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El cerdo se queda solo

El cerdo se queda solo

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Telón de Fondo

Sí, ciertamente podría referirme al “graciosillo” que creó el acrónimo “PIGS” para referirse a los países con problemas de credibilidad presupuestaria: Portugal, Irlanda, Grecia y España. Pero no es el caso (o al menos sólo tangencialmente). A lo que me refiero es que, en mi modesta opinión, los PIGS van camino de perder la S de “Spain” y el jueguecito de palabras se va a quedar en PIG a secas (y con la I de Italia, no la de Irlanda). El cerdo se ha quedado solo.

Cómo cambian las cosas. Ya lo dije en “Me apuesto una cena a que …, del 5 de enero de este año: los bonos periféricos europeos, especialmente el español, serán los productos que batirán por goleada a los depósitos. De hecho, de eso iba mi apuesta: los fondos que invierten en deuda pública periférica -especialmente aquellos que sobreponderen España- y/o la inversión directa en bonos españoles, generarán una rentabilidad claramente superior a la de los depósitos bancarios (y para que nadie me acusara de “fantasmeo”, entregué oficialmente en un medio de comunicación un sobre cerrado en cuyo interior figura el nombre del fondo elegido). Pues sólo estamos a marzo y ya tenemos el tipo de interés del bono español con vencimiento a diez años muy por debajo del 5,03%, nivel al que cotizaba el día 4 de enero -el 5 era sábado– y muy por debajo de los máximos alcanzados durante la crisis. De hecho, en el momento en que escribo estas líneas, la rentabilidad -el cupón- es del 4,8% , habiendo estado incluso por debajo en días anteriores. Dado que el precio de un bono se mueve de forma inversa a su rentabilidad (*), esto significa, hablando en plata, que quedando todavía nueve meses para acabar el año, a día de hoy, la inversión en un bono español ya iguala o supera la rentabilidad que en esas mismas fechas ofrecía la banca por dejarles depositado el dinero durante un año entero. Por cupón y por valoración. Es más, los fondos que sobreponderan deuda española ya igualan o superan esa rentabilidad. Algo me dice que la cena no la voy a pagar yo.

Se podría argumentar que no se asume el mismo nivel de riesgo en un depósito bancario que prestándole dinero al estado español. Hace años, incluso hace sólo unos meses, le habría dado toda la razón a quién así lo planteara (de hecho, quien lea mis artículos, o sea o haya sido cliente, mío sabe que llevo años recomendando evitar España en todas sus facetas, tanto bursátil como de deuda pública). Pero, como dije en el “post” de la cena, las cosas están cambiando. Ahora mismo, las probabilidades de que el estado español deje de pagar principal o intereses se han reducido casi a cero. No ha sido porque el Estado haya eliminado su grasa, no. Ni sus carísimas duplicidades. Ni su exceso de políticos. Ha sido por el esfuerzo de los ciudadanos. El estado no se ha apretado el cinturón ni una muesca. Todo ha consistido en apretarle las tuercas a los ciudadanos a base de impuestos, copagos y pérdida de beneficios sociales. Pero aunque la fórmula haya sido profundamente injusta, el resultado, que es lo que importa para este análisis, que no es ético sino financiero, es que ese esfuerzo nos ha llevado a una impresionante reducción del déficit, lo que unido al apoyo que recibimos del BCE y de la UE a cambio de “hacer los deberes” (pastón para la reestructuración bancaria incluido), permite afirmar que el tenedor de un bono español va a cobrar sus cupones del 5% -ese era el tipo del bono cuando escribí el artículo- y recuperar el principal sin ningún problema.

Un 5% frente al 2% que le va a ofrecer un banco por depositar en él su dinero y que, además, será menos todavía el año que viene, en la medida en que la banca se vea menos obligada a ser tan generosa, que si ha pagado extratipos no ha sido por generosidad, sino porque tenían el agua al cuello. El alivio que supone para sus balances el dinero de Bruselas y de Frankfurt (sede del BCE), la reducción del tamaño del sector -y por lo tanto de la competencia- y el control del BCE les hará mucho menos “generosos” con el pasivo. Y sobre eso no me juego otra cena porque la cena ya la tengo comprometida, pero sí que me apuesto una comida a que la renovación del depósito que se haga dentro de un año se efectuará a un tipo de interés incluso inferior al de hoy. Y mientras tanto, el que compró el bono seguirá cobrando su 5% tan ricamente. Y con liquidez diaria, porque no hay mercado más líquido y transparente que el de la deuda pública. Y lo dicho para el bono lo afirmo también para un fondo que centre sus inversiones en deuda pública española. Y la liquidez de un fondo de este tipo está fuera de toda duda. Liquidez diaria garantizada y el mejor tratamiento fiscal posible, por cierto.

Así que, señor graciosillo anglosajón, España abandona el “club” en el que usted., tan británicamente educado, nos había situado. Es más, empieza a percibirse en el mercado que ahora se está creando otro club de países que van perdiendo credibilidad a la vez que nosotros o los irlandeses la recuperamos, y uno de los que suenan como candidato es, precisamente, el Reino Unido. Mientras el precio de nuestro bono de referencia aumenta desde hace meses, el del Reino Unido cae. ¿Y saben quién es el otro país del que se empieza a hablar con cierta desconfianza en los mercados? Pues no es otro que la mismísima Francia. No queremos decir con esto que estemos ante una nueva crisis de credibilidad -son economías y países que han generado credibilidad durante tanto tiempo que es muy difícil cargársela-, pero ciertamente ahora tenemos un nuevo club en lo referente a las dudas sobre sus finanzas públicas: ¡los FUK! (Francia + Reino Unido, es decir, UK). Menos mal que no he incluido a Chipre -que podría, pues tiene problemas de solvencia-, porque si no me habrían censurado este artículo por utilizar expresiones malsonantes.

Bromas y rivalidades políticas aparte, en este contexto no nos parece una mala idea ponerse “largo” en el bono español (ponerse “largo” es apostar porque el activo subirá de precio) y, a la vez, ponerse “corto” en bonos ingleses y/o franceses. Este tipo de estrategias, denominadas long short son muy habituales entre los gestores de hedge funds y, de hecho, dan nombre a una de las categorías de este tipo de productos. Nosotros, más modestos, nos hemos limitado a apostar por el bono español, sea directamente, sea porque los fondos seleccionados para nuestras carteras modelo lo sobreponderen.

Así que, al final igual asistimos a una dulce venganza de siglas y de resultados en la inversión en deuda soberana: nuestros queridos franceses y británicos, nuestros rivales históricos, que al final nos ganaron en todo, están empezando a fundar un club de disminución de la credibilidad crediticia, mientras nosotros estamos en proceso de salida del “club” PIGS. ¿No dije que iba a ser un buen año? (“Feliz Año Nuevo“, 29 de diciembre de 2012). Pues ya ven.

(*) Cuando los tipos de interés del mercado bajan, sube el precio del bono. Imagínese que usted ha comprado 1.000 € en un bono a diez años a un tipo -cupón anual- del 5%. Supongamos que seis meses después ese mismo tipo de bono, el bono español a diez años, ofrece un 4% en lugar de un 5%. Obviamente, en ese momento su bono vale más, pues con el mismo nominal -1.000 €- su bono paga un 1% más que lo que se paga en el mercado. En otras palabras, usted no vendería su bono en el mercado por 1.000 €. Lo vendería por más. Es decir, tiene usted una plusvalía si decidiera vender. En definitiva, el valor de su bono ha subido gracias a la bajada de los tipos de interés.

 

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