayan por delante dos cuestiones clave: una, que tenemos clarísimo que a largo plazo China es una gran inversión. Si la mayor parte de este año no hemos recomendado China –ni ningún país emergente, dicho sea de paso– ha sido por razones de corto y, como mucho, medio plazo. Y segundo: cuando hablemos de Japón, a día de hoy hablamos de una especulación pura y dura. No en un sentido negativo, por supuesto. Es curioso que cuando se habla de especular con una idea o una posibilidad de algo nadie piensa mal, pero cuando se habla de ‘especular’ en bolsa… ¡Ay amigo! Eso es de malvados. Pues no. Hablamos de la definición técnica de hacer una inversión de corto o como mucho medio plazo en base a la expectativa razonable de que se produzca o no un hecho determinado. Punto pelota. No es bueno ni malo. De hecho, los ‘especuladores’ dan mucha liquidez al mercado.

Pero volvamos a los parqués chinos y a la llamada al Banco Central. Después de lo de “tenemos un problema” dirían algo como: “Motores sobrecalentados. El dinero escasea, ¿Qué hacemos?” Como sería la cosa que, además de la ortodoxa inyección inmediata de liquidez –33.000 millones de dólares, que no es poco– el Banco del Pueblo de China tomó la inusual decisión de publicitar su acción en el equivalente chino de Twitter, que se llama Weibo. Y esto sí que es poco habitual. Y obviamente buscaba calmar al mercado.

Cuando eliminamos China de nuestras carteras recomendadas, fue un insulto a la ortodoxia. Pero ya saben mi ‘mantra’: la mejor estrategia de inversión es el sentido común

Porque ante los problemas nada como mantener la calma. Pero lo cortés no quita lo valiente y, calma o no calma, en China hay problemas. Y eso no se lo salta un torero.

Cuando eliminamos China de nuestras carteras recomendadas, fue un insulto a la ortodoxia –uno más-. Pero ya saben mi ‘mantra’: la mejor estrategia de inversión es el sentido común. Si la ortodoxia y la teoría de la diversificación dicen que no puedes eliminar de las carteras a la segunda economía del mundo pero el sentido común te dice que sí, me quedo con el sentido común. Siempre me ha supuesto muchas críticas ese tipo de recomendaciones poco ortodoxas, pero en general da mejores resultados basarte en el sentido común que en la ortodoxia inflexible. De hecho, durante años la segunda economía del mundo ha sido Japón y, hasta este año, lo más inteligente ha sido evitarla. Pero por normas de diversificación, tenía que haber estado en cartera.

Sentido común es darse cuenta de que China estaba iniciando –a las claras, además– un proceso de ‘aterrizaje suave’. Si ellos mismos dicen que lo que quieren es aterrizar, no hay muchas expectativas de crecimiento ‘extra’ que descontar, ¿no? ¿Te están diciendo que mientras duren las obras quieren crecer menos y tú aún así inviertes en su bolsa? Pues no, claro.

Sentido común también es analizar las obras en curso. Como suele ocurrir con las obras –que se lo digan al Sr. Ruiz Gallardón– todas son positivas a medio y sobre todo largo plazo, pero son un agobio y, además, si son en la carretera, hay que bajar la velocidad. ¿De qué obras hablamos? Pues de eliminar el crédito en la sombra –redes privadas de crédito que distorsionan y dejan fuera de control la oferta monetaria, con terribles consecuencias para la estabilidad de precios–, pasando por reformas de primer nivel para adaptar la economía China a un nuevo tipo de crecimiento menos ‘emergente’, pasando por controlar la burbuja inmobiliaria de las grandes ciudades aplicando restricciones al crédito (eso que Solbes no hizo porque “no le parecía bien a la banca y otros sectores” (sic), declaraciones de esas que dan miedo, no por la banca en sí, sino por ver quienes pueden llegar a ‘dirigir’ tu país).

Junto con nuestra convicción de que era un año para las bolsas de las economías avanzadas –ver Back to the USA, La hora de Europa I, La hora de Europa II o ¡Banzai!, o el experimento Kuroda, si desean saber los motivos que nos llevaron a esa convicción– estaban también estas sombras chinescas. Y, aunque China no necesita dinero de nadie –es prestamista para todos-, el tapering está creando una salida general de dinero de los mercados emergentes –especialmente de los bonos– que tampoco les beneficia. Ya se sabe que el mercado va por modas y si no se llevan emergentes afecta a todos, aunque en algunos casos no se lo merezcan (al menos por ese motivo).

Este años decidimos tomar una posición especulativa en Japón. Sólo nos arrepentimos de no haber sido más agresivos, pues limitamos la recomendación a las carteras con ese apellido

Así que, en 2013 finalmente decidimos no tener China e iniciamos este con la misma postura. ¿Por qué? Por sentido común. Los problemas mencionados anteriormente siguen ahí, como demuestra el ‘subidón de fiebre’ –los repos (*)- del viernes, así que ¿por qué cambiar? Cuando veamos que van concluyendo las obras, volveremos. Que el primer ‘remimbi’ –la moneda de allí- lo gane otro.

En cambio, en este año 2013 decidimos tomar una posición especulativa en Japón (ver ¡Banzai!, o el experimento Kuroda). Sólo nos arrepentimos de no haber sido más agresivos, pues limitamos la recomendación a las carteras con ese apellido, pero hay que ser consecuente: la especulación no es ‘el coco’, pero es peligrosa –para el inversor- y por tanto debe limitarse a inversores con alta capacidad de asumir riesgos.

¿Y por qué hicimos esta recomendación? No por sentido común, sino por pura especulación, que no deja de ser una forma tan válida como cualquier otra de plantearse una inversión. Especulamos, eso sí, con fundamento. No me voy a extender, porque ese fundamento pueden encontrarlo en aquel post de  ¡Banzai!, o el experimento Kuroda, pero, en pocas palabras, pensamos que o esa hiperagresiva hoja de ruta sacaba a Japón del estancamiento y la deflación o nada lo haría. Y quien me convenció finalmente fue el gran Mark Mobius, al que, gracias a la gestora de fondos Franklin Templeton, pude preguntar directamente al respecto y me digo algo que no olvidaré: “Los americanos tardan una semana en tomar una decisión y dos años en implementarla. Los japoneses tardan dos años en tomar la decisión, pero, una vez tomada, la implementan en una semana”. Genio y figura el Sr. Mobius.

El caso es que decidimos especular con que a lo mejor funcionaba. Me dirán que es todo humo. Bueno, es posible que sí, pero en ese caso, y suponiendo que sepamos vender a tiempo, habremos ganado mucho dinero especulando con humo. Pero humo o no, de momento mantenemos la especulación en marcha. Los ‘dardos’ del ministro Abe no han llegado todavía al blanco, pero siguen en vuelo. Y algunos, como la inflación o la confianza empresarial, no van por mal camino.

Finalmente, la prueba del algodón: el análisis técnico. El análisis fundamental es quien dice cuándo comprar o vender algo –y el sentido común, por supuesto-, pero el análisis técnico dice cuándo. El análisis técnico básico, sin florituras, es el que más me gusta. Apliquémoslo primero al Hang Seng, menos manipulable que el Shanghái Composite, y luego al Nikkei.

Grafico nº 1: Indice Hang Seng desde el año 2007

Fuente: Bloomberg. Escala logarítmica.

Refleja perfectamente la pausa que se está tomando China, y la ‘losa’ que representa una mezcla de riesgo inflacionista, burbuja inmobiliaria y escasez de crédito, consecuencia de la lucha contra todo lo anterior. Esa losa se refleja en el techo que marca claramente el índice, inicialmente en (A), luego el intento fallido de B y un nuevo ataque fallido en C. Y en que este año el Hang Seng haya subido sólo un 4%, cuando el Dow Jones sube un 26% y el Nikkei un 55%.

En cuanto al aspecto gráfico de este último, el Nikkei, estamos en un momento delicado, acercándonos a un nuevo techo -línea roja– después de haber superado el anterior –línea verde-. Pero, por el momento, no pensamos en retirarnos, sino en ver qué hace al llegar allí y cómo van los datos de la economía japonesa.

Grafico nº 2: Índice Nikkei desde el año 1987

Fuente: Bloomberg. Escala logarítmica.

Hace tiempo que el Nikkei tocó fondo y rompió su línea de tendencia bajista de largo –larguísimo– plazo, que se inició en 1989. La ruptura del techo que representamos con la línea verde confirmó nuestra entrada. Ahora tenemos como siguiente objetivo un nuevo techo –representado en la línea roja- que está en los 18.248 puntos. Alcanzarlo dependerá de lo que hagan los ‘dardos’ del primer ministro Abe. Y nuestro trabajo será seguirlos de cerca para vender si se desvían hacia la nada o convertir la especulación en inversión si van directos al blanco. El tiempo dirá.

¡¡Buen fin de semana!!

(*) Operaciones con pacto de recompra sobre deuda pública. Establecen, de facto, el precio del dinero en el mercado para ese plazo.

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