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Cómo ganar un 5% ‘relativamente seguro’

Cómo ganar un 5% ‘relativamente seguro’

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Cotizalia - Telón de fondo

El día 8 de enero de este año, y desde estas mismas páginas (en  Me apuesto una cena a que… ), recomendaba comprar deuda pública española. No veía todavía clara la recuperación económica, pero sí la recuperación de la credibilidad crediticia de nuestro país, gracias al esfuerzo de los sufridos y resignados contribuyentes españoles (que no del Estado, por cierto).

Detrás de esa recomendación había motivos más amplios que mi confianza en que los españoles asumirían pagar cada euro de los errores de sus políticos, motivos que había ido desgranando en post anteriores. El primero era la percepción de que la actitud cicatera del BCE, unida a la política de austeridad que requería la situación de la periferia europea, tendría un efecto claramente desinflacionista. Al contrario que el resto de bancos centrales de los países desarrollados, el BCE no ha llevado a cabo medidas de estímulo monetario (QE) y, en consecuencia, y al contrario que los demás, su balance no ha crecido. De hecho, ha disminuido a medida que la banca le iba devolviendo los fondos de ayuda.

Es más: los tipos de interés son mayores en la eurozona que en Estados Unidos, cuando resulta que EEUU crece a un 2,5% anual –que sería el 3% si los políticos dejaran de dañarlo con sus luchas partidistas–, mientras que la Eurozona está estancada. En economía hay que ver los datos en su contexto, y en el contexto actual y en relación con sus iguales, se puede decir que el BCE tiene una posición claramente restrictiva. Por eso el euro está tan fuerte e incluso se ha mantenido fuerte durante ‘su’ crisis. Desde luego, por la fortaleza de su economía subyacente o la fiabilidad de sus políticos, seguro que no ha sido.

Había un motivo más para ver más posibilidades de desinflación que de inflación: el aterrizaje suave que necesitaba y en el que está inmersa China y sus consecuencias sobre el precio de las materias primas. Si el mayor comprador de materias primas del mundo desacelera su economía, el precio de las materias primas baja. Y eso, señores del BCE, es deflacionista. Y no digamos si el aterrizaje es fuerte en lugar de suave.

Pero es que no acaba ahí la cosa. Como a los políticos no se les ocurren soluciones imaginativas –yo ya hice mi pequeña aportación en España, centro de negocios  y Valencia, paradigma del problema y la solución de España –, su estrategia es que seamos competitivos en precios. Eso no es que esté mal, por supuesto, pero tiene sus limitaciones. Personalmente, pienso que sólo en aquello en lo que somos punteros –trenes de alta velocidad, construcción e infraestructuras, etc.– va a ser útil competir vía precios, pero si vamos a intentar competir con los chinos haciendo cosas que pueden hacer ellos, trabajando como ellos y cobrando lo mismo que ellos, lo llevamos claro.

Pero los asesores financieros no estamos para dar opiniones políticas o éticas, sino para ver cómo va a afectar a la economía la estrategia de nuestros gobernantes basada en bajar sueldos y subir impuestos. Pues muy sencillo: a menos sueldos y más impuestos, menos consumo. Y si baja la demanda, bajan los precios. Quitando los sectores regulados y/o privilegiados por el poder, hoy en día en España no sube precios ni el Tato, más bien al contrario. A esto es lo que los economistas llamamos “devaluación interna”, que es lo que se hace cuando no puedes devaluar la divisa porque eso ahora lo decide Alemania: “devalúas” los salarios.

Así que …

Actitud poco “estimulante” del BCE (por presión de Alemania) + Austeridad + Bajada precio materias primas + Aumento de impuestos + Devaluación interna = DESINFLACIÓN

¿Y cuál es la conclusión para el inversor? Pues que si a esta ecuación le añadimos la evidente mejora de la credibilidad crediticia de nuestro país –y no quiero decir nada si el Estado tuviera a bien unirse al esfuerzo común cumpliendo su anunciado plan de racionalización del gasto de las Administraciones– todavía se puede seguir ganando dinero invirtiendo en deuda pública española (y que ese analista despistado que ahora se sube al carro puede sacar una rentabilidad razonable para sus cariacontecidos asesorados). No va a ser ese 13,13% que ha ganado a día de hoy entre cupón y plusvalía el que compró en enero un bono español con vencimiento a diez años (ver apéndice) –y que podría vender ahora mismo, en dos minutos (no hace falta estar diez años)–, o ese ahorrador que entró en enero en un bono a cinco años y acumula una rentabilidad del 10,68%. No, eso seguro que no. Pero un 5% sí es posible. O un 3,5%, en plan más tranquilo, con el bono a cinco años. Veamos por qué.

La inflación en la zona euro está en el 1,1%, muy por debajo del objetivo del propio BCE (2%). Si consideramos la presión desinflacionista de la ecuación anterior, podemos concluir que en un año podríamos verla por debajo del 1%. Hasta los del Bundesbank, que no entienden el concepto “deflación” y los riesgos que implica, llegarán a la conclusión de que hay que llevar los tipos de interés europeos por debajo del 0,5% o, si me apuran, hacer como la Reserva Federal de Estados Unidos: dejarlos a cero.

Si continúa el proceso de desinflación, llevaría a una bajada adicional de tipos de interés oficiales y de mercado, especialmente en la periferia europea, y cuando baja el tipo de interés sube el precio del bono. Si compramos ahora mismo un bono a diez años tendríamos un cupón del 4,16%. Si acertara en mi predicción desinflacionista y de bajada de tipos obtendríamos, como mínimo, un 1% adicional de plusvalía en un año. Total, 5,16% entre cupón y plusvalía (el cupón seguro, la plusvalía sólo si se cumple mi hipótesis). Y en un activo que, a malas, podemos vender en dos minutos (el bono del Estado es el activo más líquido de España). Y si queremos un plazo más corto, que supondrá menos volatilidad, nos vamos a un cinco años y ahí hablaríamos de un cupón del 2,90%, al que si sumamos un, digamos, 0,5% de plusvalía en mi escenario base, sería un 3,4% anual.

Si usted piensa como yo, que España –bueno, los contribuyentes españoles– va a pagar sus deudas, entonces no debería renovar ese depósito bancario en su totalidad y debería plantearse que, al menos una parte de ese dinero, podría estar invertido en deuda pública española. Y más si el Estado cumpliera el llamado ‘Plan Soraya’. Eso daría un empujón adicional a la bajada de la prima de riesgo. Tengan en cuenta que hasta ahora ha bajado sólo por el esfuerzo ciudadano y por las reformas (eso sí es mérito del Gobierno, por su valentía al implementarlas). Pero si el Estado ahorrara de verdad, sería un plus para la credibilidad crediticia de nuestro país.

Y encima hay una opción que tiene un atractivo especial: la fiscalidad. Esta inversión se puede hacer también utilizando un fondo de inversión. El Fondtesoro que seleccionamos para nuestros clientes al inicio del año –y que ahora puede recomendar también el estratega despistado que se perdió la fiesta– acumula una rentabilidad del 6,75% en el año (su duración es relativamente corta, pero a cambio es un producto bastante tranquilo, por eso su rentabilidad queda lejos de la obtenida en la compra directa del bono a diez años). Suscribiendo ahora, podríamos hablar de un objetivo de rentabilidad del 3% a un año vista, si se cumple mi hipótesis.

Sin duda, ha pasado lo mejor de la fiesta de la deuda española. Quien no llegó a tiempo se ha perdido un gran negocio, pero quien se incorpore ahora está todavía a tiempo de encontrar una buena alternativa al depósito bancario. El grado de seguridad/tranquilidad obviamente es menor –el precio del bono y el del fondo oscila con el mercado–, pero es un riesgo que todavía compensa por rentabilidad.

¡Buen fin de semana!

 

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